La recuperación de Florencia Giménez: la caída de un caballo la hirió, pero el vaivén de otro la ayuda a sanar
La jocketa mendocina se recupera tras el accidente en el Hipódromo de Palermo, en 2023, que interrumpió su carrera en el mejor momento. En Mendoza, la equinoterapia forma parte de su nueva rutina.
"Mi accidente no logró darme miedo", avisa Florencia Giménez. | Foto: Daniel Caballero / Los Andes
El movimiento es leve. El caballo avanza al paso y el cuerpo de Florencia Giménez acompaña ese vaivén. No es una carrera, no hay largada ni tribunas, no hay fusta ni reloj. Solo hay silencio, concentración y un trabajo minucioso que se repite semana tras semana. El mismo animal que alguna vez fue sinónimo de velocidad y competencia es hoy parte de su tratamiento. El lomo que antes la impulsaba hacia la meta, ahora la ayuda a recomponer el equilibrio.
Florencia continúa su recuperación en Mendoza, después del accidente que sufrió el 17 de abril de 2023 en el Hipódromo de Palermo. Aquella tarde, la yegua “Casta y Pura” sufrió una rodada en plena carrera. La velocidad hizo el resto. La joven rodó sobre la pista y quedó tendida.
Fue asistida de inmediato. El primer parte médico, firmado por el doctor Luis Quinteros, informó que había sufrido “politraumatismos y un traumatismo craneoencefálico grave, con pérdida de conciencia”. Horas después, la actualización fue más precisa y encendió la alarma: traumatismo craneal grave con edema cerebral, múltiples fracturas cervicales y contusión pulmonar. Fue intubada y requirió asistencia ventilatoria mecánica.
Las primeras 48 horas fueron críticas. Permaneció dos meses en terapia intensiva y fue sometida a una cirugía de columna. Luego comenzó un proceso largo y sostenido de rehabilitación que se extendió por más de un año. Estuvo internada en el Centro de Rehabilitación Fleni, en Escobar, Buenos Aires. y más tarde continuó su tratamiento en la clínica San Andrés, en Mendoza.
En mayo del 2024 recibió el alta y el visto bueno médico para viajar. “El Hipódromo de Palermo comunica que Florencia Giménez ha sido dada de alta del Centro de Rehabilitación Fleni”, señalaron entonces en un comunicado oficial. Regresó a Mendoza y continuó su tratamiento en la clínica San Andrés, cerca de los suyos, con un nuevo esquema de trabajo terapéutico.
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La jocketa mendocina Florencia Giménez avanza en su recuperación tras el accidente en el Hipódromo de Palermo en 2023. (Daniel Caballero - Los Andes)
Vida de jockeys
Florencia nació en una familia atravesada por el turf. “Mi familia se compone de seis integrantes que, gracias a Dios, estamos muy unidos: mi papá, mi mamá y mis tres hermanas. Vivimos en Godoy Cruz. De parte paterna está muy relacionada al turf, ya que mi abuelo fue jockey en Mendoza y Rosario. Mi papá también fue jockey y actualmente tiene el récord de los clásicos más importantes ganados en Mendoza: cinco Vendimias y seis Patrono Santiago. Mi padrino actualmente entrena caballos de carrera. Fue el entrenador que me hizo ganar mi primera carrera en Mendoza y también en Buenos Aires”.
El vínculo con los caballos no fue una elección tardía. Creció en el ambiente de los studs y los hipódromos. Aprendió desde abajo. “Comencé en el stud de Enrique Rivamar, mi padrino, como peona. Después de un tiempo de aprendizaje, debuté como jocketa y tuve la suerte de ganar en Mendoza, incluso clásicos, y de correr carreras emblemáticas como el Vendimia y Santo Patrono”.
Su nombre empezó a circular en el ambiente. Una de sus victorias más recordadas fue en Las Estrellas del Interior, con el ejemplar En Cuestión, el día del Gran Premio Batalla, en el Hipódromo de Tucumán. Más tarde cursó formalmente la carrera en la Escuela de Jockeys de San Isidro, bajo las órdenes de Héctor Libre y Jorge Caro. Egresó en 2018.
“Llegué a ganar 60 carreras oficiales y varias extraoficiales, corriéndole a destacados entrenadores como Juan C. Etchechoury (h), Roberto Pellegatta, Juan Saldivia y Nicolás Martín Ferro, y para studs importantes como Rubio B y Juan Antonio. Mi rodada fue el 17 de abril de 2023 en Palermo y ocurrió en mi mejor momento profesional”.
Tenía 18 años cuando debutó oficialmente, el 18 de mayo de 2018, en el Hipódromo de San Isidro. Desde entonces había construido una trayectoria sostenida, con regularidad y resultados. El accidente interrumpió ese proceso en su punto más alto.
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La jocketa mendocina Florencia Giménez avanza en su recuperación tras el accidente en el Hipódromo de Palermo en 2023. (Daniel Caballero - Los Andes)
El regreso
El regreso a Mendoza no implicó el final del tratamiento, sino una nueva etapa. La rehabilitación continúa, con constancia y planificación. Combina sesiones de kinesiología, terapia ocupacional, trabajo cognitivo y, especialmente, equinoterapia.
“Estoy realizando equinoterapia en la Asociación Equinoterapia Mendoza, ubicada en Godoy Cruz, en una parte del hipódromo. El movimiento del caballo me articula el cuerpo como si estuviera caminando, y la alegría de estar nuevamente arriba de un caballo es inmensa”.
El principio terapéutico es conocido: el desplazamiento del caballo al paso reproduce patrones de movimiento similares a la marcha humana. Esa oscilación rítmica estimula músculos, articulaciones y sistemas de equilibrio. En su caso, el trabajo está supervisado por profesionales de la salud.
“Recomiendo que realicen equinoterapia, los profesionales que me acompañan y controlan, como por ejemplo mi fisiatra, me la recomiendan. En equinoterapia estoy acompañada por profesionales capacitados en salud y en el manejo de estos animales. Un terapeuta especializado en Terapias Asistidas con Caballos debe contar, además de una formación académica específica, con conocimientos sobre las necesidades emocionales y físicas de los pacientes, así como también sobre el comportamiento y manejo de los caballos”.
Y agrega: “Esta capacitación permite que las sesiones se adapten a las necesidades específicas de cada persona, asegurando la seguridad y maximizando los beneficios terapéuticos. La colaboración entre terapeutas, psicólogas, kinesiólogos y personas con experiencia en caballos es esencial para que la terapia sea efectiva y segura”.
La paradoja no le pasa desapercibida. “Exacto, es un caso muy especial. Hoy en día sigo muy agradecida a los caballos, ya que me ayudan muchísimo en mi rehabilitación. Realizo equinoterapia, la cual está aceptada y recomendada por profesionales, porque me ayuda a fortalecer el equilibrio y mejorar mi postura”.
El accidente no alteró su vínculo con los animales ni su decisión de seguir ligada al turf. “Si, todos los días agradezco que mi vida siga ligada a los caballos. Mi accidente no logró darme miedo. Y para mí no es una simple afinidad: nací con esta pasión por los caballos”.
En su relato no hay ruptura. “Gracias a ellos, mi papá pudo darme estudios, me permitieron conocer amigos y me abrieron muchas puertas. Al subirme a un caballo siento una adrenalina única, y no puedo explicar la alegría que me generan”.
Tampoco hubo arrepentimiento. “El accidente no me provocó arrepentimiento de montar, porque todos los jockeys somos conscientes del peligro que puede existir. Estamos ejerciendo un deporte de alto riesgo”.
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La jocketa mendocina Florencia Giménez avanza en su recuperación tras el accidente en el Hipódromo de Palermo en 2023. (Daniel Caballero - Los Andes)
Un día a la vez
Sus días se organizan en función de la rehabilitación. “Tengo días variados: algunas mañanas voy al hipódromo, otras voy a rehabilitación. Algunas tardes voy a equinoterapia y al hipódromo, al stud donde se encuentra mi caballo, y otras me quedo en casa porque vienen mis kinesiólogas particulares”.
Además de las terapias, cumple un rol que la mantiene cerca del ambiente: es cuidadora. “Por el momento estoy cuidando un solo caballo que me regalaron, y lo hago como hobby para seguir ligada a la actividad en la actualidad”.
El contacto cotidiano, la rutina del stud, el cepillado, la preparación, forman parte de un proceso que va más allá de lo físico. Mantener el vínculo con ese mundo también es una forma de sostener la identidad.
Más de un año atrás, cuando ingresó a la clínica neurológica en Buenos Aires, la situación era distinta. “Al principio, trabajar conmigo era muy difícil ya que tenía la mitad del cuerpo inmóvil y no podía hablar. Los profesionales hicieron un enorme esfuerzo”, recuerda.
El avance fue progresivo. Primero abrir los ojos. Después hacer señas con las manos. Más tarde recuperar la voz, la movilidad parcial, el control postural. Cada logro fue parte de un camino que todavía continúa.
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La jocketa mendocina Florencia Giménez avanza en su recuperación tras el accidente en el Hipódromo de Palermo en 2023. (Daniel Caballero - Los Andes)
Volver
La pregunta sobre el regreso a la competencia no es nueva. Ella la escucha con frecuencia y no la esquiva. “Está en todas mis esperanzas y expectativas, pero es un proceso muy largo y complicado”.
El objetivo inmediato no es una carrera, sino algo más básico. “Mi sueño es volver a caminar e independizarme. Sé que Dios siempre tiene la última palabra. Y mi objetivo es volver a competir”.
Entre una meta y otra hay tiempo, trabajo y paciencia. La rehabilitación neurológica no tiene plazos exactos. Se construye sobre la repetición, la constancia y la adaptación. Cada sesión suma.
El mensaje que quiere transmitir no se limita al turf. “La incapacidad no define quiénes somos. Lo que nos define es la fuerza que tenemos para seguir adelante cada día. No son nuestros límites, sino la valentía que demostramos. Somos la prueba viva de que el espíritu puede más que cualquier obstáculo. Nunca dudes: tu vida vale, tu esfuerzo importa y tu luz inspira”.
En el hipódromo, la pista de arena conserva la marca de las carreras. Allí, la velocidad manda y el margen de error es mínimo. En la zona donde funciona la Asociación Equinoterapia Mendoza, el ritmo es otro. El caballo avanza al paso y cada movimiento cuenta. No hay tribunas llenas ni apuestas; hay terapeutas atentos, indicaciones precisas y una paciente que ajusta postura, equilibrio y respiración.
La historia de Florencia Giménez está atravesada por los caballos desde antes de su debut profesional. El accidente en Palermo marcó un quiebre, pero no modificó ese vínculo. La caída fue abrupta. La recuperación es lenta. Entre un momento y otro hay meses de internación, cirugías, terapias y regreso a casa.
Hoy, cuando se sienta sobre el caballo para realizar equinoterapia, no busca un triunfo en el marcador. Busca estabilidad, coordinación, fuerza. Paso a paso. Sin largada oficial. Sin foto de llegada. Con un objetivo claro: volver a ponerse de pie. Y, si el proceso lo permite, volver a correr.