Un grupo de estudiantes de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, desarrolló un robot autónomo capaz de combatir malezas mediante electricidad, sin necesidad de pulverizar herbicidas. El prototipo se desplaza por su cuenta entre cultivos y aplica pequeñas descargas sobre las plantas que busca eliminar, una combinación que terminó ganando el máximo reconocimiento del Farm Robotics Challenge.
El equipo se impuso el 21 de mayo frente a otros 95 proyectos participantes y recibió un premio de US$50.000.
Lo más interesante es que los estudiantes no se limitaron a automatizar una tecnología existente: trabajaron durante cuatro meses para conseguir un sistema eléctrico de menor consumo, pensado específicamente para viñedos y frutales.
El robot reconoce el recorrido y trabaja sin una persona al volante
La máquina fue diseñada para avanzar autónomamente entre las hileras de árboles o vides, sin que un operador tenga que acompañarla durante todo el trabajo.
Mientras circula, el sistema permite aplicar electricidad de manera localizada sobre las malezas que compiten con los cultivos por agua y nutrientes.
Ese último punto puede resultar especialmente importante para productores orgánicos. Actualmente, muchas explotaciones recurren a corte mecánico, desmalezado manual o cobertura del suelo, métodos que demandan bastante trabajo y que deben repetirse cuando las plantas vuelven a crecer.
El agricultor Steve Selin, propietario de South Hill Cider y uno de los productores que aportó información al proyecto, explicó a Cornell que durante mayo y junio las malezas pueden competir intensamente con los árboles. Si el cultivo atraviesa demasiado estrés, incluso puede terminar perdiendo parte de sus frutos.
Por qué usaron electricidad en lugar de herbicidas
Los sistemas de desmalezado eléctrico ya existen. El problema, según Andrew James, líder del equipo, es que muchos necesitan un operador, consumen bastante energía y cuestan alrededor de US$150.000 en promedio, un monto difícil de afrontar para explotaciones pequeñas. Esa cifra corresponde a la estimación aportada por el propio estudiante a Cornell.
El grupo estudió esas máquinas y desarrolló una alternativa que busca usar menos energía y funcionar autónomamente.
La descarga se aplica sobre la maleza para dañarla y evitar recurrir a productos químicos sobre esa zona del cultivo.
Esto no significa que el robot ya pueda sustituir los herbicidas en cualquier explotación. Se trata todavía de un prototipo que debe ser validado con productores, mejorar su tecnología y demostrar cómo responde durante períodos prolongados en condiciones agrícolas reales.
Del proyecto universitario a una posible empresa agrícola
Después de ganar la competencia, James, Natalia Kurz y Michael Neiss decidieron convertir el proyecto en Rootline Robotics.
El premio de US$50.000 será utilizado para continuar el desarrollo y la empresa tecnológica Reservoir ofreció incorporar al nuevo emprendimiento a su incubadora de Sonoma, California.
El equipo reúne estudiantes de ingeniería biológica, eléctrica, informática y mecánica, además de ciencias agrícolas.
Esa combinación fue necesaria porque el robot debe resolver simultáneamente navegación, reconocimiento del entorno, movimiento mecánico y aplicación precisa de electricidad.