La historia del mendocino que hace vinos de plátano en las Islas Canarias
Martín López es de San Martín, vive en Tenerife y se sumó al proyecto de una bodega local que produce vinos de plátano desde hace más de 10 años. López volverá en 2025 a Mendoza a rendir su tesis de enólogo, aprovechando esta experiencia.
Martín López, en mendocino que produce vino de plátano en Islas Canarias. | Foto: gentileza
Martín López tiene 41 años, nació en San Martín, Mendoza, y desde hace nueve meses vive en las Islas Canarias. Se formó en el Colegio Don Bosco, en Rodeo del Medio, y está próximo a presentar en Mendoza su tesis de enología, basada en la elaboración de vino de plátano. Trabaja en una bodega ubicada en Tenerife que produce, desde hace más de una década, vino elaborado a partir de plátanos descartados del circuito comercial.
“Llegué a Canarias hace 9 meses”, dice. Su llegada no estuvo vinculada a un proyecto enológico específico. “No era mi objetivo trabajar en una bodega, y menos en una que hiciera vino de plátano. Se dieron las cosas de esta manera. Estaba buscando trabajo de cualquier cosa, pero me llamaron al instante cuando presenté el currículum”.
Martín había viajado con otra intención. “Venía solamente a pasear, a descubrir lugares nuevos y a adquirir más experiencia”. La posibilidad laboral apareció poco después de instalarse. La empresa ya producía vino de plátano. López se integró al equipo y comenzó a participar en el proceso de elaboración.
La bodega es Bodegas Platé y la producción está a cargo del enólogo venezolano Carlos Guevara, dueño de la firma. El establecimiento se encuentra en El Sauzal, en la isla de Tenerife, dentro del archipiélago de las Islas Canarias. Allí, desde 2010, se desarrolla un proyecto que tomó como materia prima el plátano canario, uno de los productos agrícolas centrales de la región.
Aprovechar el boom
El origen del producto se remonta a más de 12 años. “El boom fue durante la Pandemia. Mi jefe se encontraba en un paro, (baja de temporada) se le prendió la lamparita y bueno, buscó algún producto de la zona que lo pudiera producir y que estuviera bajo costo y que sea rentable”.
El punto de partida fue el excedente de plátanos que no llegaban a las góndolas por cuestiones de tamaño, aspecto o grado de madurez. “Así que bueno, justo encontró que el plátano de Canarias es muy importante en la isla, y vio que no le daban una segunda oportunidad a los frutos que no llegaban a góndolas, que ya estaban un poco más maduros”. A partir de ese diagnóstico comenzaron ensayos de fermentación y ajustes técnicos.
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Martín López, en mendocino que produce vino de plátano en Islas Canarias.
“Entre estudios y ensayos, pudo elaborar un vino de plátano con mucha similitud a un vino tradicional de uva blanca. Y bueno, entre varios ensayos más, logró tener un producto que ganó varias medallas y tuvo su boom en el mercado”. Según la empresa, el primer vino salió al mercado luego de dos años de pruebas. La línea inicial fue un vino afrutado y luego se incorporaron variantes semisecas y frizzantes, además de otros productos derivados.
La elección de elaborar vino y no un licor responde a una decisión técnica. “¿Por qué vino y no licor? Porque es una metodología muy similar a lo que nosotros tenemos en cuenta de una vinificación en blanco, en Mendoza por ejemplo”. López explica que el proceso que aplican se asemeja al de un vino blanco tradicional.
“Aunque existe el licor de la banana, nosotros lo que hacemos es producir una elaboración similar a la de uva, que solamente lo único que cambia es la molienda y el producto. Después del proceso es similar, muy similar a una vinificación de vino blanco”. El procedimiento incluye selección de fruta, molienda, prensado, fermentación controlada y estabilización, con adaptaciones propias de la materia prima.
En cuanto al perfil sensorial, López sostiene que la similitud con ciertos vinos blancos sorprende a quienes lo prueban. “Bueno, sobre el vino de banana, ¿qué te puedo contar? Que si yo te tapo los ojos y te doy de probar un sauvignon blanc y el vino de plátano, vas a quedar como flipado, como se dice acá, y no vas a creer que es un vino hecho con banana”. Asegura que las diferencias no resultan evidentes en una degustación a ciegas.
“Las similitudes aromáticas y gustativas son muy parecidas”, dice. Es un vino con perfil fresco y notas frutales, dentro de parámetros conocidos para el consumidor habitual de vinos blancos.
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Martín López y el venezolano Carlos Guevara, el dueño de Bodegas Platé y creador del vino de plátano.
Volver al pago
El proyecto nació tras la crisis económica de 2008, cuando su fundador advirtió la cantidad de fruta descartada por no cumplir estándares de exportación. La idea fue transformar ese excedente en un producto con valor agregado. El vino de plátano obtuvo reconocimiento en concursos y se convirtió en un atractivo para visitantes y consumidores interesados en propuestas alternativas.
En este contexto, López decidió orientar su tesis hacia esta experiencia. “Sí, estoy preparando mi tesis en base a la elaboración de vino de plátano. Me la aceptaron y estoy culminándola para poder tener fecha y poder viajar a Argentina para rendir”. La presentación será en el Instituto Don Bosco, donde cursó la carrera.
El viaje tendrá además un componente personal. “De paso también quiero visitar a mi familia. Creo que en septiembre, octubre estaré por allá”. La estadía incluirá la defensa académica y el reencuentro con su entorno en San Martín.
La tesis aborda los aspectos técnicos de la fermentación del plátano, los parámetros de control, la estabilidad del producto y su comparación con vinos de uva. El objetivo es sistematizar la experiencia de la bodega y aportar antecedentes en un campo poco explorado dentro de la formación enológica mendocina.
Consultado sobre el consumo de vino en Argentina y en el mundo, López enmarca la cuestión en una tendencia más amplia. “Dicen que en Argentina se consume menos vino y en realidad se consume menos vino en todo el mundo, porque cada vez la gente deja de consumir bebidas alcohólicas, no solamente vino”. Atribuye el fenómeno a cambios en los hábitos.
“La gente está pensando un poco más en la salud y por eso lo que busca un poco la zona vitivinícola es poder reducir un poco la gradación de cada uno de sus productos y poder ofrecer al mercado algo un poco más saludable. Es una tendencia mundial”. Señala que la industria busca alternativas con menor graduación y nuevos perfiles.
Considera que productos como el vino de plátano pueden abrir nichos. No los plantea como sustitutos del vino tradicional, sino como opciones dentro de un mercado que diversifica su oferta. El proyecto en Tenerife es un esquema que integra tradición e innovación.
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Martín López, el mendocino que produce vino de plátano en Islas Canarias.
Sobre sus planes personales, López afirma: “Principalmente mi proyecto es seguir estando en la firma, dar lo mejor, seguir con la realización de nuevos productos dentro de ella y poder salir al mundo y ofrecerlo como producto alternativo a los vinos tradicionales”. La intención es consolidar la experiencia y ampliar la presencia internacional.
“Y darle oportunidad también a otros sectores poder hacer algo distinto y que sea sabroso”. La referencia apunta a productores que cuentan con excedentes agrícolas y podrían explorar procesos de fermentación como alternativa de agregado de valor.
El recorrido de López conecta su formación en Mendoza con una experiencia productiva en otro territorio vitivinícola. San Martín, su lugar de origen, forma parte de una de las zonas históricas de la producción de uva en la provincia. El colegio Don Bosco, en Rodeo del Medio, donde estudió, es reconocido por su orientación técnica vinculada al agro y la enología. En Tenerife, el contexto es distinto.
El nombre comercial del producto es Platé. La empresa lo presenta como el primer vino de plátano con indicación geográfica protegida en Canarias. Desde su lanzamiento, la producción se amplió y alcanzó mercados fuera del archipiélago. El crecimiento coincidió con un interés creciente por bebidas elaboradas a partir de materias primas no tradicionales.
Para López, la experiencia combina aprendizaje técnico y adaptación cultural. Llegó con la idea de recorrer y sumar experiencia. Terminó integrándose a un proyecto que lo llevó a reformular su tesis y proyectar un regreso temporario a Mendoza para defenderla.
“No era mi objetivo trabajar en una bodega, y menos en una que hiciera vino de plátano”, repite al reconstruir el inicio. Nueve meses después, participa en la elaboración, prepara su trabajo final y proyecta continuar en la firma.
Mientras organiza fechas y pasajes, López sigue trabajando en la bodega de El Sauzal. Entre tanques de acero y partidas de plátano maduro, avanza en los últimos ajustes del documento que llevará a Mendoza. El trayecto personal une San Martín y Tenerife, Don Bosco y Bodegas Platé, la uva y el plátano, en un recorrido que ahora tendrá instancia de evaluación académica.