16 de marzo de 2026 - 10:47

El pueblo donde no hay asfalto ni postes de luz y la luna ilumina una de las 10 playas más hermosas del mundo

En el nordeste de Brasil. Conserva calles de arena, noches con baja iluminación y un paisaje de dunas, mar y lagunas que la volvió un destino de culto.

Hay lugares que parecen inventados para desconectar del mundo, y Jericoacoara es uno de ellos. En la costa de Ceará, al noreste de Brasil, este pueblo de espíritu rústico sigue sorprendiendo por algo que en otros destinos ya desapareció: calles de arena, poca intervención urbana visible y noches en las que el cielo gana protagonismo sobre cualquier farol.

Un rincón de Brasil que todavía conserva su aire salvaje

A unos 300 kilómetros de Fortaleza, Jericoacoara se convirtió en uno de los destinos de playa más buscados del país, pero sin resignar del todo su identidad original.

El pueblo donde no hay asfalto ni postes de luz y la luna ilumina una de las 10 playas más hermosas del mundo (1)

Un paraíso natural que mezcla deportes acuáticos, ambiente relajado e historia de antigua villa de pescadores. En la práctica, eso se traduce en una postal distinta: no hay avenidas pavimentadas ni el ritmo de una ciudad balnearia convencional; lo que domina son la arena, el viento y el silencio.

Uno de sus rasgos más llamativos aparece cuando cae la noche. El sitio oficial de promoción turística de Brasil señala que Jericoacoara no tiene iluminación pública nocturna, y que la luz se mantiene baja para preservar el espectáculo del cielo estrellado. Esa decisión, sumada a sus calles arenosas, ayuda a sostener el encanto rústico que hizo famoso al destino.

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La playa, las dunas y el atardecer que hicieron famoso a Jericoacoara

La aldea está rodeada por el Parque Nacional de Jericoacoara, un área protegida con playas, campos de dunas, lagunas temporarias y formaciones rocosas que la volvieron una parada obligada del turismo brasileño.

Entre sus íconos aparecen la Pedra Furada, el Serrote y la célebre Duna do Pôr do Sol, desde donde turistas y vecinos se reúnen cada día para ver cómo el sol cae sobre el mar. No es un detalle menor: el propio ICMBio, organismo brasileño de conservación, destaca que la bahía orientada al oeste permite contemplar ese espectáculo diariamente.

La fama internacional de Jeri no nació ayer. Distintas referencias turísticas recuerdan que el destino quedó asociado desde hace décadas a una selección de las playas más bellas del planeta. Es una de las playas brasileñas más codiciadas por viajeros que buscan naturaleza y experiencias únicas.

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Qué se puede hacer en Jericoacoara además de mirar la luna sobre el mar

El lugar no vive solo de la contemplación. Según la información oficial del parque, allí se pueden hacer caminatas por las dunas, baños de mar, paseos en buggy, ciclismo, cabalgatas y actividades náuticas como kitesurf, windsurf, surf y stand up paddle.

También aparecen excursiones a manglares y paseos para observar caballitos de mar en el entorno del río Guriú, además de salidas hacia la Lagoa do Paraíso y otros puntos cercanos.

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Llegar también forma parte de la experiencia. Desde Fortaleza se avanza por ruta hasta Jijoca de Jericoacoara y luego queda un último tramo de camino de tierra y arena hasta la villa, rodeada por el parque.

Tal vez por eso, pese a su fama global, Jericoacoara todavía conserva algo raro en el turismo masivo: la sensación de que el paisaje manda más que la infraestructura. Y ahí está, justamente, su mayor atractivo.

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