20 de febrero de 2026 - 23:05

Mito derribado: revelaron la verdadera por la que los gatos no son buenos cazadores de ratas

Aunque la creencia popular los posiciona como depredadores infalible de roedores, los felinos prefieren cazar presas más pequeñas y menos peligrosas como ratones o aves.

Estudios científicos realizados en ciudades como Nueva York y Chicago han derribado uno de los mitos más creídos de la cultura popular: la supuesta efectividad que tiene los gatos para cazar la plaga de ratas.

Las investigaciones revelan que los felinos rara vez atacan a ejemplares adultas. Por lo tanto, es un error considerarlos los encargados de "limpiar" las calles de las grandes ciudades, ya que sus intervenciones no alteran la cantidad total de roedores.

Los gatos no son cazadores de ratas

A pesar de la imagen del gato como un depredador infalible, la realidad biológica es distinta: las ratas urbanas son animales grandes (pueden superar los 400 gramos), inteligentes y con una capacidad de defensa que intimida a los gatos. Por esto, los felinos prefieren evitar el enfrentamiento y optan por cazar presas más pequeñas y menos peligrosas como ratones o aves. Su estrategia de caza (acecho, salto rápido y mordida cervical) funciona peor cuando la presa es grande, planta cara y puede responder con mordiscos.

Uno de los trabajos más citados en este ámbito se realizó en una instalación de gestión de residuos en Brooklyn, donde convivían una colonia estable de ratas y gatos callejeros. Durante un estudio de 79 días, el biólogo Michael H. Parsons registró más de 300 vídeos que revelaron una verdad sorprendente: los gatos solo intentaron cazar ratas en 20 ocasiones y solo lograron tener éxito en dos de ellas. En las imágenes queda registro de como el mito es derribado.

En lugar de ataques directos, se observó un patrón recurrente de ‘baile’ entre gato y rata, caracterizado por acechos y persecuciones donde ambos animales se evalúan mutuamente sin llegar al enfrentamiento.

Por otro lado, uno de los estudios reveló un efecto denominado "invisibilidad". Ante la presencia de un gato, las ratas no desaparecen ni mueren, sino que modifican su comportamiento volviéndose hasta cien veces menos visibles para el ojo humano. Esta reducción de la actividad superficial crea la ilusión de que el gato ha "limpiado" la zona, cuando en realidad la población de roedores permanece estable.

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