Trabaja desde niña, a los 61 años terminó la secundaria y está decidida a ser enfermera

Susana es la primera de su clase en terminar las tareas en el Centro de Alfabetización 05 del barrio La Favorita. Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes
Susana es la primera de su clase en terminar las tareas en el Centro de Alfabetización 05 del barrio La Favorita. Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes

Susana Zárate vive en La Favorita, trabajó desde los 8 años como empleada doméstica y de niña no pudo estudiar. Hoy, siendo bisabuela, se graduó como escolta e irá a la universidad.

Susana Zárate mira hacia atrás y recuerda momentos muy duros de su vida: la obligaron desde muy niña a trabajar en el servicio doméstico con cama adentro y, ya de adulta, no le fue mucho mejor cuando padeció la muerte de uno de sus cinco hijos.

Sin embargo, la pobreza que sufrió casi siempre, la necesidad de salir a trabajar a los 8 años y luego el sacrificio de educar sola a tantos niños jamás lograron torcer su sueño de convertirse, algún día, en enfermera. Así, acaba de finalizar la secundaria en el CES del barrio Andino y está decidida a iniciar la carrera en la Universidad Nacional de Cuyo.

Tanto en la primaria, realizada en el gimnasio 5 del Centro de Alfabetización 05 del barrio La Favorita, en Ciudad, como en la secundaria, fue escolta de la bandera nacional.

“Susi” nació el 4 de marzo de 1960 en el barrio San Martín, de Ciudad, en una familia numerosa y muy carenciada económicamente. Fue la mayor de 12 hermanos y su vida se desarrolló al servicio de los demás. Tenía que atender a los menores y luego ingresó cama adentro a trabajar en distintos domicilios donde solía dormir en colchones y la explotaban laboralmente.

Recién a los 14 años consiguió un trabajo mejor, aunque poco después fue mamá soltera y empezó la etapa de criar hijos. Más tarde, prematuramente se convirtió en abuela y luego en bisabuela.

“Siempre mi deseo fue, a pesar de todo, estudiar. No pude hacerlo de niña y fue una cuenta pendiente pero además siento la necesidad de que mis hijos se sientan orgullosos de mí”, reflexiona desde su casa en La Favorita.

“Es una alumna ejemplar que siempre finaliza la tarea antes que nadie. Es positiva y, como si fuera poco, suele ayudar a su hermana, que tampoco pudo estudiar”, cuenta Andrea Ramos, su maestra alfabetizadora, a quien conoció de manera virtual y hoy la apuntala para su futuro en el ingreso a Enfermería.

Andrea es consciente del desafío que implica ser docente de personas adultas -algunas adultas mayores- en tiempos de pandemia, aunque también habla de logros y gratificaciones. “Entregamos los cuadernillos con el compromiso de que deben completarlos a diario y entregarlos una vez al mes. El aislamiento no ayudó pero seguimos adelante porque sabemos la importancia que tiene este programa para estas personas”, puntualiza.

Susana, quien perdió hace unos años a su hija Paola a causa de un Accidente Cerebro Vascular (ACV), tiene otra hija que sufre discapacidad. “Fue de tanto llevarla al hospital Notti que nació mi vocación e interés por ser enfermera. Estudiar no me resulta fácil, me cuesta y el aislamiento no colaboró, pero la decisión de seguir una carrera universitaria está tomada”, advierte.

Hoy vive con dos de sus cinco hijos y una nieta. “Tengo siete nietos y tres bisnietos. Todo en mi vida se desarrolló rápidamente”, admite.

El trabajo como forma de vida

“Susi” vuelve a su infancia y cuenta que en su primer trabajo le explotó un horno en el rostro. “Eran tiempos difíciles, mi mamá no me creía y sólo quería que trabajara para llevar dinero a la casa”, recuerda.

Más tarde ingresó al domicilio de la familia Duci, dueña de la tradicional cadena de ópticas de Mendoza. “Estuve mucho mejor, pero claro, la vida igual me hizo madurar de golpe”, reflexiona.

Luego llegaron sus hijos Federico, Mónica, Paola, Catherina y María. Nunca contó con ayuda económica y los crió sola, como pudo. Hoy vive del plan Potenciar Trabajo, por el que recibe 16.000 pesos mensuales. “Nunca alcanza, pero al menos tengo menos hijos a cargo”, explica.

Hoy, su prioridad es obtener el certificado analítico para presentar en la universidad y así poder iniciar en marzo el ciclo lectivo 2022. En este proceso, Andrea, que es docente de alma, le brinda su apoyo. “La historia de Susana me conmovió por su gran espíritu de superación. El día que la conocí me habló de su deseo de progresar y de ser alguien en la vida”, evoca.

Si bien le sugirió anotarse en un terciario donde se dicta Enfermería, Susana optó por la UNCuyo. “La ayudaré con los cuadernillos y con lo que sea necesario para que pueda cumplir su sueño. Lo merece por su empeño”, agrega la docente.

El objetivo del plan es la continuidad de los adultos en las clases: el día de entrega de los cuadernillos también se otorga un paquete de leche y chocolatada para la merienda. “Ese día solemos conversar sobre distintos temas, por eso el espacio, que actualmente se mudó a un salón del barrio Los Quince, es abarcativo y representa un aliento para reafirmar tareas y que no pierdan el ritmo”, apunta Andrea.

Y concluye: “Nuestro trabajo es de hormigas, de allí la satisfacción cuando nos encontramos con historias tan conmovedoras como la de Susana”.

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