Repensando las Áreas Naturales Protegidas

La diversidad biológica se deteriora en todo el mundo a un ritmo sin precedentes. En los últimos años se enfatiza a nivel internacional la urgencia de tomar medidas para reducir la intensidad de la crisis ambiental y climática. Una de las herramientas más utilizada es la creación de Áreas Naturales Protegidas (ANPs).

Sendero de la Reserva de Biósfera Ñacuñán (Santa Rosa), camino hacia el mirador de esa área natural protegida. Foto: Mariana Cannizzo
Sendero de la Reserva de Biósfera Ñacuñán (Santa Rosa), camino hacia el mirador de esa área natural protegida. Foto: Mariana Cannizzo

En la actualidad a nivel mundial aproximadamente 16% de la superficie de la Tierra y 8% del mar se encuentran bajo alguna forma de área natural protegida (ANP), semejante a lo que se protege a nivel nacional.

En el caso de la provincia de Mendoza, aproximadamente 13% de su territorio se encuentra protegido por ANPs provinciales, que en su mayoría tienen poblaciones viviendo en su interior.

Las ANPs son relevantes para conservar la biodiversidad ya que se ha demostrado que la riqueza y abundancia de especies es mayor en ANPs en comparación con áreas sin protección. Estos espacios son definidos como una superficie de tierra y/o mar especialmente destinada a la protección y al mantenimiento de la diversidad biológica. Sin embargo, abordajes más integrales dan cuenta de que las ANPs son más que simples límites geográficos protegidos bajo un marco legal y que no solamente deben velar por la diversidad biológica. Además, conforman una de las herramientas de conservación que contempla, de diferentes formas, el bienestar de la humanidad. Por ello, entre otras cosas, debemos mirar los aspectos de gestión, económicos, culturales, sociales, que allí se ponen en juego.

Telar de pie de una pobladora de la Reserva Natural y Cultural Bosques Telteca (Lavalle), rodeado de un bosque de algarrobos. Foto: Mariana Cannizzo
Telar de pie de una pobladora de la Reserva Natural y Cultural Bosques Telteca (Lavalle), rodeado de un bosque de algarrobos. Foto: Mariana Cannizzo

Si hablamos de gestión, debemos pensar por ejemplo en que esos espacios deben contar con un plan de manejo, personal idóneo para abordar la compleja realidad de las ANPs, cierta infraestructura, financiamiento y participación local. Esto, entre otras cosas, es fundamental para asegurar la viabilidad de esos espacios. Si no se tienen en cuenta las múltiples dimensiones interconectadas que constituyen este rompecabezas, estamos frente a ANPs solo de papel. Al mirar estos aspectos de gestión en la provincia de Mendoza, vemos un escenario lleno desafíos, dado que menos de la mitad de sus ANPs tienen planes de manejo y cuentan con guardaparques. Además, entre sus principales problemáticas se encuentra la falta de financiamiento, de recursos humanos y de participación social. Esto último se vuelve relevante si tenemos en cuenta que, en nuestra provincia, más de la mitad de las ANPs están habitadas por familias que desarrollan la vida en esos espacios protegidos. De hecho, una reciente investigación muestra que, entre otras, dos de las ANPs más antiguas de la provincia, ilustran escenarios desafiantes para la conservación de la biodiversidad en Mendoza.

La Reserva Natural y Cultural Bosques Telteca, ubicada en el departamento de Lavalle, y la Reserva de Biósfera Ñacuñán, en el departamento de Santa Rosa, fueron creadas en el siglo pasado, con el objetivo de proteger los bosques de algarrobo (Neltuma flexuosa). Desde antes de su creación, ambas reservas tienen pobladores viviendo en su interior, quienes han utilizado y utilizan los bienes naturales protegidos para subsistir y sustentarse en un escenario plagado de vulnerabilidades. Un ejemplo de estos bienes naturales es la leña para calefaccionarse o para la cocción de alimentos y, en algunos casos, la utilización de la fauna silvestre como complemento en la alimentación. Sin embargo, en estos bosques de gran valor para la conservación, las poblaciones locales han sido invisibilizadas a lo largo de la historia de las ANPs y sus voces, así como sus medios de vida, no han sido tenidas en cuenta en las decisiones que se toman sobre estos espacios. Esto, así como la restricción en el uso de los bienes naturales, ha dado lugar a numerosas tensiones que requieren de múltiples diálogos y esfuerzos para migrar hacia formas de conservación socialmente justas.

Estos escenarios, semejantes a los que pueden existir en otras ANPs de la provincia de Mendoza, nos invitan a redoblar los esfuerzos por parte de todos los actores vinculados a la conservación de la biodiversidad, para alinearse con lo que se propone en materia de conservación a nivel internacional. Por ejemplo, las metas del último Marco Global de Biodiversidad, refuerzan la importancia de reconocer los derechos de los Pueblos Indígenas y las comunidades locales, incluidos los relacionados con el uso sostenible (en especial poblaciones que se encuentran en situaciones vulnerables y aquellas que más dependen de la diversidad biológica). Además, las diferentes metas de este marco refuerzan la importancia de lograr la participación local activa en la conservación de la biodiversidad. Esto implica promover instancias de diálogo en donde se reconozca a las poblaciones locales como una de las partes interesadas, y se compartan entre los diferentes actores, las funciones de manejo, derechos y responsabilidades.

De esta manera, es relevante pensar en las Áreas Naturales Protegidas como una valiosa herramienta para la conservación de la biodiversidad. Sin embargo, por un lado, no se puede avanzar en una genuina conservación de la biodiversidad sin reconocer los acuerdos internacionales a los cuales el país y la provincia de Mendoza adhieren. Por lo tanto, es vital asumir los compromisos necesarios para hacer frente a los problemas que afectan a la biodiversidad y al bienestar futuro de la humanidad. Además, por otro lado, se debe tener presente que el aumento de la superficie protegida en sí no es suficiente si no existe un esfuerzo colectivo real. Es decir, entre otras cosas, deben existir políticas públicas y gestiones comprometidas en abordar a las Áreas Naturales Protegidas con la complejidad que estas implican. Gestiones que se alejen de miradas obsoletas y simplificadas que dificultan la posibilidad de concebir a las ANPs como espacios de gran importancia tanto biológica como social y cultural. Miradas que dan lugar a políticas de gestión desacertadas que terminan siendo inoperantes a largo plazo.

*La autora es licenciada en Biología por la Universidad Nacional de San Juan. Doctora en Geografía por la Universidad de Buenos Aires. Actualmente se desempeña como becaria postdoctoral del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) en el Iadiza (Instituto Argentino de Investigaciones de Zonas Áridas).

Producción y edición: Miguel Títiro - mtitiro@losandes.com.ar

Bibliografía:

  • Cannizzo, M. (2023). Las Áreas Naturales Protegidas y sus habitantes: repensando encuentros y tensiones entre la conservación de la biodiversidad y los pobladores locales en dos Áreas Naturales Protegidas de Mendoza. Tesis doctoral. Universidad de Buenos Aires.
  • Cannizzo, M., Campos, C. M., y Lichtenstein, G. (2021). Protegiendo lo desprotegido: cambios y desafíos del sistema de áreas naturales protegidas de Mendoza. Boletín de Estudios Geográficos, (114), pp 53-75.
  • Campaign for nature, (s.f.). Protected Areas Have a Lot of Benefits. Here’s How to Maximize Them. https://www.campaignfornature.org/maximizing-benefits-of-protected-areas.
  • CDB (2022). Decision adopted by the Conference of the Parties to the Convention on Biological Diversity: 15.4. CBD, Montreal, Canadá. Recuperado de: cbd.int/doc/decisions/cop-15/cop-15-dec-04-en.pdf.

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