6 de noviembre de 2026 - 19:27

La escuela Moisés Chade reunió a 14 establecimientos en una muestra provincial de conservas

La XXXIII Muestra Anual de Productos en Conserva convocó a escuelas técnicas agropecuarias de distintos puntos de Mendoza en Alto Verde, San Martín. Los estudiantes presentaron elaboraciones propias, participaron de una evaluación por categorías y ofrecieron productos al público. Además de la competencia, la propuesta busca mostrar el valor de la formación técnica y las posibilidades de generar microemprendimientos.

La elaboración de conservas, dulces, mermeladas, productos deshidratados, encurtidos y derivados lácteos y cárnicos volvió a reunir a estudiantes y docentes de distintos puntos de Mendoza. La Escuela Nº 4-027 Moisés Julio Chade, de Alto Verde, en San Martín, fue sede de la XXXIII Muestra Anual de Productos en Conserva, una actividad que forma parte de su calendario institucional y que, después de más de tres décadas, mantiene su convocatoria entre las escuelas técnicas de la provincia.

En esta edición participaron 14 establecimientos, además de la escuela anfitriona, con alumnos y docentes que llegaron para presentar sus elaboraciones, intercambiar experiencias y competir en distintas categorías. La jornada también estuvo abierta a la comunidad, que pudo recorrer los stands, conocer los procesos de producción y comprar algunos de los productos realizados durante el año.

Elena Beatriz Aveiro, vicedirectora de la Moisés Chade, explicó que la muestra se organiza todos los años y convoca a instituciones con formación vinculada a la industrialización de frutas y hortalizas, la producción láctea y la elaboración de productos cárnicos.

«Vienen distintas escuelas de toda la provincia a participar y traer sus productos para concursar. Hay un jurado conformado por representantes de un terciario de Junín y del INTA, entre otros, que evalúa las distintas categorías. Se premia al primero y segundo puesto», señaló.

La evaluación no se limita a probar los alimentos. Los productos son sometidos a una instancia técnica en la que se consideran sus características, se realizan mediciones de pH y se analizan aspectos como el sabor, el aroma, el color y la consistencia. Los resultados se vuelcan en planillas con una rúbrica que permite establecer el puntaje final.

Equipo directivo de la escuela Moisés Chade.

Equipo directivo de la escuela Moisés Chade.

De las mermeladas a las bondiolas

Las categorías permiten mostrar la diversidad de elaboraciones que pueden desarrollarse a partir de los conocimientos adquiridos en las escuelas. Entre los productos tradicionales se encuentran los concentrados, como las mermeladas y los dulces, en los que la conservación se obtiene mediante la reducción de humedad o el agregado de azúcar.

También están los deshidratados, que se elaboran mediante la eliminación del agua, ya sea con métodos naturales, como el secado al sol, o con equipos y hornos específicos.

Otra categoría comprende las conservas de frutas y hortalizas, mientras que los encurtidos y productos obtenidos por fermentación láctica o conservados mediante acidificación incluyen preparaciones como los pickles y escabeches. A esto se suman los productos lácteos, entre ellos el dulce de leche, y los cárnicos, como los ahumados y embutidos.

En este último grupo, la posibilidad de conservación es un requisito central. Los productos deben llegar a la muestra sin necesidad de mantenerse refrigerados. Por eso, entre las elaboraciones habituales aparecen jamones, bondiolas y chorizos secos.

La propuesta también deja lugar para la creatividad. Aunque ya no existe una categoría específica para premiar la innovación, los estudiantes suelen incorporar combinaciones y preparaciones que se apartan de las recetas tradicionales.

Aveiro mencionó algunos ejemplos que pudo probar durante la jornada: «Hay mermeladas con pimienta, dulce de berenjena y productos que los chicos se animan a experimentar. Probé un dulce de leche con frutilla, donde quedan los trocitos de fruta, una jalea de manzana con cebolla caramelizada y pimienta, y un dulce de leche con menta que es increíble».

La variedad de propuestas es también una muestra de cómo los conocimientos técnicos se combinan con la iniciativa de los alumnos, que investigan, buscan alternativas y prueban nuevas formulaciones.

La escuela Moisés Chade reunió a 14 establecimientos en una muestra provincial de conservas.

La escuela Moisés Chade reunió a 14 establecimientos en una muestra provincial de conservas.

Aprender a producir y conservar

Uno de los aspectos centrales de la muestra es que los estudiantes no solamente deben presentar un alimento terminado. También tienen que demostrar que conocen el procedimiento utilizado, los componentes de la elaboración y las condiciones necesarias para garantizar que el producto sea apto para el consumo.

El reglamento contempla tres instancias de evaluación. La primera corresponde a las características organolépticas, es decir, el color, el sabor, el aroma, la consistencia y el aspecto general. En esta etapa, los productos se presentan de manera anónima para que el jurado no pueda identificar a qué escuela pertenecen.

La segunda instancia considera la presentación comercial, el diseño y la información de las etiquetas. Finalmente, se evalúa la exposición de los alumnos, sus conocimientos técnicos y la carpeta de campo, donde deben quedar registradas las distintas etapas del trabajo, la planificación y los cálculos realizados.

Cada una de estas instancias tiene un puntaje específico: 40 puntos para la evaluación del producto, 25 para su presentación y 35 para la exposición de los estudiantes.

Bautista, alumno de sexto año de la escuela anfitriona, participó por segunda vez de manera activa y destacó la posibilidad de encontrarse con estudiantes de otros establecimientos.

«Es muy linda experiencia. Es lindo ver cómo se reúnen todas las escuelas y la puesta en común de los distintos productos que producen. Dependiendo del lugar donde está ubicada cada institución, algunos se dedican más a la miel o a la ganadería, y también hay distintas conservas y productos innovadores», contó.

Para el estudiante, la experiencia tiene una utilidad que va más allá de la competencia. Durante su formación aprenden a medir la acidez de los alimentos y la cantidad de sólidos solubles, expresada en grados Brix, parámetros que permiten determinar las condiciones de conservación y la duración de una elaboración.

«Se aprende mucho. Se enseña correctamente a tener en cuenta la acidez que puede tener un producto y la cantidad de sólidos solubles. Eso nos ayuda a determinar si puede conservarse en el tiempo y cuánto puede durar», explicó.

También destacó la importancia de la higiene durante la manipulación de los alimentos. «Lo hacemos nosotros con nuestras manos y tenemos que tener la higiene que se necesita para manipular los productos. Así sabemos cómo trabajar para que sean de buena calidad y saludables, y evitar una contaminación alimenticia».

Victoria, otra de las estudiantes participantes, también valoró el encuentro. «Es la segunda vez que participo y la verdad es una experiencia muy linda. Tiene muchísimas formas de participar y los productos que se prueban o se venden son de muy buena calidad», señaló.

En tanto, Benjamín puso el acento en la cantidad de instituciones y elaboraciones que se encuentran en un mismo espacio. Para él, compartir la jornada permite dimensionar el trabajo que realizan otras comunidades educativas.

La escuela Moisés Chade reunió a 14 establecimientos en una muestra provincial de conservas.

La escuela Moisés Chade reunió a 14 establecimientos en una muestra provincial de conservas.

Una formación que puede convertirse en trabajo

Más allá de los premios, la organización considera que uno de los principales resultados de esta actividad es que los estudiantes puedan llevarse herramientas para desarrollar proyectos propios cuando terminen la escuela.

Aveiro sostuvo que la formación técnica no debería limitarse a preparar a los alumnos para una salida laboral específica, sino también ofrecerles conocimientos que puedan convertirse en una alternativa de producción independiente.

«Lo lindo de esto es que los chicos se llevan un microemprendimiento a casa, un trabajo a casa. Tenemos exalumnos que venden conservas y que han hecho su propio emprendimiento», comentó.

La vicedirectora agregó que la formación de la Moisés Chade permite explorar otras posibilidades productivas, como la venta de plantas mediante sistemas de producción bajo cubierta o la innovación en cultivos de hortalizas.

«Más allá de que salen como enólogos y tienen una muy buena preparación, tratamos de que sepan que pueden tener un microemprendimiento. Este tipo de educación les abre el panorama para que puedan generar su propio trabajo, y eso termina involucrando también a las familias», explicó.

La muestra tiene, además, una dinámica de intercambio comercial. Las escuelas pueden llevar otros productos elaborados durante el año para vender en sus stands, más allá de aquellos seleccionados para competir. De esa manera, el público puede conocer y adquirir producciones que son resultado de las prácticas educativas.

Para los alumnos de la Moisés Chade, la jornada también tuvo un significado especial por el trabajo que implica recibir a las delegaciones. Benjamín, que está cerca de terminar sus estudios, contó que los estudiantes colaboraron con la limpieza y la preparación de la escuela para recibir a sus pares.

«Por un lado estamos alegres porque nos vamos, pero por el otro vamos a extrañar. Hemos estado trabajando mucho, limpiando la escuela y preparando la bienvenida a los demás estudiantes. Ese trabajo también nos sirve como un respiro para apreciar lo lindo que es estar en esta escuela», expresó.

Con 33 ediciones realizadas, la muestra de Alto Verde mantiene así una doble función: poner en común los conocimientos adquiridos por los estudiantes de las escuelas técnicas y mostrar que detrás de cada frasco, cada conserva y cada elaboración hay un proceso de aprendizaje que puede transformarse en una herramienta para el futuro.

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