11 de mayo de 2026 - 14:37

"Mi primer saquito": diez años tejiendo abrigo para los recién nacidos de Mendoza

Un grupo de cinco mujeres confecciona cada año cientos de saquitos y mantas para bebés internados en maternidades públicas de Mendoza. Compran la lana de su bolsillo, trabajan durante meses y entregan las prendas justo antes del invierno. La iniciativa nació hace una década, cuando Susana Pascual se jubiló y decidió que quería hacer “algo útil” para los demás.

Hay gestos que parecen pequeños, casi silenciosos, pero que terminan construyendo historias enormes. Un grupo de mujeres sentadas con agujas y ovillos puede no llamar demasiado la atención. Sin embargo, detrás de cada punto tejido hay horas de trabajo, conversaciones, paciencia y una idea simple: que ningún recién nacido salga de un hospital sin abrigo.

Eso ocurre desde hace diez años con “Mi primer saquito”, un proyecto solidario mendocino que confecciona prendas para bebés recién nacidos y que, una vez más, realizó una nueva entrega en estos días al servicio de Neonatología del Hospital Perrupato, en San Martín.

Este año, la donación incluyó 50 saquitos tejidos y 20 mantas destinadas a los pequeños pacientes de este hospital. Pero detrás de esas cifras hay una década completa de trabajo sostenido.

El grupo está integrado actualmente por Estela Vela, Norma Vera, Alicia Dragonetti, Ana María García y Susana Pascual, una de las impulsoras de la iniciativa y quien recuerda con claridad el momento en que todo comenzó. “Este año cumplimos diez años de entregas”, cuenta Susana. Y enseguida retrocede en el tiempo para reconstruir el origen de la propuesta.

“Comenzamos en el Hospital Carrillo, que en ese momento tenía maternidad. Empezamos dos personas con esta inquietud y después se fueron agregando otras señoras hasta formar el grupo que somos hoy”, relata.

La idea nació poco después de su jubilación. Lejos de pensar en descansar o simplemente ocupar el tiempo libre, Susana sintió la necesidad de hacer algo que tuviera un impacto concreto. “Surgió de mí. Apenas me jubilé dije: ‘Tengo que hacer algo que sea útil, que me guste y que sirva realmente’. No quería empezar una actividad solamente para entretenerme. Yo quería devolverle un poco a la sociedad todo lo que me había brindado”, explica.

Ese impulso personal encontró rápidamente compañía. Estela Vela fue la primera en sumarse. “Apenas me vio tejiendo me preguntó qué estaba haciendo. Se interesó y empezó también”, recuerda Susana. Con el tiempo se incorporaron otras mujeres y el proyecto fue creciendo hasta convertirse en una rutina solidaria que atraviesa buena parte del año.

Actualmente confeccionan alrededor de 300 saquitos anuales, además de mantas y otras prendas para recién nacidos. Todo el trabajo es artesanal y completamente voluntario.

Las tejedoras compran la lana con dinero propio. Aunque en ocasiones han recibido algunas donaciones, aseguran que la mayor parte de los materiales sale de sus propios bolsillos. “En algún momento recibimos una o dos madejas, pero es muy poco en relación a toda la lana que usamos durante el año”, explica Susana.

La elección del material tampoco es casual. Cada prenda está pensada especialmente para bebés recién nacidos, muchos de ellos internados en neonatología.

“Son saquitos tejidos con lanas nuevas e hipoalergénicas. Cuidamos mucho que no tengan pelusas, que no piquen, que no les hagan mal a los bebés. Tratamos de pensar todo como si fuera para nuestros propios nietos”, dice.

Los detalles también forman parte del trabajo: botones nuevos, terminaciones prolijas, distintos puntos y diseños. No hay producción en serie ni automatización posible. Cada prenda pasa por varias manos y por muchas horas de dedicación.

tejido 2

La dinámica del grupo es casi permanente. Apenas realizan una entrega, comienzan a preparar la del año siguiente.

“Compramos la lana una vez al año y empezamos a tejer. Apenas hacemos las entregas, comenzamos nuevamente para el próximo invierno”, cuenta.

Las prendas son distribuidas generalmente en mayo, cuando empiezan los primeros fríos fuertes en Mendoza. Actualmente las entregas se realizan en cuatro hospitales: el Lagomaggiore, el Paroissien, el Perrupato y el Scaravelli, de Tunuyán.

Antes también colaboraban con el Hospital Carrillo, pero dejaron de hacerlo cuando la institución dejó de contar con maternidad. Este año incluso evaluaron sumar al Hospital Saporiti, de Rivadavia, aunque la incertidumbre por la continuidad de su maternidad modificó los planes.

“Teníamos pensado agregar el Saporiti, pero como están con el conflicto sobre si sigue o no la maternidad, preferimos esperar hasta que se resuelva”, explica Susana. La distribución de los saquitos se adapta a las necesidades de cada hospital. Los centros con mayor cantidad de nacimientos reciben más prendas.

“Llevamos más cantidad al Lagomaggiore y al Paroissien porque son las maternidades más grandes de Mendoza. En Tunuyán y San Martín entregamos un poco menos, pero colaboramos todos los años”, señala. No hay subsidios, estructuras formales ni financiamiento externo importante. Tampoco oficinas ni horarios. El trabajo ocurre en la cotidianeidad.

“Vamos a la peluquería y llevamos el tejido. Vamos al médico y seguimos tejiendo en la sala de espera. Estamos permanentemente atentas a esta actividad”, describe Susana.

La imagen resume bastante bien el espíritu del grupo: mujeres que incorporaron el tejido solidario a la vida diaria, transformándolo en una tarea constante.

Pero además del aporte concreto a los hospitales, el proyecto fue generando algo más profundo: vínculos. En las maternidades, aseguran, siempre fueron recibidas con agradecimiento.

“Nos reciben muy contentos y súper agradecidos. Sabemos que es un granito de arena frente a todos los gastos enormes que tiene una maternidad, pero es lo que podemos hacer y nos sentimos orgullosas”, afirma.

Con el paso de los años comenzaron también a recibir devoluciones de las familias y del personal hospitalario. Fotos de bebés usando los saquitos, mensajes y recuerdos que fueron guardando casi como un archivo afectivo de la iniciativa.

“Después que los hospitales empiezan a entregar los saquitos, nos mandan fotos de los bebés. Tenemos imágenes de ahora y también de años anteriores. Eso es lo que realmente nos llena de satisfacción”, cuenta.

La experiencia también tuvo un impacto inesperado en las propias tejedoras. Lo que comenzó como una acción solidaria terminó convirtiéndose además en un espacio de encuentro, compañía y bienestar personal.

“El hecho de estar contando vueltas, contando puntos, haciendo distintos diseños para que los saquitos sean más bonitos, también nos ayuda muchísimo a nosotras mismas”, explica Susana. La práctica del tejido, repetitiva y minuciosa, funciona además como una rutina compartida que organiza el tiempo y fortalece amistades.

Por eso, lejos de pensar en cerrar el grupo después de una década, las integrantes buscan sumar nuevas personas.

“Si a alguien le interesa incorporarse, sería muy lindo. Es algo muy satisfactorio y además nos hace muy bien”, sostiene. El grupo, aclara Susana, mantiene la misma energía del primer día.

“Todos los años es el mismo entusiasmo. Es increíble porque no bajamos la guardia ni un segundo”, dice.

Esa constancia probablemente sea uno de los rasgos más llamativos de “Mi primer saquito”. En tiempos donde muchas iniciativas solidarias aparecen de manera esporádica o dependen de campañas puntuales, ellas sostuvieron durante diez años una tarea silenciosa, regular y completamente artesanal.

Cada invierno, cientos de bebés mendocinos reciben uno de esos pequeños abrigos tejidos a mano. Muchos padres probablemente nunca lleguen a conocer personalmente a quienes los confeccionaron. Quizás sólo sepan que alguien dedicó tiempo y cuidado para preparar esa prenda. Pero justamente ahí parece estar el sentido profundo del proyecto: en la idea de acompañar uno de los momentos más sensibles de la vida sin esperar nada a cambio.

Mientras en los hospitales las mantas y los saquitos empiezan a circular entre cunas y neonatologías, las agujas ya volvieron a moverse. Porque para ellas la tarea nunca termina. Apenas entregan una tanda, empieza inmediatamente la siguiente.

CONTACTO PARA SUMARSE: 2615 05-5114 (SUSANA)

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