La historia de la devoción de la Virgen de la Carrodilla nace en España, en la sierra aragonesa, donde la imagen de una virgen medieval sentada sobre una carreta, fue encontrada en el siglo XIII por unos carboneros en una cueva de la zona prepirenaica y comenzó, desde entonces, a venerarse como protectora de las tormentas. Se la nombró Virgen de la Carrocilla y con el tiempo cambió a Virgen de la Carrodilla como hoy se la conoce. Antonio Solanilla, un aragonés casado con la hija del mendocino Isaac Estrella, en una noche de temporal promete, si la granizada pasaba, traer a Mendoza una imagen de esta advocación. Así desde fines del siglo XVIII la Virgen de la Carrodilla presidió el oratorio familiar de los Solanilla Estrella donde se celebraban los oficios litúrgicos para la familia y los vecinos del lugar. Fue costumbre en el siglo XIX que después de la vendimia, los cosechadores llevaran canastos con frutos a la Virgen como agradecimiento y plegaria, para luego festejar el fin de las tareas vitícolas con guitarras y bailes en fiestas populares llamadas bodegones. Con el tiempo, la Virgen de la Carrodilla se transformó en la figura señera de los vendimiadores, razón por la que la familia Solanilla construye la actual iglesia junto a su solar. Desde su llegada a Cuyo, esta advocación siempre estuvo vinculada a los trabajadores rurales; por el peso de esta tradición, en 1937 la Virgen de la Carrodilla fue declarada “Patrona Celestial de los Viñedos” por Monseñor Verdaguer, Obispo de Mendoza y Neuquén. Un año después, presidió por primera vez la Bendición de los Frutos y desde 1940 se la incorporó a las celebraciones oficiales de la Fiesta de la Vendimia.

