La Universidad de Buenos Aires (UBA), que suele tener muy buen posicionamiento a nivel internacional, es la que mejor ubicación obtiene de las de origen argentino pero también se vio afectada por el descenso. Perdió nueve puestos y pasó del lugar 390 en 2024 al 409 en la edición 2025. El descenso lo mostró sobre todo en empleabilidad e investigación.
La Universidad Nacional de La Plata es otra de las afectadas y es la segunda mejor ubicada de Argentina, perdió 20 lugares: pasó del lugar 732 al 752. También perdieron posicionamiento internacional la Universidad Nacional de Rosario (UNR), ubicada en el lugar 1.576; la Universidad Nacional del Litoral (UNL), en el lugar 1.693 y la Universidad Nacional de Mar del Plata, que quedó en el puesto 1.841.
La única de las instituciones locales que logró mejorar su ubicación fue la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), y lo hizo con un gran salto: alcanzó el puesto 819 luego de haber estado en el puesto 974 en 2024.
El problema de las universidades
“Nos sentimos tristes y preocupados por una realidad que nos atraviesa, no solamente a la Universidad Nacional de Cuyo, sino a todas las universidades argentinas y que impacta en el posicionamiento global que tienen las universidades”, sostuvo a Los Andes Teresa Damiani, Secretaria de Investigación, Internacionales y Posgrado de la UNCuyo.
Explicó que en realidad en casi todos los rankings de este tipo uno de los ítems que mayor ponderación tiene es la investigación y esto se debe a que las universidades son uno de los lugares donde se genera conocimiento por excelencia. Es un conocimiento que no responde a necesidades acotadas o de privados, por ejemplo de una empresa farmacéutica, sino que destacó que son usinas de conocimiento y de desarrollo tecnológico que motorizan el desarrollo global de los países, de las regiones, del mundo con un finalidad fundamental que es es el bienestar de la comunidad, “que cada día los seres humanos vivamos mejor y vivamos más”.
Desde el ciclo 2024 las 60 casas de estudio que hay en el país tienen serios problemas para sostenerse debido a que el presupuesto que reciben para sostenerse quedó desactualizado en un contexto altamente inflacionario, tanto en 2023 como en 2024.
En 2024, el gobierno nacional mantuvo el mismo presupuesto universitario de 2023 (aprobado a fines de 2022), pese a que la inflación de ese año alcanzó el 211,4%, la más alta del mundo. Esta decisión generó una fuerte reacción de las universidades, acompañada por amplios sectores sociales. Frente a esta presión, el gobierno otorgó un aumento del 270% en el ítem de funcionamiento, que representa el 10% del presupuesto universitario y cubre servicios básicos.
Mendoza 23 de abril de 2024 Marcha en defensa de la educación pública y contra el recorte de fondos para las universidades. Miles de mendocinos marcharon desde la UNCuyo hasta la plaza Independencia. Foto: Marcelo Rolland / Los Andes
Mendoza 23 de abril de 2024 Marcha en defensa de la educación pública y contra el recorte de fondos para las universidades. Miles de mendocinos marcharon desde la UNCuyo hasta la plaza Independencia. Foto: Marcelo Rolland / Los Andes
El 90% del presupuesto universitario, destinado a salarios, no fue actualizado, lo que generó numerosos reclamos y paros docentes. En septiembre de 2024, el Congreso aprobó una ley impulsada por el Consejo Interuniversitario (CIN) para actualizar el presupuesto por inflación, con retroactividad desde diciembre de 2023, pero el presidente Javier Milei la vetó, argumentando que afectaba el equilibrio fiscal. Para 2025, el gobierno repitió la estrategia y prorrogó el presupuesto de 2023 con ajustes mínimos. Según la Universidad Nacional de San Martín, el presupuesto actual cubre solo el 50% de lo necesario, provocando una fuerte reducción en las actividades académicas, de investigación y extensión, en un contexto de inflación del 117,8% en 2024.
La rectora de la UNCuyo, Esther Sanchez, ha expresado que han debido priorizar el funcionamiento y han paralizado o reducido otras cuestiones. Por ejemplo, han debido utilizar dinero ahorrado para obras para sostener la actividad.
En agosto del año pasado, reconocía a Los Andes que el plano de la Investigación había sufrido el cimbronazo: “Los montos de los proyectos no han podido ser incrementados hasta el momento de un modo que acompañe el impacto inflacionario”. En definitiva, dijo que se sostenía la convocatoria a proyectos y los trabajos en curso pero los montos ofrecidos estaban atrasados y eran menos tentadores.
Impacto de la parálisis del presupuesto en las universidades
“Cuando se afecta tan profundamente el sistema científico-tecnológico con un desfinanciamiento tan importante, necesariamente eso se traslada e impacta en la productividad científica, particularmente el conocimiento que tiene que comunicarse”, expresó Damiani.
Detalló que uno de los aspectos que hacen al posicionamiento de las investigaciones es la publicación en revistas científicas reconocidas a nivel internacional. Lograr publicar en ellas implica la revisión del trabajo por parte de expertos pero además tienen un alto costo que puede rondar entre u$s3.500 a 7.000.
“En un contexto de falta de financiamiento, aún cuando el conocimiento generado sea valioso, es imposible publicarlo en esas revistas que son de donde se recupera después el indicador para rankear a las universidades. Y por eso se ve el efecto masivo en todas las universidades”, destacó. Sumó que las instituciones que no llegan a rankear porque no alcanzan los niveles de calidad necesarios son más afectadas aún.
En este contexto, lo que analizan en las universidades es que es de esperarse que los indicadores sigan decreciendo a futuro.
“Lamentablemente, más allá del esfuerzo enorme que están haciendo las universidades para sostener la función sustantiva de la universidad, que es generar conocimiento, que es la investigación, se va a notar en los rankings, porque no hay financiamiento ni siquiera para la etapa final, que es la publicación. Mucho menos para el desarrollo y la generación de conocimiento”, expresó Damiani.
Pérdida de expertos
Otro aspecto a considerar es que se ha reducido drásticamente el otorgamiento de becas doctorales para investigación a lo cual la profesional agregó otro aspecto de altísimo impacto, no solo para el posicionamiento y desempeño de las universidades sino una enorme pérdida para la ciencia argentina.
Equipo de investigación. las doctoras Mariángeles Ávila y a su lado, Antonella Losinno y en el microscopio, la doctora María Elena Teresa Damiani. Foto: Gentileza UNcuyo
La reducción del presupuesto de las universidades públicas ha tenido un fuerte impacto en la investigación. Equipo de investigación. las doctoras Mariángeles Ávila y a su lado, Antonella Losinno y en el microscopio, la doctora María Elena Teresa Damiani. Foto: Gentileza UNcuyo
“Se afecta terriblemente la capacidad de producción de conocimiento cuando se pierden recursos humanos valiosísimos, porque ante la falta de horizonte y la falta de buena expectativa, la gente busca otros lugares y nuestros científicos son requeridos en todas partes del mundo. Entonces, rápidamente se reubican en los mejores institutos de Europa, de Estados Unidos, de Asia, y es talento humano que se pierde y que cuesta muchísimo formar en tiempo, en dinero y muchísimo recuperar”.
Y continuó: “Entonces, el efecto se va a ir viendo de a poco, pero hacia el futuro y va a ser cada vez más significativo (...) indefectiblemente la función de posicionamiento global de la universidad se va a ver afectada con respecto a los pares que no están transitando un escenario tan adverso”.
Agregó que es una cadena: “Para poder impartir educación de calidad tenés que generar conocimiento de calidad, y tenés que tener un plantel docente de calidad. Entonces, es todo parte de lo mismo. A lo mejor se van afectando en forma progresiva, y lo que primero se nota es aquello que demanda mayor financiamiento o mayor inversión, pero en definitiva, lo que va a suceder es que la calidad educativa va a terminar afectada”.
Para finalizar apuntó que otro punto lamentable es que el deterioro se produce rápido pero recuperar el daño luego lleva mucho tiempo y esfuerzo.
Pablo Evelson, decano de la Facultad de Farmacia de la UBA, dijo a La Nación que la situación se agrava día a día, en relación sobre todo al atraso salarial y los recortes en Ciencia y Técnica sobre el trabajo de investigación. “El problema de los salarios está haciendo que la gente más joven no pueda subsistir. Afecta a los becarios de Conicet y a los docentes de dedicación exclusiva, lo que debilita los equipos de investigación. Por otro lado, está el funcionamiento de la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, que es la responsable de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+I), la principal entidad financiadora de proyectos científicos en la Argentina, que está paralizada”, apuntó.