19 de enero de 2026 - 07:35

Leer juntos: cuando la lectura se vuelve una experiencia colectiva

En tiempos de aislamiento simbólico, volver a reunirnos alrededor de las palabras puede ser una de las formas más sencillas y potentes de volver a encontrarnos.

Durante años, la lectura fue pensada y vivida como un acto solitario: una persona, un libro, un silencio casi sagrado. Sin embargo, en el último tiempo, diversas convocatorias reúne a lectores de todas las edades en plazas, parques, transportes públicos, bibliotecas populares y espacios culturales de distintas ciudades del país. Leer juntos, compartir textos, escuchar voces y volver a poner la lectura en el centro de la vida comunitaria.

La lectura como práctica social

La lectura nació como práctica colectiva. Antes de la imprenta y del acceso masivo a los libros, los textos circulaban a través de la voz: se leía en plazas, en conventos, en reuniones familiares. Leer era, ante todo, un acto compartido. Recién con la modernidad la lectura se volvió íntima y silenciosa.

Volver a leer juntos no es un retroceso, sino una recuperación. Diversos estudios en el campo de la alfabetización y la psicología cultural señalan que la lectura compartida fortalece el sentido de pertenencia, estimula la comprensión profunda y genera vínculos emocionales con los textos. Estas experiencias, que crecen de manera silenciosa pero sostenida, proponen algo tan simple como poderoso: leer en compañía. No se trata de clubes de lectura tradicionales ni de actividades escolares, sino de encuentros abiertos donde cada persona lleva un libro, un texto breve o simplemente ganas de escuchar. A veces se lee en voz alta; otras, cada quien lee en silencio sabiendo que no está solo.

En los encuentros de lectura en espacios abiertos, muchas personas señalan que logran concentrarse mejor que en sus casas, que se animan a textos que no elegirían solos o que recuperan el placer de leer después de años de distancia con los libros. La presencia de otros funciona como sostén y como invitación.

Leer juntos: cuando la lectura se vuelve una experiencia colectiva
Leer juntos: cuando la lectura se vuelve una experiencia colectiva

Leer juntos: cuando la lectura se vuelve una experiencia colectiva

Leer en plazas, leer en ronda

En distintas ciudades se multiplican las postales: mantas sobre el pasto, mates compartidos, libros que pasan de mano en mano. No hay edades ni requisitos. A veces se lee poesía, otras cuentos breves, crónicas o fragmentos de novelas. El tiempo se desacelera y la lectura se vuelve un gesto visible, en medio de la hiperconectividad y el ruido constante.

Estas experiencias muestran que la lectura no compite con lo digital, sino que ofrece otra forma de estar juntos. En un contexto donde la atención está fragmentada y las pantallas median muchos vínculos, leer con otros propone una pausa, una presencia compartida, un ritmo distinto.

¿Y en casa? Cómo crear un contexto lector colectivo

Reproducir este clima lector en el hogar es posible, incluso en rutinas atravesadas por el trabajo y las obligaciones. No se trata de imponer lecturas ni de “enseñar”, sino de crear condiciones.

Algunas claves:

  • Leer en el mismo espacio y al mismo tiempo. No hace falta leer lo mismo. Compartir el momento genera hábito y sentido.
  • Leer en voz alta, aunque sea unos minutos. Escuchar la voz de otro leyendo construye intimidad y deja huella, especialmente en niños y adolescentes.
  • Hablar de lo leído sin evaluar. Compartir qué gustó, qué sorprendió o qué incomodó, sin buscar respuestas correctas.
  • Dejar los libros a la vista. La disponibilidad material importa: libros en mesas, estantes bajos, mochilas.
  • Habilitar la diversidad de textos. Novelas, historietas, artículos, poemas, letras de canciones. Todo texto que invite a leer cuenta.

Cuando la lectura deja de ser una tarea individual y se convierte en una experiencia compartida, gana profundidad y permanencia. Leer juntos no solo mejora la comprensión o amplía el vocabulario: construye comunidad.

En tiempos de aislamiento simbólico, volver a reunirnos alrededor de las palabras, en una plaza o en el living de casa, puede ser una de las formas más sencillas y potentes de volver a encontrarnos. Porque, al fin y al cabo, leer siempre fue eso: una manera de estar con otros, de comunicarnos.

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