19 de febrero de 2026 - 07:25

"Fuimos corriendo el umbral del miedo": a 40 años del primer ascenso mendocino por la Pared Sur del Aconcagua

El 23 de febrero de 1986, Alejandro Randis, Miguel Sánchez, Daniel Rodríguez y Domingo Álvarez alcanzaron la cumbre del Aconcagua por la Pared Sur. Fue el resultado de diez años de intentos, observación del terreno y entrenamiento técnico. Cuatro décadas después, la experiencia sigue siendo una referencia para el montañismo mendocino.

El 23 de febrero de 1986, cuatro andinistas mendocinos llegaron a los 6.962 metros del Aconcagua por la Pared Sur. Alejandro Randis, Miguel Sánchez, Daniel Rodríguez y Domingo Álvarez se convirtieron ese día en los primeros nacidos en Mendoza en alcanzar la cumbre por esa cara. La frase fue breve y directa: “Estamos arriba”. El grito quedó suspendido en el viento de altura y resumió seis días y cinco noches de escalada continua.

El Aconcagua había sido ascendido por primera vez en 1897 por el suizo Matthias Zurbriggen, integrante de la expedición dirigida por Edward FitzGerald. Pero la Pared Sur es otra historia. Con casi 3.000 metros de desnivel vertical, fue escalada por primera vez en febrero de 1954 por una expedición francesa que abrió el denominado espolón francés en siete jornadas. Desde entonces, esa pared se consolidó como uno de los desafíos técnicos más exigentes del continente.

Visible desde la Ruta Nacional 7 a la altura de Puente del Inca y en toda su dimensión desde Plaza Francia, la Pared Sur concentra riesgos objetivos: avalanchas, desprendimientos de hielo, placas inestables y tramos mixtos de roca y hielo donde la protección es limitada. La exposición prolongada y la dificultad técnica reducen el margen de error.

Cuando alcanzó la cumbre en 1986, Domingo Álvarez tenía 40 años. Hoy tiene 80. “Tenía 40 años en ese momento. Los demás son menores”, recuerda. En la expedición también participó el colombiano Manolo Barrios, ya fallecido.

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La expedición de Alejandro Randis, Miguel Sánchez, Daniel Rodríguez y Domingo Álvarez que hizo cumbre en el Aconcagua el 23 de febrero de 1986 por la Pared Sur.

La expedición de Alejandro Randis, Miguel Sánchez, Daniel Rodríguez y Domingo Álvarez que hizo cumbre en el Aconcagua el 23 de febrero de 1986 por la Pared Sur.

Un aprendizaje que empezó en la adolescencia

El vínculo de Álvarez con la montaña comenzó en la infancia. “Yo empecé a ir a la montaña a los 12 años. Todos los vecinos de mi barrio iban a la montaña. Yo nací en el barrio Cano”. En ese entorno surgieron las patrullas andinas que organizaban salidas y prácticas. “Estaban los chicos de los diferentes pabellones que formábamos las Patrullas Andinas: La Cóndor, Águila. Nosotros éramos Alas”.

A los 14 años se asoció al Club Andinista Mendoza. El contexto era el de una generación que había seguido con atención la primera expedición argentina al Himalaya. La montaña se convirtió en una práctica sistemática.

“La verdadera montaña es algo que uno tiene adentro. El ascenso es un camino que te ayuda a resolver dificultades internas. Uno se pone de objetivo una cumbre, pero mientras uno asciende va resolviendo cosas internas: los miedos, el aprendizaje”. Para Álvarez, la meta visible es solo una parte del proceso.

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La expedición de Alejandro Randis, Miguel Sánchez, Daniel Rodríguez y Domingo Álvarez que hizo cumbre en el Aconcagua el 23 de febrero de 1986 por la Pared Sur.

La expedición de Alejandro Randis, Miguel Sánchez, Daniel Rodríguez y Domingo Álvarez que hizo cumbre en el Aconcagua el 23 de febrero de 1986 por la Pared Sur.

Diez años mirando la pared

La relación con la Pared Sur no comenzó en 1986. La primera incursión fue una década antes de la cumbre. “La primera vez que ingresamos a la pared veías avalanchas, toneladas de hielo, y había que aprender a resolver las dificultades”. Ese aprendizaje fue acumulativo.

“Aprendías por dónde caían, por dónde pasaban, cuánto demoraban desde el momento en que se fracturaba el glaciar, cuál era el camino, si por el canal central, el izquierdo o el derecho”. La observación directa se convirtió en una herramienta técnica.

Hubo un intento en 1981 con Alejandro Randis. En 1983 alcanzaron los 6.700 metros, pero descendieron por las avalanchas. En 1985 estaban en la pared cuando se produjo el hallazgo de la momia del Aconcagua en otro sector del cerro. Desde el Cerro Almacén observaron la pared de frente y registraron visualmente pasos y variantes. Antes del ascenso definitivo abrieron incluso una ruta nueva en ese cerro.

“Lo que yo mencionaba en la memoria es lo que nosotros observamos: la pared y los distintos pasos por el nivel, el grado de dificultad. Eso lo habíamos observado desde el cerro de frente”. La información se construía con años de permanencia en el terreno.

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La expedición de Alejandro Randis, Miguel Sánchez, Daniel Rodríguez y Domingo Álvarez que hizo cumbre en el Aconcagua el 23 de febrero de 1986 por la Pared Sur.

La expedición de Alejandro Randis, Miguel Sánchez, Daniel Rodríguez y Domingo Álvarez que hizo cumbre en el Aconcagua el 23 de febrero de 1986 por la Pared Sur.

Entrenamiento y autonomía

La preparación incluyó escalada sistemática en roca, hielo y terreno mixto. “Antes de meternos en la Pared Sur escalábamos todos los fines de semana una ruta nueva, especialmente en los Cerros Negros”. Varias de esas rutas eran vírgenes.

En ese período, la importación de equipamiento técnico era limitada. “No podíamos importar cuerdas y usábamos cuerdas navales. Pero teníamos buenos conocimientos de física y sabíamos cuándo aguantaba una cuerda”. El conocimiento técnico suplía la falta de recursos.

La velocidad y la seguridad eran factores decisivos. “Una de las cosas claves de esa pared era la velocidad y la seguridad con que vos te desplazabas”. Cruzar un canal de avalancha implicaba reducir al mínimo el tiempo de exposición. “Sabía que eran 15 minutos que no iba a tener ninguna posibilidad si caía en una avalancha, pero no era lo mismo estar 15 minutos que media hora”.

La autonomía fue otro eje de preparación. “Escalábamos rutas totalmente solos, sin compañía. Te ibas solo con algo para comer y agua y te escalabas una pared de 300 metros”. Ese ejercicio buscaba “correr un umbral del miedo”. Cada integrante debía ser capaz de resolver maniobras y decisiones en soledad.

“Cada uno de nosotros éramos totalmente autónomos”. En altura, esa autonomía se traducía en tranquilidad técnica. “Estabas a dos kilómetros del suelo, atado con el arnés, y todo lo que ibas poniendo lo atabas con un mosquetón. Te metías en la bolsa de dormir y estabas atado con un clavo puesto. No era que estabas loco. Vos sabías que ese clavo estaba perfectamente puesto”.

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La expedición de Alejandro Randis, Miguel Sánchez, Daniel Rodríguez y Domingo Álvarez que hizo cumbre en el Aconcagua el 23 de febrero de 1986 por la Pared Sur.

La expedición de Alejandro Randis, Miguel Sánchez, Daniel Rodríguez y Domingo Álvarez que hizo cumbre en el Aconcagua el 23 de febrero de 1986 por la Pared Sur.

Seis días en la pared

El ascenso final en febrero de 1986 demandó seis días y cinco noches. La elección de la ventana climática fue determinante. “Lo que uno necesita son buenas condiciones climáticas, porque uno se moviliza en tiempo calculado”.

A los 6.700 metros tallaron el hielo para instalar la carpa antes del ataque final. Cada tramo exigía asegurar reuniones, evaluar la consistencia del hielo y decidir el ritmo. La coordinación entre los cuatro era permanente.

En el Glaciar Superior, durante la noche, observaron descargas eléctricas. “Veías las nubes que estaban pasando alrededor tuyo y se ve todo azul. Tenías esas imágenes vívidas ahí”. El entorno ofrecía señales constantes.

El 23 de febrero salieron hacia la cumbre. “Por un lado tenía la satisfacción del logro y por otro lado pensaba en el nuevo desafío”. El abrazo en la cima fue breve. Alguien planteó la posibilidad de pasar la noche allí, pero la experiencia indicó que debían descender.

El descenso comenzó ese mismo día. Parte del recorrido permitió avanzar con rapidez por nieve acumulada, aunque siempre asegurando la progresión.

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La expedición de Alejandro Randis, Miguel Sánchez, Daniel Rodríguez y Domingo Álvarez que hizo cumbre en el Aconcagua el 23 de febrero de 1986 por la Pared Sur.

La expedición de Alejandro Randis, Miguel Sánchez, Daniel Rodríguez y Domingo Álvarez que hizo cumbre en el Aconcagua el 23 de febrero de 1986 por la Pared Sur.

Riesgo y lectura del entorno

Ante la pregunta sobre el riesgo, Álvarez plantea una diferencia conceptual. “No es un coqueteo con la muerte. Es aprender a reconocer todo aquello que genera un riesgo”. Sostiene que la mayoría de los accidentes se producen por inexperiencia o por suma de errores.

“No existe accidente en realidad. Es un siniestro cuya construcción comenzó días antes”. La falta de hidratación, la mala aclimatación o decisiones acumuladas derivan en consecuencias posteriores.

La lectura del entorno es central en su explicación. “La nieve tiene un montón de colores blancos. No hay un solo blanco, hay como diez. Cada color te está diciendo cosas”. También menciona la sombra, la textura, los sonidos y la estratificación de la roca.

“Cada forma que tiene una nube te está diciendo cosas. La naturaleza es un manual de aprendizaje enorme”. Esa comunicación con el ambiente permite reducir el riesgo a un nivel controlado.

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La expedición de Alejandro Randis, Miguel Sánchez, Daniel Rodríguez y Domingo Álvarez que hizo cumbre en el Aconcagua el 23 de febrero de 1986 por la Pared Sur.

La expedición de Alejandro Randis, Miguel Sánchez, Daniel Rodríguez y Domingo Álvarez que hizo cumbre en el Aconcagua el 23 de febrero de 1986 por la Pared Sur.

Profesionalización y Escuela de Guías

Después de aquella experiencia, los integrantes de la expedición participaron en la creación de la Escuela de Guías de Alta Montaña en Mendoza. El objetivo fue profesionalizar la actividad y reducir accidentes.

“Si vos enseñás a escalar, sos responsable de alguien a quien le estás entregando un arma que se podría matar. Entonces le tenés que enseñar claramente cuál es la forma de moverse con seguridad”. La formación incluyó contenidos técnicos como el cálculo del factor de caída y la planificación de hidratación y aclimatación.

Álvarez menciona ejemplos concretos. “Si yo soy guía y veo que una persona no está orinando y se le están hinchando las manos, el edema no apareció de golpe. Es algo que se viene construyendo”. Para él, la prevención se basa en conocimiento y seguimiento.

pared sur mejorada
Alejandro Randis, Miguel Sánchez, Daniel Rodríguez y Domingo Álvarez haciendo cumbre en el Aconcagua el 23 de febrero de 1986 por la Pared Sur.

Alejandro Randis, Miguel Sánchez, Daniel Rodríguez y Domingo Álvarez haciendo cumbre en el Aconcagua el 23 de febrero de 1986 por la Pared Sur.

Cuatro décadas después

Cuarenta años después, la Pared Sur mantiene su carácter selectivo. Las condiciones cambian temporada tras temporada. Las avalanchas siguen marcando el ritmo de la pared y el acceso continúa realizándose por el valle de Horcones hasta Plaza Francia.

Álvarez continúa activo. “Con amigos entrenamos navegando. Remamos 25 kilómetros, una o dos veces por semana, en el dique Potrerillos”. La práctica física sigue siendo parte de su rutina.

Cuando recuerda 1986, lo define como “un paso y un gran aprendizaje”. El desafío mayor, dice, fue mental. “La mayor dificultad era que ingresara a tu cabeza que podías escalar una pared de tres kilómetros y que no había pasado otra gente de acá antes que nosotros”.

El grito de “Estamos arriba” sintetizó un proceso iniciado en la adolescencia, consolidado en una década de intentos y materializado en seis días de escalada. Cuatro nombres quedaron asociados a esa fecha. Para ellos, la cumbre fue el resultado visible de una construcción previa que combinó técnica, observación y decisión.

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