Un mendocino que hace dibujos animados en Japón cuenta cómo lucha ese país contra el coronavirus

Bruno Leni, un mendocino en Japón.
Bruno Leni, un mendocino en Japón.

Bruno Leni vive desde hace seis años en Tokio y asegura que, gracias a la conducta y los cuidados sanitarios de la gente, hoy vive una vida prácticamente normal en medio de la pandemia.

Ante una misma amenaza, que se expandió de manera inusitada a nivel mundial, los distintos países del globo tomaron diversas medidas para enfrentarla. Si bien todavía continúa la pandemia provocada por el Sars-Cov-2, hay algunos países ya considerados exitosos por haber logrado disminuir notablemente la cantidad de casos y, sobre todo, de muertos. Uno de ellos es Japón, que con 126 millones de habitantes, contabiliza alrededor de 70.000 contagiados y poco más de 1.000 fallecidos.

Desde el país oriental Bruno Leni (33), un mendocino que se instaló en 2014 en Tokio, analiza la situación y cuenta las decisiones que se fueron tomando, apuntadas principalmente al respeto y a la conciencia social. Es que, por ejemplo, en Japón nunca hubo cuarentena generalizada y sólo se restringieron temporalmente algunas actividades puntuales.

El joven, diseñador de animaciones estaba de visita en su provincia natal cuando se empezó a hablar del coronavirus, y cuando regresó a Japón en febrero no notó demasiados cambios. Recién en marzo salió a hablar el primer ministro de ese país, para solicitar a la población tres acciones principales: respetar la distancia social, lavarse las manos y quedarse en casa. “Y la gente cumple. Por ejemplo, si un artista se va a la montaña con los amigos o se muestra rompiendo estas reglas, la sociedad responde muy duro y pierde seguidores y fanáticos. Acá el castigo social es el peor que te pueden hacer”, remarcó.

Lo que él ha observado es que los japoneses tienen un comportamiento gregario. “Ven natural seguir a la masa y no se lo cuestionan. Lo que en situaciones de crisis funciona bien”, señaló Bruno. Aunque, reconoció, eso también trajo algunos problemas de abastecimiento. “Todos salieron a comprar y rápidamente se agotó el papel higiénico, el alcohol en gel y todos los productos de limpieza”, recordó.

En tanto, subrayó que en ese país hay medidas de distancia social y de higiene que ya están incorporadas. “No hay contacto físico, habitualmente, entre ellos. Además, siempre, al llegar a casa, se sacan los zapatos, se lavan las manos y hacen buches. No es algo que se les haya tenido que enseñar”, enumeró el mendocino.

También comentó que el uso del barbijo, previo a la pandemia, era normal. “Acá desde hace muchos años existe la cultura de la máscara, más que nada cuando la gente se enferma de gripe o lo que sea: la utilizan para no incomodar al otro”, aseguró, en tanto que precisó que es más común su uso en primavera, por el tema de las alergias.

De todas formas, en abril empezaron a subir los casos y se declaró el estado de emergencia. “Les pidieron a las compañías que mandaran a la gente a trabajar de forma remota, lo que fue un cambio muy grande para los japoneses”, recordó el diseñador.

En tanto los empleados que, por las características de sus puestos, no pudieron adaptarse, siguieron trabajando de forma presencial. Sí se prohibió la apertura de bares y de sitios de la vida nocturna, así como restaurantes o espacios cerrados, en los que se juntaba mucha gente. Lo mismo sucedió con las escuelas, que extendieron uno de los recesos que normalmente tienen.

Estas restricciones duraron entre un mes y medio y dos meses, y así Japón logró bajar la curva, aunque luego mostró una subida; pero los casos siguen siendo limitados. En tanto, las fronteras siguen bloqueadas, salvo para ciertos países con los que tienen una relación comercial habitual, “como Vietnam y Australia”, detalló el joven.

En paralelo se aplicaron medidas económicas para fortalecer el ingreso de la población. “Hubo una caída de del 7% y 8% en el sector privado. La gente está muy acostumbrada a la estabilidad, cambia un poco y se vuelven locos”, resaltó.

Por esa razón, el gobierno entregó 100.000 yenes a cada persona, el equivalente a poco menos de 1.000 dólares. “Los bebés también lo cobraron y hasta los extranjeros que se encontraban temporalmente en el país”, detalló. También se benefició a los monotributistas, que demostraron una caída del 50% en sus ingresos con un máximo del equivalente a 10.000 dólares, entre otros sectores. “Es un país de mucho consumo, la gente apenas recibe el dinero lo gasta y de esa manera sigue activa la economía”, consideró Bruno.

Más allá de todas las medidas, el mendocino asegura que su vida no cambió en ningún sentido. “Si querés hacer vida normal la podés hacer al 100%”, manifestó. En su caso, desde hace tiempo trabaja desde su hogar y sale a caminar al menos una vez por día. “Eso sí, vamos menos al supermercado para evitar exponernos y me he juntado con mis amigos sólo un par de veces”, añadió.

Cumplir un sueño

Bruno Leni dejó su Mendoza natal en 2014 con rumbo a Tokio. En un principio su idea era quedarse seis meses para aprender japonés. “Tenía la curiosidad de conocer el país. Me llamaba la atención Japón por lo diferente, también por los dibujos animados que vi desde chico”, relató. Mientras aprendía conoció a un “head hunter” (una persona que gestiona la búsqueda de puestos laborales) y este le ofreció un trabajo en una empresa japonesa de animación en 3D y videojuegos. Allí estuvo contratado por un año y luego empezó a trabajar por de manera independiente. “Más que nada trabajo en animación, haciendo dibujos animados para videojuegos, diseño de personajes en 2D o 3D”, precisó el joven. También en encargos más grandes hace las veces de productor, ya que subcontrata por internet a gente de Latinoamérica y de otros países. Así, tiene su visa como independiente, pero está obligado a demostrar que los que lo contratan son empresas japonesas. Un desafío más allá de los dibujos, es el trato con los clientes. “Hay que ser muy formal y mantener ciertos códigos”, destacó.

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