Las acequias huarpes aún perduran en el trazado de Mendoza

El ingeniero Ernesto Palacios (UNLaR) publicó el sábado pasado una nota titulada “Dónde estaban las acequias huarpes de Mendoza”. El arquitecto Jorge Ricardo Ponte, especialista en el tema, rebate algunas de sus argumentaciones al sentirse aludido.

Las acequias huarpes aún perduran en el trazado de Mendoza
Dique de la Carrodilla que funciona en el sitio elegido por los ingenieros hidráulicos incas y que sigue teniendo idénticas funciones actualmente que en el siglo XVI.

El sábado próximo pasado, en esta misma sección, el ingeniero riojano Ernesto Palacios publicó una nota de 996 palabras en la cual me alude, con nombre y apellido y, con soberbia inexplicable pretende “corregirme” señalando “presuntas” equivocaciones mías en mi libro “De los caciques del agua a la Mendoza de las acequias. Cinco siglos de acequias, zanjones y molinos” (Incihusa-Conicet, 2006. 441 pág.). Libro al que no cita en su nota y del cual sí toma mis infografías (páginas 48 y 49), que tampoco cita (aunque sean de mi propiedad intelectual y no de la suya).

Tapa del libro del arquitecto Ponte "De los caciques del agua a la Mendoza de las acequias".
Tapa del libro del arquitecto Ponte "De los caciques del agua a la Mendoza de las acequias".

Creo entender que como el ingeniero Palacios no vive en Mendoza y no conoce bien la ciudad histórica., ni su catastro parcelario, ni su historia urbana (a propósito, le recomiendo leer otro libro mío: “Mendoza, aquella Ciudad de Barro” [1987/2008] le llevan a cometer en su nota los siguientes errores, entre otros que -por espacio- evito citar.

Tapa del libro del arquitecto Ponte "Mendoza, aquella ciudad de barro".
Tapa del libro del arquitecto Ponte "Mendoza, aquella ciudad de barro".

Decir que mi interpretación del antiguo curso de la acequia Allayme por la actual calle Tiburcio Benegas-Perú (punteado en el plano) es incorrecto y en cambio afirma que lo correcto sería una línea recta en negro. En realidad, no se da cuenta que esa línea recta no es la acequia Allayme sino el trazado del FFCC San Martín (1885) que viene de sur a norte. ¿O sea? Confundió al FFCC con la acequia Allayme.

Como no sabe la historia de la evolución de las acequias en la ciudad y tampoco ha recorrido -peatonalmente- como he hecho yo, cada una de las acequias históricas que menciono, el camino antiguo de las acequias, en su dibujo (superpuesto a mi infografía) simplifica “in extremis” los cursos de agua y en su visión ¡todo es recto! Tampoco se da cuenta que la acequia “Guaimaien” (nombre que en lengua huarpe significa “tierra de ciénegas) y que citan las actas capitulares de Mendoza no es equivalente a “acequia de Goaymaye” (que era uno de los caciques menores de la comunidad huarpe. Una cosa es “Guaimaien” y otra cosa es “Goaimaye”.

Evolución de los cursos históricos de la acequia GUAIMAIEN. Infografía autoría de Jorge Ricardo Ponte.
Evolución de los cursos históricos de la acequia GUAIMAIEN. Infografía autoría de Jorge Ricardo Ponte.

Tampoco se ha dado cuenta, porque no ha leído bien mi libro, que la acequia “Guaimaien” con toma en el antiguo Confín Desagüe conservó siempre el mismo punto de toma, pero su curso histórico tuvo tres sucesivos recorridos hacia el Este, a saber: calle Lavalle de Guaymallén, calle Mitre y finalmente calle Allayme al cual el ingeniero da por único y verdadero curso y presupone “mal” que yo me equivoque al hablar históricamente de otros dos cursos más antiguos de dicha acequia más hacia el oeste.

El ingeniero cree el verso escolar de una presunta segunda fundación de la ciudad por parte del capitán Juan Jufré en 1562.

Por otra parte, tampoco se dio cuenta que el canal Zanjón, mal llamado cacique Guaymallén (desde 1951), no existía en los tiempos fundacionales (1561) sino que apareció a fines del siglo XVIII. Por lo que el presunto traslado de la ciudad de Castillo a la de Jufré (a un tiro de arcabuz 350 m en este mismo valle) no existió sino en los papeles.

Por eso, desplaza la acequia Añato de donde yo la he ubicado en mis infografías (en la Cuarta Sección) y la traslada hacia el este (en la zona de San José) para que le cierre la inexistente Ciudad de Castillo en la zona de la “Media luna”. Por eso se ve obligado, a forzar los cursos de agua para que le cierre la hipótesis equivocada de monseñor José Aníbal Verdaguer -en su “Historia de Mendoza” de 1919- e ignorar a la “acequia alta del cacique Taytanquén” y reemplazar su curso y nombre por el del cacique Añato.

En estos extravíos históricos el ingeniero Palacios ha contado con la colaboración del arqueólogo mendocino Alejandro García, investigador del Conicet, a quien conozco y de quien pienso que -de buena fe- ha compartido la autoría de este artículo. Pero de quien ignoro tenga antecedentes en arqueología hidráulica mendocina.

Se me ocurre ¡qué útil y necesario hubiera sido! -para la ciudad de La Rioja- que el ingeniero Palacios, que trabaja en el Departamento de Ciencias Exactas de la UNRioja, hubiera dedicado su tiempo y esfuerzos en investigar y construir una historia hídrica de la su ciudad y de la provincia de la Rioja, en vez de concentrar sus esfuerzos -en venir a nuestra ciudad a criticar- con ligereza y descaro y sin una trayectoria de investigación científica que lo avale, nuestras publicaciones e investigaciones de años.

Además, el ingeniero riojano publicó en 2018 un libro sobre Mendoza, que parece que no ha tenido mucha difusión y venta entre el público mendocino. Tal vez, él haya pensado que sería una buena estrategia de marketing confrontar conmigo -en el tema de las acequias huarpes de Mendoza- para ver si, de esa manera, él pudiera vender más libros suyos en Mendoza.

*El autor es arquitecto. Además es investigador del Conicet y doctor en Ciencias Sociales de la Ehess de París. Ha realizado estudios de posgrado en Florencia (Italia); ex becario Guggenheim de Nueva York (2010/11).

- La infografía que ilustra esta nota es autoría el arquitecto Jorge Ricardo Ponte.

Producción y edición: Miguel Títiro - mtitiro@losandes.com.ar

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