28 de junio de 2026 - 08:00

"La Scaboneta del 900": quién es el colectivero que hace todo para alegrarles el día a sus pasajeros

Diego Scabone es muy querido por los usuarios de la línea 900. Se preocupa porque los chicos lleguen a horario a clases, no deja a nadie abajo del micro y siempre tiene una sonrisa.

Ir a trabajar todos los días con una sonrisa en el rostro no es tarea simple; mucho menos es lograr mantenerla -y de forma genuina- durante toda la jornada laboral. Pero si, además, esa sonrisa tiene la facilidad de contagiarse a los demás, ya estamos hablando de una especie de superpoder.

De hecho, si fuese un superhéroe, ese sería el talento diferencial de Diego Scabone (44), colectivero de la línea 900 y quien, en cualquiera de sus recorridos, tiene la habilidad de lograr alegrar el día y dibujar una sonrisa hasta en el rostro más tosco e inexpresivo que uno pueda imaginar.

"Tengo bien en claro que, si no le pongo buena onda, viajar a las 7 de la mañana para ir a trabajar o ir a la escuela -y con el colectivo lleno- no es la mejor experiencia para muchos pasajeros. Y lo más probable es que no haya muchas ganas de sonreír, por lo que trato de ir con la mejor y contagiar", cuenta este verborrágico y optimista chofer, a quien le calza a la perfección aquella tradicional expresión -con voz de tía o abuela- de "¡qué personaje!".

Diego Scaboni Chofer del 900
Diego Scabone, el colectivero que hace todo para alegrarle el día a sus pasajeros del grupo 900.

Diego Scabone, el colectivero que hace todo para alegrarle el día a sus pasajeros del grupo 900.

Un distinto: "La Scaboneta del 900"

Todas las mañanas, de lunes a viernes, minutos después de las 7:20, Javier y su hija se toman el 914 o 915 en Godoy Cruz para ir juntos a la escuela de la niña. Luego él continúa con sus actividades laborales y cotidianas, hasta que se hace la hora de ir a buscar a la pequeña, algo que también hace a bordo de esta línea, correspondiente al grupo El Cacique.

"A la mañana, por lo general, no suele tocar un chofer que es híper recontra buena onda. Es un chabón piola, que conoce el nombre de todos los chicos que se suben para ir a la escuela. nos saluda a todos con simpatía, te espera un rato si ves que estás llegando a la parada y, si hay mucha gente y el colectivo viene explotado, abre la puerta de atrás para que subamos y después paguemos el pasaje. Hace de todo para no dejarte a gamba", describe este mendocino, habitué de los recorridos de Diego.

De hecho, muchos niños se acercan a saluda al chofer, chocan los 5 y hasta se despiden antes de bajarse en el destino. Hace unos días, todos y cada uno de los chicos y las chicas le deseó un "feliz Día del Padre" mientras bajaban del colectivo. Y Diego les agradeció, por supuesto, con una sonrisa en su rostro.

"Ya me conocen todos, es cierto", reconoce con una humilde sonrisa y haciéndose cargo de su fama. "¡Es como 'La Scaboneta del 900'!", agrega, casi entre carcajadas y en alusión al apodo de la Selección Argentina de fútbol comandada por Lionel Scaloni (aunque lo adapta a su apellido, Scabone).

“Lo que pasa es que, si vas a laburar y el micro vienen repleto, yo trato de hacer subir a los pasajeros por donde puedan. No puedo dejarlos tirados, yo sé que hay gente que, si no llega a tiempo añ trabajo, pierde el presentismo. Y no están las cosas como para darse ese lujo", confiesa el hombre, quien vive en La Primavera (Guaymallén).

Diego Scaboni Chofer del 900
Diego Scabone, el colectivero que hace todo para alegrarle el día a sus pasajeros del grupo 900.

Diego Scabone, el colectivero que hace todo para alegrarle el día a sus pasajeros del grupo 900.

Su horario al frente del volante del 914 o 915 no es fijo. Un día trabaja de mañana, al siguiente de tarde; y así de forma sistemática.

Cuando su turno es de mañana, el primer recorrido parte del control a las 5:40. Esos días arranca su jornada a las 4:30, siempre mate en mano, y a las 13:30 completa su último recorrido para regresar a casa. Los días de "turno tarde", en tanto, arranca a las 13 y termina su último viaje a las 22:15.

"Hace 20 años soy chofer y desde el primer día soy así, optimista. La gente me dice: ‘Gordo, ¡nunca te he visto enojado!’, y es que yo trato de hacer siempre la mía, nunca me prendo en el 'puterío', como quien dice", describe con total honestidad.

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Incluso, cuando sus recorridos son de tarde, él mismo se encarga de pedirle a sus compañeros que salen de mañana que hagan todo para que los chicos no se pierdan el colectivo y, de esa manera, puedan llegar a horario a clases.

"A mí no me va eso de tirar el micro encima de otro vehículo o actuar de forma prepotente por el solo hecho de ir en el más grande. Porque llevamos a muchas personas, la vida de mucha gente depende de nosotros. Todos los días salimos de casa sin saber si volvemos, por eso es clave trabajar responsablemente", se sincera el conductor.

Diego Scaboni Chofer del 900
Diego Scabone, el colectivero que hace todo para alegrarle el día a sus pasajeros del grupo 900.

Diego Scabone, el colectivero que hace todo para alegrarle el día a sus pasajeros del grupo 900.

El Diego de la gente

Sin importar la hora del día o el tramo que esté completando, subirse a "La Scaboneta" tiene un efecto terapéutico en los pasajeros. Porque Diego no sólo logra contagiar su sonrisa, sino que también transmite su buen ánimo general a los pasajeros.

"Mucha gente me ha dicho que tiene algo personal conmigo, pero es porque no quieren tomarse otro bondi”, cuenta, entre risas.

Scabone sabe que su trabajo implica una marcada dosis de vocación y pasión, sumado a esas energías que a uno lo llevan a ir siempre para adelante.

Diego Scaboni Chofer del 900 (3)
Diego Scabone, el colectivero que hace todo para alegrarle el día a sus pasajeros del grupo 900.

Diego Scabone, el colectivero que hace todo para alegrarle el día a sus pasajeros del grupo 900.

"No sé sería para tanto, como para decir que ojalá haya más gente como yo", se sincera, riendo, ante esa pregunta. "Si siento que sería muy bueno que la gente se pueda contagiar de la buena onda, simpatía y alegría. Yo sé que todos tenemos nuestros quilombos, nuestros problemas. Pero creo que, si uno le pone la mejor, todo sale de forma más agradable", cierra, con la sabiduría que le ha dado la experiencia y la calle.

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