lunes 18 de enero de 2021

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, con el mensaje que enviaron los mineros a la superficie. / archivo
Sociedad

“Estamos bien los 33”: a 10 años del derrumbe que atrapó a los mineros chilenos y que conmovió al mundo

Hace una década se producía el derrumbe que cambiaría para siempre la vida de 33 trabajadores mineros en el norte de Chile. Si bien al día 17 de estar atrapados se pudo hacer contacto con ellos y se les hizo llegar víveres, pasaron 69 días hasta que lograron regresar todos a la superficie.

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, con el mensaje que enviaron los mineros a la superficie. / archivo

Hace una década, el mundo entero miraba para esta parte del mundo. No para Argentina en general, ni para Mendoza en particular. Pero sí para el borde occidental de América del Sur. En cuestión de minutos, de segundos; todos los ojos estaban posados sobre Chile; más específicamente sobre la mina San José -ubicada al norte del país vecino, en la comuna Caldera y a 30 kilómetros de la ciudad de Copiapó (quizás la más importante de la zona)-. Esos mismos ojos del mundo entero que estuvieron prácticamente sin pestañear durante 69 días, atentos a cientos de miles de detalles, aunque todos giraban en torno a una única historia: la de los 33 mineros que habían quedado atrapados a 720 metros de profundidad; luego de un derrumbe en el emprendimiento minero. Los 33 fueron rescatados y devueltos a la superficie el 13 de octubre, tras nada más y nada menos que 69 días bajo la tierra.

Un 5 de agosto como hoy, pero de 2010 y a las 14:30 (hora chilena, 15:30 en Argentina) se produjo el derrumbe del que habló el mundo. Porque, aislados de la superficie y debajo de los escombros, habían quedado esos 33 trabajadores chilenos que todos los días, casi de sol a sol.

Viaje al centro de la Tierra

Durante las horas y días posteriores al derrumbe que dejó bajo tierra a los mineros; las inmediaciones de la mina San José -un paisaje árido y desierto en circunstancias normales- se convirtieron en sets de canales de televisión o salas de prensa para cientos de medios, chilenos e internacionales. La cobertura del minuto a minuto; la urgencia de informar cuanto hecho aconteciera (por mínimo que fuera) y -por sobre todas las cosas- la imperiosa necesidad por obtener pruebas de vida del otro lado de aquella frontera que caprichosamente había demarcado el material que obstuía la perforación y separaba el mundo conocido de aquel más allá subterráneo; todos estos aspectos integraban los condimentos que marcaban la agenda mediática.

Los 33 mineros estuvieron bajo tierra desde el 5 de agosto y hasta el 13 de octubre de 2010.

Abrazados, llorando, unidos en oraciones y súplicas o dándose fuerza entre sí, de este lado de la perforación también estaban los familiares y amigos más cercano de los 33. Y, casi a contrarreloj, las autoridades del Gobierno y empresas privadas llevaban adelante cuanta estrategia tuviesen a su alcance con la idea de devolver a la superficie a los mineros, que ya habían dejado de ser meros trabajadores para convertirse en el motivo de preocupación de todo un planeta.

“Estamos bien los 33”

Cuando habían transcurrido 17 días del derrumbe y del posterior inicio del operativo rescate; llegó la primera de las noticias más esperadas. La foto del presidente Sebastián Piñera sosteniendo un folio plástico A4 con un papel desprolijamente recortado y donde se leía: “Estamos bien en el refugio los 33” no tardó en ser portada en todos los medios, ser la presentación de todos los noticieros. Minutos antes de que se difundiera la icónica imagen, el domingo 22 de agosto de 2010, los encargados de comandar las exploraciones para el rescate habían logrado concretar la primera parte de una misión que recién comenzaba: dar con los mineros. Ellos escribieron el mensaje y lo hicieron llegar a la superficie.

La noticia de que estaban todos vivos y -en términos generales- en buen estado de salud significó un alivio clave: así como fue para los mineros reabastecerse de víveres comestibles y líquidos. Pero faltaba lo más importante -y difícil aún-: devolver a los hombres a la superficie.

El rescate

Transcurrieron 52 días más desde ese momento en que se logró dar con los trabajadores hasta que finalmente lograran regresar a su lugar en el mundo: la superficie. Fueron 52 días de estar en permanente comunicación y acompañamiento con profesionales médicos y con quienes hacían de nexo entre ambos “mundos”. El rescate no sería fácil, y debían reforzarse las perforaciones realizadas especialmente para el rescate antes; no solo para que ingresen de a uno los rescatados, sino para que sean lo suficientemente seguras y que no se registren nuevos derrumbes. Los encargados del rescate pusieron en práctica un meticuloso protocolo inspirado en recomendaciones de la NASA.

Durante los primeros minutos del miércoles 13 de octubre de 2010 se devolvió a la superficie al primero de los mineros atrapados. Luego, con un ritmo estimado de a uno por hora, se fueron sumando los otros trabajadores; hasta que finalmente regresaron todos. En total, se invirtieron cerca de 29 millones de dólares en el rescate.

En cuanto a su repercusión mediática y pública, se convirtió en el evento con mayor cobertura y tuvo entre 1.000 y 1.300 millones de telespectadores. Solo ha sido superado por el funeral de Michael Jackson en 2009; mientras que el rescate de los mineros casi que triplicó a los 400 millones de espectadores que siguieron la misión del Apolo XI de 1969.

La historia de los mineros llegó a la pantalla grande en 2015, la misma semana en que se cumplieron cinco años del accidente. De la mano de la directora mexicana Patricia Rigger, “Los 33″ fue el nombre de la cinta que reflejó el incidente y los casi 70 días posteriores hasta su liberación; y que tiene a Antonio Banderas en el protagónico de uno de los trabajadores.