Las consultas sobre salud cardiovascular registran un crecimiento sostenido a partir de las alertas que generan los smartwatches. Estos dispositivos tienen la capacidad de detectar episodios sin síntomas y registrar incluso electrocardiogramas, aunque también pueden arrojar falsos positivos, según alertaron especialistas del Hospital Universitario Austral.
“Muchas personas reciben una alerta de pulso irregular o frecuencia cardíaca fuera del rango considerado normal y son instaladas por el propio dispositivo a consultar a un especialista y realizarse estudios”, explica el doctor Luis Barja, jefe de la Unidad de Electrofisiología y Arritmias del Hospital Universitario Austral. “Es una situación que vemos a diario en el consultorio”, asegura.
El uso de estos dispositivos va en aumento, no sólo por cuestiones de conexión y laborales, sino que muchos se inclinan por su uso justamente porque les aportan estos controles para su estado físico y de salud.
Diagnóstico temprano y falsos positivos
Frente a la inquietud sobre qué tan confiables son estas notificaciones, la medicina reconoce sus aportes. “Los smartwatches pueden detectar con bastante fidelidad patrones compatibles con fibrilación auricular, una de las arritmias más frecuentes y una de las principales causas de ACV a nivel mundial”, señala el doctor Mateo Bivort, médico de staff de la citada Unidad.
Los smartwatches y su fiabilidad: son útiles para diagnósticos tempranos, pero pueden generar falsos positivos que requieren evaluación médica.
Su utilidad resulta especialmente valiosa cuando los episodios son intermitentes o no provocan síntomas: el reloj puede advertir una alteración que, de otro modo, podría pasar inadvertida. “Se torna un aliado muy valioso como aproximación al diagnóstico temprano y en el seguimiento de nuestros pacientes”, destaca el profesional.
Pese a sus virtudes, una notificación de “ritmo irregular” o “posible fibrilación auricular” no equivale a un diagnóstico, puntualizan los especialistas. También existen falsos positivos: variaciones normales de la frecuencia cardíaca, extrasístoles, el movimiento, el ejercicio, el sudor o un mal contacto con la piel pueden confundir al algoritmo del equipo.
“Debemos evitar dos extremos: ni pensar que el reloj ‘se equivoca siempre’, ni asumir que ‘si lo dijo el reloj, tengo una enfermedad’”, subraya el doctor Juan Aboy, subjefe de la Unidad de Electrofisiología y Arritmias. Y añade: “La tecnología puede llamar la atención sobre algo que merece ser estudiado; la medicina debe determinar qué significa realmente ese hallazgo”.
¿Qué información obtiene realmente un smartwatch del corazón?
La mayoría de estos dispositivos utiliza fotopletismografía: un sensor óptico ilumina la piel y detecta las variaciones del flujo sanguíneo que se producen con cada latido. A partir de allí, calcula la frecuencia cardíaca y puede reconocer patrones de irregularidad asociados con distintas arritmias.
Algunos modelos van un paso más allá: “Incorporan electrodos y permiten realizar un electrocardiograma simple”, cuenta el doctor Aboy. En estos casos, ya no se mide indirectamente el pulso, sino que se registra la actividad eléctrica real del corazón. Los dispositivos más avanzados pueden ampliar ese registro mediante varios electrodos.
“Es extraordinariamente útil en determinadas circunstancias, pero no equivale a un electrocardiograma convencional ni reemplaza una evaluación cardiológica completa”, aclara el profesional.
El impacto de estos dispositivos no termina en la detección: también está cambiando la información con la que el paciente llega al cardiólogo. Hoy puede llevar registros de frecuencia cardíaca, trazados, horarios y duración de los episodios y, en algunos casos, electrocardiogramas almacenados en el teléfono.
“Antes había eventos que no podían confirmarse porque finalizaban casi inmediatamente”, describe Barja.
Más consultas por las alertas
El fenómeno atraviesa perfiles muy distintos: según los profesionales, a las consultas llegan jóvenes, deportistas y personas habituadas a monitorear su salud, pero también pacientes que nunca habían sospechado una arritmia y descubren, gracias al reloj, un episodio sin síntomas.
Consulta médica: ante alertas repetidas o síntomas, se recomienda consultar a un especialista para un diagnóstico certero.
Sin embargo, también reconocen que contar con ese registro, por cierto, puede incluso acortar los tiempos entre la sospecha y el tratamiento. Un ECG tomado durante los síntomas, por ejemplo, puede ser una pieza importante para el diagnóstico. El especialista lo analiza en su contexto clínico y, según el caso, recurre a un electrocardiograma convencional, un Holter de 24 horas, un monitoreo prolongado o un registrador de eventos para confirmar o descartar la arritmia. La elección depende, fundamentalmente, de la frecuencia con la que aparecen los episodios.
El valor de esos trazados puede ir incluso más lejos. Barja señala que, cuando el registro es claro, en algunas oportunidades es aceptado por obras sociales y seguros como confirmación diagnóstica para autorizar tratamientos curativos transcatéter. “Estos equipos aceleran en muchos casos los diagnósticos y las terapias intervencionistas curativas, como las ablaciones transcatéter”, destaca. El registro del reloj puede ser, así, el primer paso de un recorrido que va de la detección al diagnóstico y, eventualmente, al tratamiento.
Cuándo consultar al médico
Una alerta aislada no significa necesariamente que exista una arritmia. Pero si se repite, si el reloj registra un electrocardiograma anormal o si la persona tiene factores de riesgo cardiovascular, el hallazgo merece una consulta médica, indica el doctor Bivort. Hay situaciones, en cambio, en las que no se debe esperar: dolor u opresión en el pecho, falta de aire importante, pérdida de conocimiento, palpitaciones acompañadas de inestabilidad o síntomas neurológicos —como dificultad para hablar, pérdida de fuerza o alteraciones repentinas de la visión— requieren atención médica urgente. “No debe aguardar a que el reloj le diga qué hacer”, enfatiza el especialista.
Los relojes son apenas una parte de una transformación más amplia. “Estamos entrando en una etapa en la que el paciente va a disponer de una cantidad de información sobre su corazón que nunca tuvo antes”, observa Bivort. El desafío para los médicos, sostiene, será convertir esa enorme cantidad de datos en información clínicamente útil.
Al mismo tiempo, también avanzaron las herramientas para tratar las arritmias. Hoy la especialidad cuenta con mapeo tridimensional, ablación por radiofrecuencia, crioablación y tecnologías más recientes, como la ablación por campo pulsado. “El smartwatch puede ser el comienzo”, resume el experto: detrás de una alerta puede no haber una enfermedad, pero también puede aparecer la oportunidad de detectar anticipadamente una arritmia, diagnosticarla y, en muchos casos, tratar precozmente el problema que la origina.