Trastornos de ansiedad invaden los consultorios de psicólogos mendocinos por el agravamiento de la crisis

Problemas para concentrarse, agobio y cansancio que limita actividades, irritabilidad e intolerancia, entre otras cosas, están a la orden del día. La necesidad de trabajar más, incertidumbre, inseguridad laboral, económica y de otro tipo, entre otras situaciones afectan la salud mental.

Los trastornos de ansiedad invaden los consultorios de los psicólogos por el agravamiento de la crisis. | Imagen ilustrativa / Web
Los trastornos de ansiedad invaden los consultorios de los psicólogos por el agravamiento de la crisis. | Imagen ilustrativa / Web

Dificultades para concentrarse, agotamiento, desgano, mal dormir, pocas ganas de reuniones, estas y otras tantas, son situaciones que viven muchas personas por estos días y que incluso surgen con frecuencia en las charlas.

La situación social y económica definitivamente pesa y, junto a otras condiciones de vida, está afectando la salud mental. La ansiedad golpea la puerta de los consultorios, y aunque quizás no se sepa de qué se trata, sus síntomas se acumulan hasta un punto que empuja a pedir ayuda. Mejor temprano que tarde, aunque generalmente sea a la inversa, acostumbrados a postergar ese cuidado, a ignorar lo que nos pasa porque hay que seguir, porque no hay tiempo o porque no hay dinero, esto también se agrava en este contexto.

En los consultorios ven cómo los últimos meses se han incrementado las consultas, en particular por trastornos de ansiedad. El psiquiatra Daniel Santiago tiene un consultorio que atiende pacientes de manera particular y tiene todos los turnos dados, no hay lugar e incluso, tiene lista de espera. De hecho, se atrevió a vaticinar que si trabajara más horas también las tendría ocupadas. Dijo que llegan unos 4 o 5 pacientes nuevos por semana y aclaró que en el mismo lugar trabajan además dos psiquiatras más.

“Hay muchísima demanda por trastorno de ansiedad, del que hay distintos tipos, pero es muy común el trastorno de ansiedad generalizado, donde hay una sumatoria de síntomas que van de a poquito dándose y justamente uno de los elementos que generaría esto es la incertidumbre de la situación socioeconómica, la cuestión de la inseguridad, es lo que yo puedo ver a nivel de consultorio”, advirtió.

Problemas para concentrarse, agobio y cansancio que limita actividades, irritabilidad e intolerancia, entre otras cosas, están a la orden del día.
Problemas para concentrarse, agobio y cansancio que limita actividades, irritabilidad e intolerancia, entre otras cosas, están a la orden del día.

Agregó que afecta a personas de distintas edades, desde adolescentes hasta adultos, pero mayormente a adultos jóvenes en edad productiva de entre 30 y 60 años.

“No sólo que hay aumento de las consultas, sino que además hay reagudización de cuadros preexistentes, es decir que personas que están diagnosticadas y en tratamiento que pueden sentir aumento de los síntomas de ansiedad”, subió la apuesta la psiquiatra, Sol Guerrero.

Se trata de algo que se ha exacerbado los últimos meses, de la mano de un mayor deterioro del contexto socioeconómico pero que se suma a un arrastre de mucho tiempo: problemas de la misma índole que venían desde antes y una pandemia que, ya en 2020, había empezado a golpear fuerte en muchos sentidos. Se ha cargado con mucho demasiado tiempo.

En noviembre del año pasado, Los Andes daba cuenta de que el impacto era visible. Los especialistas reconocían que cada vez eran más quienes apelaban a tranquilizantes para sostener el día a día. Peor aún, una buena proporción los consume sin receta médica: se trata de 14,5%, según concluyó la Encuesta Nacional sobre Consumos y Prácticas de Cuidado 2022 (ENCoPraC) que fue presentada en agosto.

El contexto, el impacto y los síntomas

En las condiciones actuales de deterioro del contexto social y económico las personas sufren un fuerte desgaste. Hay incertidumbre sobre lo que va a suceder con la economía personal y del país y la inquietud por la posibilidad de la pérdida del trabajo en un contexto en que el desempleo volvió a ganar la agenda. Noticias sobre empresas que suspenden y despiden empleados llegan con frecuencia en un escenario de estancamiento de la actividad económica. Se suma la pérdida del poder adquisitivo que obliga a estar permanentemente en la búsqueda de la supervivencia para cubrir el mes. A eso se agrega la necesidad de compensar el deterioro de los ingresos por lo que mucha gente se ha visto obligada a buscar nuevos trabajos y por lo cual está ocupada más horas, hasta haciendo malabares con el tiempo y perdiendo horas de descanso.

La pobreza que amenaza con cada punto de inflación, el desgaste y el desánimo por el arrastre de una situación agobiante desde hace meses.

“Tuve que ir al médico porque empecé a tener dificultades con mi salud, taquicardia, mucho cansancio, desánimo para hacer las cosas, problemas para concentrarme en mi trabajo, eso como parte de una situación en la que hace meses se ha complicado lo económico pero uno tiene que seguir haciendo, además tuve que buscar otro trabajo y eso me ha complicado bastante con el cuidado de mi hija y el resto de las cuestiones domésticas, así que me siento sobrepasada”, contó Andrea. Agregó que por primera vez ha tenido que apelar a algo que la ayude a sobrellevar la situación y como prefiere no tomar medicamentos ha optado por la medicina natural.

Santiago señaló que aunque hay otras cuestiones, termina saliendo lo socioeconómico como una cuestión de base. Dijo que la sintomatología es variada y son las típicas de cualquier trastorno de ansiedad. Incluyen insomnio, dificultad para conciliar el sueño o para sostenerlo, desgano, angustia, ansiedad, cambios de humor durante el día, disminución de la voluntad e irritabilidad. “También puede presentarse disminución a la tolerancia a situaciones cotidianas que antes se toleraban, como por ejemplo el ruido de los hijos, la discusión con el compañero de trabajo y hoy es una cuestión que genera enojo o molestia”, agregó.

En las condiciones actuales de deterioro del contexto social y económico las personas sufren un fuerte desgaste. Hay incertidumbre sobre lo que va a suceder con la economía personal y del país y la inquietud por la posibilidad de la pérdida del trabajo en un contexto en que el desempleo volvió a ganar la agenda.
En las condiciones actuales de deterioro del contexto social y económico las personas sufren un fuerte desgaste. Hay incertidumbre sobre lo que va a suceder con la economía personal y del país y la inquietud por la posibilidad de la pérdida del trabajo en un contexto en que el desempleo volvió a ganar la agenda.

La inestabilidad económica y el “miedo” (sostener el trabajo, llegar a fin de mes, exigencias, etcétera), hacen que las personas estén cada vez más enfocadas en su propia ‘supervivencia’. Esto activa los circuitos que desencadenan la ansiedad, pero además, hace que las personas estén cada vez menos disponibles para actividades recreativas y construcciones de espacios colectivos. Esto se traduce en aislamiento y apatía que a su vez empeora el cuadro de ansiedad”, advirtió Guerrero.

Y prosiguió en referencia a un contexto más amplio: “La sociedad es uno de los principales estresores actualmente; tanto el uso de las redes y la necesidad de respuestas automáticas, como las exigencias que esto conlleva hacen que los tiempos de espera y de tolerancia a los procesos sean casi imposibles de sostener”.

En tanto, Santiago se manifestó en relación a que la edad de los afectados es amplia y alcanza incluso a los más jóvenes. “Los adolescentes están inmersos también en esta situación de la familia y pensando en un mecanismo sistémico donde la familia funciona como un motor, cuando una parte, una pieza de ese motor se desajusta, el resto del motor deja de funcionar bien y los chicos suelen hacer síntomas y es muy común que hagan síntomas a partir de esta problemática de la familia, del papá, de la mamá”, explicó.

Problemas de concentración y voluntad

La gente también llega con problemas de concentración en el trabajo o el estudio, “dificultad como para poder meterle de cabeza”, describió el profesional. Explicó que también es muy frecuente una sensación de anhedonia, que es la falta de sensación placentera. Entonces surgen situaciones como que se proponga una actividad social, como un cumpleaños o reunión, y que cuando llegue el momento no se tenga ganas de ir, incluso hay quienes apelan a estrategias para evitarlo como apagar el teléfono. “Eso es característico, como que no queremos vincularnos, nos aislamos”, destacó.

Todas estas cuestiones son las que poco a poco hacen mella en la persona y terminan pidiendo la consulta porque no lo pueden sostener”, mencionó.

En la actualidad, los trastornos del sueño afectan a casi la mitad de la población
En la actualidad, los trastornos del sueño afectan a casi la mitad de la población

Se suman los relatos de personas que aseguran que todo cuesta, incluso hacer actividades que se disfrutan se vuelve un esfuerzo. “No sé cuántas cosas se suman pero estoy verdaderamente cansada, duermo bastante mal y poco y eso lo complica más”, afirmó Mariela. Ha tenido que buscar ingresos extra para compensar su salario que cada vez alcanza menos para cubrir lo fundamental y tener que pensar todo el tiempo en como cubrir los gastos ya de por sí le resulta desgastante.

“Lo que me pasa es que llego al fin de semana tan cansada que no tengo ganas de juntarme con nadie, es un gran esfuerzo lograrlo y por eso muchas veces estoy deseando que se cancele una reunión para no quedar mal o sugiero que se postergue, el asunto es que el resto de mis amigos estan igual entonces cuesta mucho juntarse; además empezar la semana el lunes pesa como un camión, estoy angustiada y con baja tolerancia y eso también afecta la convivencia”, relató.

Parte del problema es que justamente por la sobrecarga y quizás ya una costumbre culturalmente adquirida, se tiende postergar la atención de la salud. Con sobredemanda, agotamiento e incluso los tiempos no sobran, muchas veces se tiende a seguir aunque haya malestar o que aunque se detecte, no se disponga del tiempo o el dinero para acceder a la consulta. Si hay necesidades, más aún: la gente está abocada a resolver lo sustancial y en ese marco, la salud mental queda relegada.

“Eso es una realidad, y cuando lo registran, a veces, es cuando aparece la peor caída, porque ya no hay resiliencia o sustento como para poder sostener esto”, subrayó Santiago.

Tal cual se señaló, un punto sobre el que advierten los especialistas cuando se trata de estos temas es la tendencia a la automedicación sobre lo que hay que tener reparos: no se debe optar por lo que recomendó un conocido, que quizás acerque alguna pastillita, ni incrementar dosis de tratamientos que se estén realizando.

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