Cesio-137
El material está guardado en un blindaje de plomo.
Una de sus características principales es la capacidad de emitir radiación gamma, lo que permite su uso en aplicaciones médicas e industriales.
El médico toxicólogo Francisco Dadic, presidente de la Fundación Argentina de Toxicología, explicó a Infobae que el elemento radiactivo se usa, como otros radioisótopos, en medicina nuclear, para calibrar equipos, entre otros usos. Y explicó que puede afectar la salud porque, como otras fuentes radiactivas, emite radiaciones ionizantes capaces de penetrar los tejidos y producir alteraciones celulares.
Qué dijo el Gobierno Nacional sobre el caso del cesio
A través del usuario de X Oficina de Respuesta Oficial, el Gobierno salió a aclarar la situación y minimizar el riesgo de la sustancia robada en Rosario. El espacio fue creado por la gestión para cuestionar publicaciones de los medios y así lo hizo, apuntando directamente a uno y, por efecto rebote, al resto.
“La fuente, con una actividad estimada en torno a los 65 microcuries en la actualidad —a partir de un cálculo que surge de los 103 microcuries registrados en 2007—, se encontraba en forma de gel, contenida en un envase de plástico transparente y resguardada dentro de su blindaje de plomo al momento del faltante. ESTO NO PRESENTA UN PELIGRO GENERALIZADO A LA POBLACIÓN Y SU CAPACIDAD DE DAÑO ES PRÁCTICAMENTE NULA”, subraya la publicación.
Para el Gobierno, no puede compararse con el accidente de Goiânia de 1987 y consideró tal cosa “maliciosa”.
“Primero, la fuente involucrada en Goiania estaba en forma de polvo y estaba fuera de su blindaje. Además, presentaba una actividad del orden de 1.375 curies al momento del incidente, equivalente a más de mil millones de microcuries, y su contenido se dispersó tras la ruptura de la cápsula. La diferencia de escala respecto de la fuente de Rosario supera las 20 millones de veces en términos de actividad radiactiva”, aclara.
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Asimismo recuerda que “la ARN informó que el riesgo radiológico es muy bajo, activó los protocolos de emergencia y difundió instrucciones precisas para la población en caso de hallazgo”.
El comportamiento del Cesio-137 según los expertos
De acuerdo con un informe de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, actualizado en enero, el cesio (símbolo químico Cs) es un metal blando, flexible y de color blanco plateado que se vuelve líquido cerca de la temperatura ambiente, pero se une fácilmente a los cloruros para formar un polvo cristalino.
La forma radiactiva más común del cesio es el Cs-137, el cual se produce mediante la energía nuclear (fisión). Se utiliza en dispositivos médicos y medidores, y también es uno de los subproductos de los procesos de fisión nuclear en reactores nucleares y en pruebas de armas nucleares.
Debido a que el Cs-137 se une a los cloruros para formar un polvo cristalino, reacciona en el medio ambiente como la sal de mesa (cloruro de sodio):
- El cesio se desplaza fácilmente por el aire.
- El cesio se disuelve fácilmente en agua.
- El cesio se adhiere fuertemente al suelo y al hormigón, pero no penetra muy profundamente bajo la superficie.
- Las plantas y la vegetación que crecen en suelos contaminados o cerca de ellos pueden absorber pequeñas cantidades de Cs-137 del suelo.
- En el medio ambiente se pueden encontrar pequeñas cantidades de Cs-137 procedentes de armas nucleares y de accidentes en reactores nucleares.
Usos e impacto en la salud
El cesio-137 se utiliza en pequeñas cantidades para la calibración de equipos de detección de radiación. En cantidades mayores, el Cs-137 se utiliza en dispositivos de radioterapia médica para el tratamiento del cáncer, medidores industriales que detectan el flujo de líquido a través de tuberías y otros dispositivos industriales que miden el grosor de materiales como papel o láminas de metal.
Sin embargo, las advertencias médicas respecto de su exposición son severas cuando se trata de grandes cantidades: puede causar quemaduras, síndrome de irradiación aguda e incluso la muerte. Dicha exposición podría deberse al manejo inadecuado de una fuente industrial potente de Cs-137, a una detonación nuclear o a un accidente nuclear grave. Aunque en circunstancias normales no se encuentran grandes cantidades de Cs-137 en el medio ambiente, el peligro acecha si se vulneran los blindajes.
La entidad refiere que la exposición al Cs-137 puede aumentar el riesgo de cáncer debido a la presencia de radiación gamma de alta energía. Por su parte, la exposición interna al Cs-137 por ingestión o inhalación permite que el material radiactivo se distribuya en los tejidos blandos, especialmente en el tejido muscular, lo que incrementa exponencialmente el riesgo de desarrollar la enfermedad. Por lo pronto, las autoridades continúan con la búsqueda de la cápsula mientras se mantienen bajo estricto protocolo de seguridad y llevan tranquilidad a la población para no generar inquietud.
El antecedente de Brasil de contaminación con cesio-137:
Para contextualizar la alerta actual, es inevitable remontarse a septiembre de 1987, cuando la ciudad brasileña de Goiânia fue escenario del que ha sido calificado como el mayor accidente radiactivo de la historia fuera de una instalación nuclear. Más porque muchos lo tienen en mente por la serie.
Brasil contaminación cesio-137
Contaminación con cesio-137: el enorme trabajo de descontaminación posterior al caso ocurrido en Goiânia, Brasil, en 1987. Foto: BBC
Foto BBC
Un informe de la BBC de hace unos años da cuenta de los detalles. Todo comenzó cuando dos recolectores de basura, Wagner Pereira y Roberto Alves, ingresaron a un hospital abandonado y desmontaron una pesada máquina de radioterapia utilizada para tratamientos contra el cáncer. Sin medir las consecuencias, trasladaron la pieza en carretilla hasta su hogar y, usando destornilladores, forzaron la caja de plomo. En su interior hallaron un cilindro con 19 gramos de cesio-137 altamente radiactivo, el cual vendieron a un depósito de chatarra.
A los pocos días, los síntomas no tardaron en aparecer en los recolectores: vómitos, diarrea y mareos que los médicos locales confundieron inicialmente con alergias alimentarias. Sin embargo, el verdadero punto de inflexión ocurrió cuando el dueño del desguace, Devair Ferreira, descubrió un fascinante brillo azul que emanaba de la cápsula. Cautivado por lo que creyó que era una sustancia valiosa o sobrenatural, extrajo fragmentos del polvo y los distribuyó entre amigos y familiares. En vísperas de Carnaval, muchos llegaron a frotárselo en la piel.
La tragedia se consumó cuando Ivo Ferreira, hermano del comerciante, llevó restos del material a su casa. Su hija de seis años, Leide das Neves Ferreira, tocó el polvo brillante mientras almorzaba.
Poco después, decenas de personas comenzaron a enfermar gravemente, presentando fiebre alta y pérdida de cabello
La sospecha de María Gabriela Ferreira, esposa del chatarrero, llevó a que un físico examinara el dispositivo con un detector de radiación, descubriendo niveles alarmantes en toda la zona. El pánico se desató: más de 110.000 personas fueron evaluadas y 249 resultaron con contaminación significativa.
La situación obligó a improvisar refugios para aislamiento y donde los afectados debían bañarse cada media hora con agua, vinagre y jabón de coco.
El desastre dejó un saldo de 6.000 toneladas de desechos radiactivos y cuatro muertes directas, entre ellas la de la pequeña Leide. Casi una década después, en 1996, cinco responsables de la clínica abandonada fueron condenados a prisión por homicidio, dejando una dolorosa lección global sobre los peligros del desecho inadecuado de material médico nuclear.