La situación también impacta en el servicio de neonatología, que funciona con niveles de actividad extremadamente bajos. “La neo tiene ocupación del 1 o 2%. Es decir, casi nunca hay un bebé internado”, explicó Montero.
El problema no es solo económico o de organización del sistema sanitario. Según el ministro, también puede tener consecuencias en la calidad y la seguridad de la atención.
“Las maternidades con muy bajo nivel de casuística terminan siendo riesgosas igual, porque los profesionales no tienen el training. Si nunca tienen pacientes, es más difícil responder cuando aparece una complicación”, sostuvo.
En ese contexto, desde el Ministerio consideran que mantener áreas completas con baja actividad mientras crece la demanda en otros sectores del sistema sanitario genera un desbalance.
“Hay una incongruencia en el sistema por sostener algunas áreas con camas vacías y no darle respuesta a la población en lo que nos está demandando”, dijo Montero.
Un fenómeno que se repite en toda la provincia
La situación de Rivadavia no es aislada. Según el ministro de Salud, la presión sobre el sistema por problemas vinculados a la salud mental se repite en hospitales de distintas regiones de Mendoza.
“El Saporiti es un ejemplo. Está ocupado al noventa y pico por ciento siempre en las camas de salud mental. Y nos pasa en el resto de la provincia”.
El crecimiento de la demanda obligó al Ministerio a reorganizar parte de la estructura hospitalaria en los últimos años.
Entre las medidas que se implementaron figuran la apertura de áreas específicas de internación dentro de hospitales generales, la ampliación de guardias especializadas y la creación de nuevos dispositivos de atención.
“Fuimos generando y ampliando las camas, sobre todo el primer año de gestión en los hospitales generales”, explicó Montero. Sin embargo, cada ampliación fue rápidamente absorbida por la demanda. “Nos dimos cuenta de que cada vez que abríamos camas se llenaban inmediatamente”, dijo.
Además, el ministro señaló que el sector privado tiene poco desarrollo en este tipo de servicios. “Hay un escaso desarrollo en el ámbito privado de camas de salud mental y de desintoxicación”. Por esa razón, la presión sobre el sistema público es mayor.
El desafío de ampliar la respuesta sanitaria
En los últimos años el Ministerio de Salud avanzó en la creación de distintos dispositivos vinculados a la atención de estas problemáticas. Entre ellos se encuentran centros de día, casas de medio camino y espacios para la prevención y el tratamiento de adicciones.
También se ampliaron los sistemas de atención en crisis. “Ampliamos el 148 para atender las 24 horas porque no se atendía todo el día”, indicó el ministro.
A su vez, los hospitales generales comenzaron a incorporar profesionales especializados en las guardias. “Todas las guardias de los hospitales empezamos a poner profesionales de salud mental. En algunos hospitales están 12 horas activos y 12 horas pasivos con telemedicina”.
Pese a estas medidas, la demanda sigue superando la oferta disponible. “Todo lo que hacíamos veíamos que era extremadamente insuficiente”, dijo Montero.
Adolescencia y salud mental
Uno de los aspectos que más preocupa al sistema sanitario es el aumento de casos de depresión, ansiedad y autolesiones en edades cada vez más tempranas. El ministro aseguró que se trata de una tendencia que se observa en distintos países. “En los chicos es brutal. Antes no veías chiquitos con intentos de suicidio a los 8 o 10 años”.
Según explicó, el fenómeno no puede atribuirse a una sola causa. “Es multicausal y tiene muchísimos factores”. Entre los elementos que mencionó aparecen el aumento del consumo problemático y cambios en la forma de socialización de los adolescentes.
“Todo lo que es consumo ha ido creciendo en las sociedades y hay multiconsumo”. Pero el funcionario también apuntó a transformaciones culturales vinculadas con el uso de la tecnología.
“Hay mucha más exposición a redes sociales y menos juego libre en la calle”. A su juicio, esos cambios afectan el desarrollo de habilidades sociales y emocionales. “Antes los chicos se desarrollaban más en el juego libre, donde uno toma riesgos, se equivoca, fracasa y aprende a manejar la frustración”, sostuvo.
Un problema que atraviesa a toda la sociedad
Montero dijo que la respuesta no puede limitarse al sistema sanitario. Para el funcionario, la sociedad en su conjunto debe discutir el problema y generar estrategias para abordarlo.
“Hay que poner el tema arriba de la mesa. No es solo asistencia para contener el incendio”. El ministro consideró además que es necesario cambiar la forma en que se habla de salud mental.
“Hay que ablandar el concepto y hacerlo más llano”. Según explicó, una parte importante de la población atraviesa alguna dificultad en este terreno.
“Cuando uno ve estadísticas generales, el 30 o 40% de la población tiene algún problema de salud mental, sea ansiedad, depresión u otros”. En ese sentido, consideró fundamental que las personas puedan hablar del tema sin estigmas. “Si lo asociamos siempre con trastornos graves, mucha gente no va a querer reconocer que necesita ayuda”.
El rol de las familias y el entorno
El ministro también remarcó que el acompañamiento social puede ser clave en la detección temprana de problemas.
“A veces no es el Estado o el psiquiatra. A veces es el papá que escucha, que identifica o los amigos que se dan cuenta de que alguien está atravesando un mal momento”. Para Montero, la prevención también pasa por recuperar espacios de diálogo dentro de las familias y en la vida cotidiana.
“Hay que hablar de estas cosas en la mesa de la casa”. Según sostuvo, el crecimiento de los problemas de salud mental en adolescentes exige prestar atención a señales que antes eran menos frecuentes.
“Hay indicadores de que un chico puede estar atravesando un problema, porque empieza a tener actitudes distintas”. En esos casos, el acompañamiento del entorno puede ser decisivo.
Dos tendencias que redefinen el sistema de salud
La caída de la natalidad y el crecimiento de los problemas de salud mental son procesos que avanzan en paralelo y que, según el Ministerio de Salud, ya están modificando la organización del sistema sanitario.
El hospital Saporiti aparece hoy como un ejemplo claro de ese cambio. Mientras la maternidad permanece prácticamente vacía, las camas de salud mental se mantienen ocupadas casi en su totalidad.
Para Montero, la situación obliga a replantear la forma en que se distribuyen los recursos del sistema de salud.
“Es un sinsentido tener camas vacías por un capricho y no darle respuesta a una población que lo está pidiendo”. La discusión, sin embargo, no se limita a la estructura hospitalaria.
Detrás de esos números se reflejan transformaciones sociales más profundas: familias más pequeñas, cambios en las formas de crianza y una creciente preocupación por la salud mental de los jóvenes.
“La tendencia de los últimos 10 o 15 años es alarmante”, concluyó el ministro.
En diez años, los nacimientos en Mendoza cayeron a menos de la mitad
Uno de los datos más impactantes que expuso el ministro de Salud es la fuerte caída de la natalidad en la provincia durante la última década.
Según explicó, cuando se desempeñaba como jefe de gabinete del Ministerio de Salud, alrededor de 2015, el sistema sanitario registraba unos 36.000 partos anuales. En cambio, el año pasado la cifra fue de 17.300 nacimientos. “Es menos de la mitad”, resumió Montero.
El funcionario señaló que la tendencia no es exclusiva de Mendoza ni de Argentina. “La baja en la tasa de nacimientos es una tendencia que se da en el mundo”.
En muchos países europeos el fenómeno comenzó décadas antes y actualmente se replica en gran parte de América Latina.
Según el ministro, la reducción de la natalidad no parece responder únicamente a factores económicos. “No es una cuestión de clase social. Las familias que tienen obra social bajan su tasa de natalidad igual que las que no tienen cobertura”.
Para Montero, la explicación está más vinculada a cambios culturales y decisiones personales. “Las familias son cada vez más chicas. Los que deciden tener hijos tienen menos hijos y algunos directamente eligen no tenerlos”.
La caída en los nacimientos, sumada al crecimiento de la demanda en salud mental, es uno de los factores que obliga al sistema sanitario a replantear la distribución de sus recursos y servicios en los próximos años.