8 de abril de 2026 - 19:46

La joven que denunció abusos de jugadoras de hockey en el club Alemán: "Me quieren hacer creer que exageré"

La joven que denunció abuso sexual en un bautismo de hockey enfrenta ataques de las familias de quienes habrían abusado de ella. Su vida no volvió a ser la misma.

“Hoy no extraño al hockey. Extraño a la jugadora que era y lo que me permitía ser”. Quien habla tenía 16 años cuando, durante un torneo corto en abril de 2023, vivió un “bautismo” que –según confirmó la fiscalía durante las últimas horas– configuró un abuso sexual y una serie de actos degradantes cometidos por diez jugadoras adultas del club Alemán de Mendoza, varias de ellas de entre 25 y 30 años.

Desde entonces, su vida cambió para siempre. Su historia se hizo pública hace más de un año cuando, cansada de que la causa "durmiera" en la Justicia, recurrió primero a Los Andes y a otros medios de comunicación después.

Club Alemán: la denunciante habló y relató el presunto abuso
Club Alemán: la denunciante habló y relató el presunto abuso.

Club Alemán: la denunciante habló y relató el presunto abuso.

Ahora, mientras la causa avanza, se cruza con algo que no esperaba: familiares de jugadoras imputadas que la atacan públicamente y relativizan lo que vivió, tratándola de "exagerada" y de "sacar de contexto" lo que vivió. Y así, a su duelo deportivo y social, se le suma una segunda revictimización.

“No sólo tuve que dejar el club donde crecí. Tuve que dejar mi deporte, mi lugar en el mundo. Lo peor es que ahora encima me quieren hacer creer que exageré”, destaca, con una entereza que demuestran que, si llegó hasta acá, no va a bajar los brazos ahora.

El silencio, la presión y la soledad de denunciar

La joven nunca estuvo sola en aquella noche de abril de 2023: eran seis víctimas, aunque solo ella terminó impulsando la denuncia penal. “Siempre me dicen que soy la única denunciante, como si eso me invalidara. Pero yo estuve con ellas, las vi llorar, las vi en un silencio de shock. Todas la pasamos mal”, rememora.

Intentaron hablar juntas, pero el miedo de las otras pesó más. “Una de mis compañeras me dijo: ‘Si este fue tu límite, salimos todas a hablar con vos’. Y después no habló ninguna. Los padres -abogados algunos- les dijeron que se iban a meter en líos”, agrega la joven, quien hoy tiene 19 años.

Edificio del Ministerio Público Fiscal de Mendoza
Edificio del Ministerio Público Fiscal de Mendoza

Edificio del Ministerio Público Fiscal de Mendoza

La soledad fue el primer golpe, pero no el único. Luego vino el segundo, la reacción de los responsables del club.

En la noche siguiente al "rito de bautismo", las jugadoras de Primera las reunieron en el albergue. No para pedir disculpas, sino para ordenar: “Que esto no salga. Y si lo cuentan, cuenten por qué lo hacemos”, cuenta la joven que les dijeron (algo que también puede leerse en el expediente).

“Nos decían que a ellas también se lo habían hecho, que era tradición, que había que aceptarlo”, recuerda. “Incluso una se puso a en modo 'víctima' diciendo: ‘No entiendo qué más quieren de nosotras, si les damos todo’. Era como si justificaran repetir lo que ellas habían sufrido en sus bautismos”, acota.

Cuando el club eligió denunciar, pero sin avisarles

El lunes siguiente, después de que ellas les contara a sus padres, entregaron al club una carta detallando lo ocurrido. Pero lo que ocurrió después sorprendió a la familia.

El club hizo la primera denuncia, sin avisarnos. Usaron una carta que yo había enviado al club relatando los abusos y lo vivido, pero sin decirnos que la iban a presentar a la Justicia. Y no nos ofrecieron contención ni protección. Seguíamos entrenando en el mismo horario que las jugadoras que me habían abusado”, cuenta la denunciante.

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La denunciante dijo que la particular

La denunciante dijo que la particular "bienvenida" fue en un baño del Club Alemán. Foto: Los Andes.

Ese mismo día entendió que estaba a la deriva y que, sin decidirlo ni siquiera quererlo, se había roto su amor por el hockey y por el club de que era fanática y donde había pasado la mitad de su vida. Tenía 16 años y jugaba desde los 8.

La decisión que le partió el corazón

Me fui de Alemán con el corazón roto”, dice, con una voz que, por momentos, suena quebrada.

Era la típica jugadora fanática que iba a ver todos los partidos, que se pintaba la cara con los colores del club, que conocía cada rincón del club y que soñaba con consolidarse en Primera.

“Era mi segunda casa, más que el colegio”, recuerda. Y agrega que aquella aterradora noche vio como quienes, hasta entonces eran sus ídolas, se caían de ese pedestal donde ella misma las había colocado.

Según se lee en la denuncia, aquella noche las jugadoras de Primea la obligaron -a ella y cinco compañeras debutantes más- a pegarse papelitos con pegamento en sus pechos para cubrir su desnudez, les vendaron los ojos con toallitas femeninas con pegamento, las hicieron "ponerse en cuatro patas" y ladrar como perros mientras llevaban un hueso en la boca.

También relata que le colocaron ají picante en el cuerpo y en la poca y que le hicieron probar, con la punta de la lengua, "un líquido blanco que estaba adentro de un preservativo",

Edificio del Ministerio Público Fiscal de Mendoza
Edificio del Ministerio Público Fiscal de Mendoza

Edificio del Ministerio Público Fiscal de Mendoza

"Cuando estás en cuatro con tu novio, no gritás así", cuenta que le dijeron, entre risas y burlas.

Pero lo más aberrante fue que le colocaron una morcilla debajo de la calza, ente la bombacha y que tocó su entrepierna. También me introdujeron una salchicha en la boca -por la fuerza- cuando le pidieron que gritara un gol.

Hablar del tema no fue fácil, ni para ella ni para sus compañeras. Cuando pudieron salir del baño donde estaba transcurriendo esta secuencia -envueltas en bolsas de consorcio para tapar su cuerpo-, fueron a las duchas. Y nadie pudo decir ni una palabra.

Pero la joven mendocina (adolescente por entonces) tomó coraje, se animó a contarle a sus padres ("quisieron abrazarme y les pedí que me soltaran, sentía mucho rechazo", recuerda). Y así fue que la primera versión llegó al Club Alemán. Y, en base a ello, el club presentó la primera denuncia en el Ministerio Público Fiscal de Mendoza.

Pero, puertas adentro, en un principio no se tomó ninguna medida; nada cambió. Y la denunciante estuvo un mes más como jugadora de hockey en el lugar. Hasta que un día, para un nuevo torneo corto, supo que debía viajar en el mismo micro con las jugadoras que había denunciado.

Allí entendió que no tenía más opción. Su papá se ofreció a llevarla en auto para evitarle ese viaje -porque, en definitiva, ella quería seguir jugando-, pero el club respondió con un mensaje categórico: “Las jugadoras que quieran participar tienen que viajar en micro. Si las lleva un padre, que ni viajen porque no van a jugar”.

“Ahí dije: ‘No vuelvo más’. Me estaba yendo por algo que yo no había provocado”, rememora. Se fue. Y la renuncia escrita, donde ella explicaba que había sido víctima de abuso sexual y por eso se marchaba, el club ni siquiera quiso recibirla.

Intentar comenzar en otro lado y no poder

A la semana, la denunciante ya estaba entrenando en Los Tordos. La recibieron bien -y ella lo agradece de corazón-, pero el quiebre ya estaba hecho.

“Yo no era la misma”, reconoce. “Las chicas me trataban bárbaro, pero el hockey ya no era mi refugio. No podía conectar. Me había quedado sin identidad”. Estuvo seis meses, y después, cuando terminó 2023, simplemente, dejó de jugar.

“Me fui de intercambio por el colegio, me perdí los playoff, y fue rarísimo: no extrañé la cancha. No extrañé entrenar. Me di cuenta de que el hockey ya no era un lugar seguro para mí”, sigue, y reflexiona: “si no me hubiese pasado esto, hoy seguiría jugando”.

Los ataques actuales: una nueva herida

La causa avanzó. En junio de 2023 ella y su familia se constituyeron como denunciantes formales en la fiscalía, mientras que en noviembre de 2023 pasó por Cámara Gesell. Hubo pericias, declaraciones y un intento de archivo que la familia logró revertir. También intentaron imponerle una restricción para que no hablara del tema en los medios.

Ella nunca dejó de colaborar. Nunca cambió una palabra. Durante las últimas horas, la denunciante enfrenta algo que nunca imaginó: padres de las imputadas cuestionando públicamente su testimonio.

“Una madre llegó a decirle a mi papá: ‘Mi hija no es virgen, entonces no siente lo mismo que la tuya’. Es aberrante”, cuenta. “Y ahora salen madres a decir que todo fue un chiste, que exagero, que no fue tan grave. Que lo sacamos de contexto”.

Para la joven, eso es casi tan doloroso como lo que ocurrió aquella noche.

El club era mi pertenencia, mi vida social. Cuando dejé de ir, muchas amigas dejaron de hablarme. Y algunas se enojaban porque yo no iba a cumpleaños donde también invitaban a las jugadoras que me habían abusado”.

Seis de las diez denunciadas fueron imputadas este martes por abuso sexual simple, mientras que las otras cuatro serán imputadas por la fiscalía la semana próxima.

Yo me extraño a mí, ¿entendés? Extraño a la jugadora que era: disciplinada, líder, feliz. El hockey era el lugar donde yo era mi mejor versión. Y me lo quitaron”, refuerza su idea. “Al hockey como deporte lo extraño a veces. Pero al ambiente, no. Hoy no podría volver”, continúa.

Hablar para que no vuelva a pasar

Si hay algo que sostiene a la presunta víctima (así se la describe a nivel legal) es su convicción de evitar que otra chica pase lo mismo.

“En el club yo entrenaba a las nenas de novena, pensaba: ¿Y si dentro de unos años alguna queda en el lugar en el que yo estuve? Eso me partía al medio. Y por eso seguí adelante con todo”, se explaya.

Su familia nunca buscó un acuerdo extrajudicial por medio de conciliación ni un silencio negociado. Tampoco dinero. Solo quieren que haya verdad y que no se repita.

“Y aunque duela, prefiero cargar con esto antes que quedarme callada y que vuelva a ocurrir”, refuerza.

Una historia que sigue escribiéndose

La causa continúa en la Justicia. Las jugadoras imputadas tienen una perimetral que les impide contactarla. El expediente, que había intentado ser archivado, hoy avanza nuevamente.

Mientras tanto, ella intenta recuperar algo de lo que perdió. Tal vez no su amor por el ambiente del hockey, pero sí ser la voz de otras jugadoras que pasaron por lo mismo y no se animaron o quisieron denunciarlo.

"Después de que salí a hablar, me contactaron chicas de varios clubes a contarme que habían pasado por lo mismo", cierra.

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