¿Cuántos sueñan con cambiar el mundo? Sobre todo cuando se es joven, el ímpetu y la ilusión intactas. En Mendoza, está todo preparado para que 250 estudiantes de secundaria debatan temas internacionales al estilo de Naciones Unidas.
El encuentro Uniendo Metas es organizado por la Fundación Conciencia junto con la DGE. De qué se trata la propuesta.
¿Cuántos sueñan con cambiar el mundo? Sobre todo cuando se es joven, el ímpetu y la ilusión intactas. En Mendoza, está todo preparado para que 250 estudiantes de secundaria debatan temas internacionales al estilo de Naciones Unidas.
Será en el marco de la tercera edición del encuentro Uniendo Metas Mendoza, una iniciativa de Asociación Conciencia, que convocará también a docentes y voluntarios.
El centro neurálgico del encuentro será el Centro de Congresos y Exposiciones, los días 21 y 22 de agosto. Bajo la metodología de los Modelos de Naciones Unidas, pondrá en el centro de la escena a alumnos de 12 escuelas secundarias de 6 departamentos: Ciudad de Mendoza, Luján de Cuyo, Maipú, San Martín, San Rafael y Guaymallén.
Durante dos jornadas intensas, los estudiantes asumirán el desafío de representar a distintos países para debatir los temas más complejos de la agenda internacional. Para lograrlo, deberán investigar, argumentar, escuchar posiciones diferentes, negociar y construir consensos, en un ejercicio formativo que apunta a desarrollar la oratoria, el pensamiento crítico, el trabajo en equipo y el liderazgo positivo.
El motor detrás de este despliegue radica en el protagonismo del voluntariado joven. Una de las claves que explica el crecimiento de la propuesta es que muchos de los organizadores actuales vivieron la experiencia años atrás como alumnos y hoy eligen regresar para coordinar el evento.
Este equipo de voluntarios trabaja durante meses en la preparación del encuentro, las capacitaciones, el acompañamiento a las delegaciones y la logística de cada actividad, transformándose en verdaderos multiplicadores del proyecto.
La propuesta cuenta con el apoyo de la Dirección General de Escuelas (DGE) y la Universidad de Congreso, además del acompañamiento de los Municipios de Maipú y Luján de Cuyo.
Esta organización de la sociedad civil tiene más de cuatro décadas de historia. Voluntarios en toda Argentina trabajan para fortalecer trayectorias cívicas, educativas y laborales mediante el fomento de habilidades que permitan a los más jóvenes desarrollarse plenamente y contribuir a una sociedad más democrática e inclusiva. Así, los voluntarios trabajan ayudando a jóvenes en la terminalidad educativa, en formación e intermediación laboral y emprendedurismo y en accedo de derechos de niños que viven en la ruralidad, entre otras acciones.
La organización trabaja sobre seis ejes: terminalidad educativa, emprendedurismo, inserción laboral, participación ciudadana, fortalecimiento de organizaciones de base y acceso a derechos en la ruralidad. “Parecen re-difíciles, pero están todas enfocadas en generar un vínculo territorial con los chicos para acompañarlos en sus trayectorias de vida”, explicó a Los Andes Silvana Vives, presidenta nacional de la entidad. El objetivo, sintetiza, es “darles herramientas para que puedan elegir su proyecto de vida”.
El alcance es masivo y los resultados se plasman en vidas que logran cambios radicales. “El año pasado pasaron por programas nuestros 100.000 chicos en 21 provincias”, destacó. Y sumó una cifra aún más contundente: “Después de un relevamiento descubrimos que pasaron por programas nuestros dos millones de chicos”.
Cuentan con una red federal de más de 1.100 voluntarios de 24 localidades del país, que impulsan el cambio desde sus propias comunidades.
La selección de los estudiantes que participan comenzó hace meses. A principios de año se invita a los diferentes colegios secundarios, tanto públicos como privados, para que puedan hacer llegar la propuesta a los alumnos interesados en participar. Los colegios deben proponer delegaciones de 5 o 3 participantes que deseen formar parte del encuentro. La convocatoria es abierta y busca justamente que se encuentren y trabajen juntos jóvenes de distintas escuelas y realidades, porque parte del valor del programa está en el intercambio desde la diversidad y en movilizar a los chicos por intereses comunes, más allá de su punto de partida.
“El objetivo del encuentro es generar un espacio en el que chicos y chicas de nivel secundario puedan aprender a debatir, cooperar e implementar un liderazgo positivo”, explicó a Los Andes Manuela Mounier, referente de la asociación en Mendoza. “Se trata de un programa del Eje de Educación de Asociación Conciencia, cuyo propósito de fondo es la formación ciudadana: despertar en los jóvenes la conciencia de su condición de ciudadanos, con los derechos y responsabilidades que eso implica”, detalló.
Tal cual explicó, la idea es que al generar espacios de debate, el encuentro busca que los participantes ejerciten habilidades para la vida y comprendan que la participación ciudadana no se agota en el voto, sino que es una práctica cotidiana que aporta a construir una sociedad más justa y democrática.
Durante el encuentro los participantes se ponen en el papel de un delegado o embajador de un país miembro de Naciones Unidas, y debaten diferentes tópicos de la agenda mundial con el objetivo de llegar a un consenso en distintos órganos. En el caso de Uniendo Metas Mendoza, los órganos representados son la Asamblea General, el Consejo de Seguridad y el órgano ficticio de Sala de Tratados Internacionales. A lo largo del proceso investigan la posición del país que les toca, redactan y negocian, y muchas veces tienen que defender una mirada distinta a la propia. Eso los lleva a ejercitar la oratoria, el pensamiento crítico, la investigación, el trabajo en equipo y la resolución de conflictos, además de la empatía y la tolerancia hacia las distintas idiosincrasias que conviven en el escenario global.
En relación al hecho de que sea "basado en la metodología de Naciones Unidas", Mounier explicó que hace referencia a que se toma la estructura y el objetivo de la organización internacional para que los participantes puedan desarrollar las habilidades blandas necesarias para un buen análisis crítico y el ejercicio de una ciudadanía activa. “La particularidad está en que es una metodología activa de aprendizaje: a través del juego de roles (role playing), el estudiante deja de ser un receptor pasivo y pasa a ser protagonista de su propio aprendizaje”, refirió. Apuntó que al representar a un país sobre problemáticas reales, el joven aprende haciendo, aplica los conocimientos a situaciones concretas y desarrolla competencias cívicas y socioemocionales —comunicación, diplomacia, negociación, liderazgo colaborativo— que difícilmente se trabajan del mismo modo en el aula tradicional. “Es un ‘saber hacer’ comprometido y crítico que los prepara tanto para su vida personal como para su futuro académico y profesional”, resumió.