12 de enero de 2026 - 10:34

Se disparó el consumo de psicofármacos: tres de cada diez mendocinos los consume sin receta

Mendoza refleja una tendencia nacional de aumento en consumos problemáticos, con mayor impacto en drogas ilícitas y un inquietante crecimiento en psicofármacos. El médico toxicólogo Sergio Saracco analiza estadísticas recientes. “No estamos perdiendo la batalla, pero necesitamos políticas sostenidas y menos estigma”.

Hay señales, discusiones públicas, hechos policiales y percepciones sociales que apuntan a lo mismo: el consumo de drogas crece y, con él, la cantidad de personas atravesadas por situaciones de dependencia. Pero más allá de la sensación social, ¿las estadísticas lo confirman? ¿Qué está pasando en Mendoza? ¿Dónde se ve con mayor fuerza? ¿Qué drogas crecen más? ¿Y por qué sigue siendo tan difícil encontrar lugares donde tratarse?

Para tener un panorama más objetivo, consultamos a Sergio Saracco, médico toxicólogo, expresidente de la Asociación Toxicológica Argentina y del Observatorio de Salud Pública y Problemáticas de Consumo de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNCuyo.

“Sí, hay un aumento… aunque no es uniforme”

—¿Hay estadísticas que indiquen aumento de problemática de adicciones en la provincia?

Saracco explica que los datos nacionales y locales coinciden: el consumo problemático viene en alza, aunque con variaciones según sustancia. La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco muestra crecimiento en drogas ilícitas en todo el país, y Mendoza se inserta en esa tendencia. En adultos, los registros indican incremento en 2025 respecto de años anteriores.

Un dato preocupante es que la edad de inicio bajó hasta los 12 años, lo que multiplica el impacto a futuro. Por otro lado, encuestas locales de 2023 a 2025 reflejan que entre 35% y 40% de la población reconoce contacto cercano con consumos problemáticos, con un pico en 2024 superior al 55%, lo que habla de mayor visibilidad y probablemente mayor incidencia.

En alcohol, el panorama es ambiguo: es la sustancia más consumida, pero políticas públicas como el aumento de controles de alcoholemia han logrado reducir la positividad en conductores. Sin embargo, el consumo sigue siendo altísimo.

Zonas críticas y sectores más golpeados

—¿Se pueden detectar departamentos o sectores con mayor aumento?

Aunque los datos no desagregan finamente por departamento, Saracco señala un patrón que se repite en todo el país:

el consumo problemático se concentra en áreas urbanas y periurbanas con mayor vulnerabilidad social, desempleo juvenil y menos acceso a prevención.

En Mendoza, menciona Las Heras, Guaymallén y Capital como lugares donde se registran más demandas de atención. Los departamentos del Gran Mendoza concentran la mayor cantidad de consultas, mientras que zonas como Rivadavia podrían estar atravesando picos, aunque aún sin estadísticas concluyentes.

La Dirección de Salud Mental de la provincia confirma que el Gran Mendoza sigue siendo la zona de mayor presión asistencial.

Cocaína, marihuana y crack: consumos en ascenso

—¿Qué consumo ha aumentado más?

Las tendencias 2023–2025 muestran que cocaína y marihuana encabezan los aumentos. La cocaína, aunque no es la más consumida, es la que más se asocia a consumos problemáticos en Mendoza, concentrándose principalmente en jóvenes y adultos jóvenes entre 21 y 38 años.

La marihuana también muestra incrementos sostenidos, con más incautaciones y mayor disponibilidad. Pero el dato que más alarma al especialista es la aparición creciente de crack (cocaína fumada), que está dañando a adolescentes desde los 15 años, con fuerte impacto social y sanitario.

Mientras tanto, alcohol y tabaco siguen siendo las sustancias más difundidas, pero su aumento no es tan marcado como el de las drogas ilícitas.

El eterno problema del tratamiento: “falta de recursos, estigma y políticas cortas”

—Quienes quieren tratarse dicen que faltan espacios consolidados. ¿Por qué es tan difícil sostenerlos?

Saracco no duda: la accesibilidad es un problema histórico y estructural.

Primero, porque los programas dependen de presupuestos estatales fluctuantes. La inflación, los recortes y la falta de continuidad política afectan su funcionamiento.

Segundo, porque la red de salud mental no siempre está integrada: cuesta coordinar salud, justicia, comunidades terapéuticas y dispositivos habitacionales.

A eso se suma el estigma: “Todavía predomina una mirada punitiva más que terapéutica”, señala. La provincia trabaja en nuevos dispositivos —como centros de desintoxicación y programas judiciales de tratamiento—, pero la implementación es lenta y la demanda supera ampliamente la oferta.

El crecimiento silencioso de las drogas “lícitas”

—¿Y qué pasa con los psicofármacos?

El especialista confirma una tendencia cada vez más visible y preocupante: crece el consumo de ansiolíticos, hipnóticos y antidepresivos.

En 2025 el aumento fue cercano al 7% a nivel nacional, con fuerte incidencia de estrés, insomnio y ansiedad. Y lo más grave: hasta un tercio se consume sin receta o sin seguimiento médico adecuado.

Clonazepam, alprazolam y sertralina están entre los fármacos más utilizados. El riesgo es doble: dependencia y naturalización del “consumo para funcionar”.

“Antes de la pastilla —advierte Saracco— deberían priorizarse higiene del sueño, terapia psicológica y abordajes integrales”.

¿Estamos perdiendo?

—Da la sensación de que estamos perdiendo la batalla. ¿Es así?

“No estamos perdiendo, pero estamos lejos de ganarla”, responde.

Los datos marcan aumentos, pero también hay avances: más incautaciones, algunas políticas preventivas efectivas, programas judiciales alternativos y mayor visibilidad del problema.

La clave, insiste, es invertir en prevención temprana, sostener políticas en el tiempo, fortalecer la red comunitaria y dejar de estigmatizar.

La batalla no está perdida, pero requiere constancia, recursos y decisiones políticas firmes.

Si hay algo claro, es que el consumo de drogas —lícitas e ilícitas— no es un fenómeno aislado, sino social, cultural, económico y sanitario. Mendoza no es excepción. Entre datos preocupantes, breves logros y desafíos enormes, la discusión ya no puede reducirse a prohibir o no prohibir, sino a construir respuestas reales para una problemática que crece y golpea cada vez más cerca.

LAS MAS LEIDAS