12 de enero de 2014 - 00:07

No sólo es sobre nosotros

Hay una fuerte inclinación a responsabilizar por los conflictos en Oriente Medio al “vacío de poder” provocado por la ausencia de los Estados Unidos en la región. El autor considera que se trata más bien de un “vacío de valores”.

Cada día, los titulares del mundo árabe empeoran: un grupo afiliado a Al Qaeda, con la ayuda de combatientes extranjeros, pelea en contra de siete diferentes grupos de rebeldes sirios surgidos en el país por el control de la región en torno a Alepo, Siria.

La Embajada de Irán en Beirut es bombardeada. Mohamad Chatah, extremadamente decente ex ministro de Finanzas libanés, muere en un bombazo después de criticar las brutales tácticas de Hezbolá. Otro grupo a favor de Al Qaeda toma el control de Faluya, en Irak. Explosiones sacuden a Egipto, donde el ejército ahora está encarcelando a islamistas y activistas seculares. Libia es un caos de milicias que compiten entre sí.

¿Qué está ocurriendo? Algunos dicen que todo se debe al “vacío de poder”: Estados Unidos se ha ausentado de la región. Pero esto no sólo tiene que ver con nosotros. Hay también un enorme “vacío de valores”.

Oriente Medio es una región altamente pluralista -chiítas, sunitas, kurdos, cristianos, drusos y diversas tribus- que durante siglos fue mantenida unida desde arriba por potencias coloniales con puño de hierro, reyes y dictadores. Sin embargo, el control vertical ahora ya se vino abajo, antes de que esta pluralista región haya desarrollado un verdadero pluralismo de abajo a arriba

-una amplia ética de tolerancia- que pudiera permitirle a su gente vivir junta como ciudadanos iguales, sin un puño de hierro desde arriba.

Para que el despertar árabe tenga algún futuro, la ideología que más se necesita ahora es la que está siendo menos promovida: el pluralismo. Hasta que eso cambie, argumenta Marwan Muasher en su nuevo libro, en verdad relevante -“El segundo despertar árabe y la batalla por el pluralismo”-, ninguna de las insurrecciones árabes tendrá éxito.

Una vez más, el presidente Barack Obama pudiera haber hecho más por controlar a los dirigentes en Irak, Egipto, Arabia Saudita, Irán o Siria a fin que no llegaran a extremos. Pero, a final de cuentas, argumenta Muasher, esta es la lucha de los árabes por su futuro político. Si 500.000 tropas estadounidenses en Irak, y un billón de dólares no pudieron implantar un pluralismo perdurable en la tierra cultural allá, ningún forastero puede, dijo Muasher.

Debe también haber una voluntad desde adentro. ¿Por qué es que aproximadamente 15.000 árabes y musulmanes han llegado a Siria para pelear y morir por el yihadismo y ninguno ha llegado en tropel a Siria para pelear y morir por el pluralismo? ¿Solo se debe a que nosotros no les dimos a “los buenos” armas suficientemente grandes?

En las palabras de Muasher, ex canciller jordano y actualmente uno de los vicepresidentes del Fondo Carnegie en Washington, durante una entrevista: “Tres años de insurrección árabe han demostrado la bancarrota de la totalidad de las viejas fuerzas políticas en el mundo árabe”.

Los corruptos autócratas seculares que no lograron darles a sus jóvenes las herramientas para prosperar -y debido a ello, desataron estas insurrecciones- siguen trabados en una lucha con islamistas, quienes tampoco tienen ni la menor idea de cómo crear empleos, servicios, seguridad y crecimiento económico. (Túnez pudiera ser una excepción). “Siempre y cuando estemos en este juego de suma cero, la suma será cero”, dice Muasher.

No será posible ningún progreso sustentable, argumenta Muasher, sin que el pluralismo ético permee todos los aspectos de la sociedad árabe: pluralismo de pensamiento, pluralismo en oportunidades de género, pluralismo con respecto a otras religiones, pluralismo en educación, pluralismo hacia minorías, pluralismo de partidos políticos rotándose en el poder y pluralismo en el sentido del derecho de todos a pensar de manera diferente del colectivo.

El primer despertar árabe en el siglo XX fue una lucha por la independencia de potencias coloniales, dice Muasher. Nunca continuó como una lucha por la democracia y el pluralismo. Esa guerra de ideas, insiste él, es de lo que tiene que ser “el segundo despertar árabe”. Ni los autócratas ni los islamistas pueden generar progreso. “El pluralismo es el sistema operativo que necesitamos para resolver todos nuestros problemas, y mientras ese sistema operativo no esté en su sitio, no vamos a llegar ahí. Es una batalla interna. Dejemos de esperar que llegue del exterior”. Esto tomará tiempo.

¿Ingenuo? No. Ingenuo es pensar que todo tiene que ver con la ausencia o presencia de poder estadounidense, y que la población de la región no tiene capacidad de actuar con independencia. Eso está mal: Irak se está fragmentando porque el primer ministro Nouri al-Maliki se comportó como un miliciano chiíta, no como un Mandela iraquí. Los jóvenes árabes tomaron su futuro en sus propias manos, motivados en buena medida por impulsos pluralistas. Sin embargo, el viejo orden terminó siendo demasiado empecinado, pero incluso así estas jóvenes aspiraciones no han desaparecido, y no lo harán.

“El mundo árabe pasará por un período de agitación en el que fuerzas exclusionistas intentarán dominar el panorama con verdades absolutas y nuevas dictaduras”, escribe Muasher.

Sin embargo, “estas fuerzas también se desvanecerán porque, a fin de cuentas, los discursos autoritarios y exclusionistas no pueden responder a las necesidades de la gente de una mejor calidad de vida. Como ha demostrado la historia abrumadoramente, donde hay respeto por la diversidad, hay prosperidad.

Contrariamente a lo que gobiernos árabes les han enseñado a creer a sus sociedades a lo largo de las décadas -que la tolerancia, aceptación de diferentes puntos de vista y el pensamiento crítico son destructivos para la unidad nacional y el crecimiento económico-, la experiencia demuestra que las sociedades no pueden renovarse y por tanto prosperar, excepto mediante la diversidad”.

Muasher, quien regresará a Jordania para participar en esta lucha por diversidad, dedicó su libro a: “La juventud del mundo árabe que se alzó en revuelta, no en contra de sus padres sino en su nombre”.

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