Esta nota sintetiza los resultados de una investigación desarrollada junto a Pablo Llorca (**) y publicada en marzo de 2026 en la revista académica Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación, de la Universidad de Palermo.
Dos viviendas modernas de la Quinta Sección de la capital mendocina muestran cómo la arquitectura puede integrarse activamente al entorno urbano.
Esta nota sintetiza los resultados de una investigación desarrollada junto a Pablo Llorca (**) y publicada en marzo de 2026 en la revista académica Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación, de la Universidad de Palermo.
La Ciudad de Mendoza reúne un conjunto significativo de obras de arquitectura moderna que hoy resultan especialmente útiles para repensar el diseño. No es casual. Tras el terremoto de 1861, la ciudad se reconstruye bajo criterios urbanos innovadores: una red de plazas, una intensa forestación irrigada por acequias y un gran parque como pulmón verde.
Durante el siglo XX, el crecimiento urbano y la obra pública consolidan este proceso y favorecen el desarrollo de una cultura arquitectónica propia. En ese contexto surgen obras que integran con notable sensibilidad aspectos urbanos, espaciales y materiales. Lejos de ser objetos aislados, estas arquitecturas se conciben como parte activa de la ciudad.
Aquí nos detenemos en dos viviendas de la Quinta Sección: la Casa Degiorgis, proyectada por Raúl Panelo Gelly en 1957, en el encuentro de la calle Sargento Cabral y la avenida Boulogne Sur Mer (demolida en 2021), y la Casa Sardi, diseñada por Rodolfo Luis Sardi en 1978, en la intersección de las calles Sobremonte y Martínez de Rosas. Ambas abordan un mismo desafío -la esquina urbana- y lo convierten en una oportunidad proyectual. Su análisis permite abordar tres dimensiones clave: el vínculo con el entorno, la organización funcional y la materialidad.
Raúl Panelo Gelly (1914-1996), formado en Buenos Aires, se instala en Mendoza en 1942 tras ganar un concurso para integrarse a la Dirección Provincial de Arquitectura. Su trayectoria combina la producción de obra pública, la reflexión sobre la ciudad, la participación en ámbitos profesionales y la docencia.
La Casa Degiorgis, proyectada en 1957 y demolida en 2021, sigue siendo un caso elocuente para entender cómo la arquitectura moderna aborda la relación entre vivienda y ciudad. Ubicada frente al Parque General San Martín, la casa se eleva sobre un basamento que resuelve la pendiente del terreno. Esta decisión permite dominar las vistas y, al mismo tiempo, resguardar la privacidad respecto del espacio público.
La planta, en forma de “T”, distribuye con claridad las funciones. Los servicios se apoyan en la medianera, mientras que los espacios principales se abren hacia el exterior. En el centro, el estar-comedor se vincula con dos patios que median entre la casa y la ciudad. Uno de ellos, de acceso, funciona también como cochera e incorpora un mural de Luis Quesada. El otro, en esquina y ajardinado, conecta visualmente con el parque y mejora el entorno urbano inmediato. Asimismo, la vivienda aprovecha la sombra y las visuales del arbolado público.
Sus muros de ladrillo, combinados con grandes superficies vidriadas y apoyados sobre un zócalo de piedra, configuran una arquitectura coherente y ajustada al clima local. Detrás de estas decisiones hay un conocimiento profundo del territorio, nutrido tanto por la experiencia en la obra pública como por la participación de Panelo en ámbitos de planeamiento urbano.
A pocas cuadras de allí, la Casa Sardi retoma y reinterpreta muchas de estas preocupaciones. Proyectada y habitada por el propio Rodolfo Luis Sardi (n. en 1943), se construye en 1978. Sardi pertenece a la primera generación de egresados de la Universidad de Mendoza, entonces dirigida por Enrico Tedeschi, y trabaja en sus inicios con Panelo Gelly, tanto en el ámbito estatal como en la práctica privada. Posteriormente desarrolla una trayectoria independiente, influida también por referentes locales como Gerado Américo Andía (1924-2008) y Juan Carlos Rogé (m. en 2015).
La vivienda se implanta en una esquina con desnivel y recurre a una estrategia similar a la de Panelo: el uso de un basamento para ordenar la relación con el terreno. Sobre él se dispone un patio elevado y vegetado que organiza el acceso y articula los espacios principales. Los servicios, nuevamente, se ubican sobre la medianera. El estar-comedor se abre hacia las copas de los árboles y se sitúa por encima del nivel visual de peatones y vehículos. Así, logra privacidad sin perder contacto con la ciudad.
En el sector con mayor diferencia de nivel, Sardi introduce dos medios niveles: uno inferior para la cochera y otro superior para un estudio. Esta operación permite adaptar la vivienda a la topografía sin perder continuidad espacial.
El basamento de piedra —extraída del piedemonte— se prolonga en las fachadas y se retranquea en la esquina para incorporar vegetación. Sobre ese soporte se recorta un volumen blanco con el estudio que avanza hacia la línea municipal y aporta dinamismo a la composición. La vivienda combina, además, revoques blancos, estructura metálica en la cubierta y madera en interiores.
En la obra de Sardi se repite una preocupación constante: cómo suavizar la rigidez del lote urbano y construir una transición más amable con el espacio público. La esquina, lejos de ser un problema, se convierte en una oportunidad.
Ambas viviendas constituyen ejemplos de gran interés al integrar, con coherencia y precisión, múltiples dimensiones del proyecto arquitectónico: la relación con el entorno, la organización funcional, la cualificación de los espacios y su articulación, así como la resolución estructural y constructiva. En estos casos, el vínculo con el contexto adquiere un papel decisivo y orienta el conjunto de las decisiones.
Estas casas condensan estrategias valiosas para la inserción de la vivienda en la ciudad y promover una relación de mutuo beneficio entre arquitectura y entorno urbano. Lejos de imponerse como objetos autónomos, construyen ciudad.
En este sentido, junto a otras obras contemporáneas, evidencian la importancia que este enfoque tiene para los arquitectos mendocinos de la generación de Panelo y su proyección en las generaciones siguientes. La obra de Sardi, en particular, muestra cómo es posible releer esas influencias y transformarlas en propuestas renovadas.
Hoy, cuando el crecimiento urbano plantea nuevos desafíos, estas lecciones mantienen plena vigencia. Recuperarlas puede ayudar a fortalecer el diálogo entre arquitectura y ciudad y a preservar —como señalaba Panelo— la excepcionalidad del paisaje urbano mendocino.
(*) La doctora Durá Gúrpide es investigadora Conicet en el Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales (Incihusa) del Centro Científico Tecnológico Mendoza, y docente de la carrera de Arquitectura en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Cuyo.
(**) Pablo Llorca es doctor en Arquitectura y máster en Diseño Arquitectónico.
Producción y edición: Miguel Títiro - [email protected]