Él crea piezas únicas con madera. Ella da color. Él lija y ensambla. Ella aporta la pincelada y el detalle. Se encuentran todos los días en el taller, en el patio de su casa.
Un matrimonio fabrica juguetes con trozos de madera de descarte, y los regalan a niños de la zona. Víctor y Nidia llevan 53 años creando juntos.
Él crea piezas únicas con madera. Ella da color. Él lija y ensambla. Ella aporta la pincelada y el detalle. Se encuentran todos los días en el taller, en el patio de su casa.
Víctor Méndez (81) trabaja en su taller. Ahí corta y ensambla juguetes de madera hechos con pedazos que otros descartan. A su lado, su compañera de vida, Nidia Arriagada (83), se encarga de la pintura. Ella es la de la mirada detenida, corrige detalles e iguala tonos. Todo transcurre en su casa de Colonia Las Rosas, Tunuyán (Mendoza).
Fiel al estilo Geppetto (el papá de Pinocho), la pareja fabrica y pinta juguetes de madera. Artesanales, únicos. Cada día trabajan en el taller que tienen en el patio de su casa y, una vez terminados, los regalan a los niños que encuentran al paso. Lo hacen desde hace años, sin vender, sin intercambiar. Siendo, tal vez, la revancha a las infancias humildes que atravesaron. En esas en donde los juguetes no entran, no caben.
Su historia trascendió y un canal de televisión nacional presentó su historia hace unos días.
Hace 53 años que esta dupla va a todos lados junta, van juntos a la par. Él nació en Villa Seca y, siendo muy chico, su familia decidió mudarse a Colonia Las Rosas. Ella nació en el departamento vecino, San Carlos, y también llegó al distrito de niña.
Los dos son de familias numerosas; Nidia es una de siete hermanos y Víctor uno de diez. Coinciden también en algo más: sus infancias fueron distintas a las actuales. Crecieron entre responsabilidades, tareas y trabajos que empezaron demasiado temprano. Lo lúdico, reconocen, quedó en segundo plano.
Se encontraron y formaron familia en Colonia Las Rosas, construyeron hogar junto a sus hijos. Trabajaron toda la vida. Cuando Víctor se jubiló, comenzó a ir a la carpintería de uno de sus hermanos, pero como no lo dejaban hacer trabajos pesados para cuidarlo, terminó dejando el lugar. Fue entonces cuando decidió armar su propio taller en casa. Su hermano, que tiene otra carpintería, le guarda siempre las maderas sobrantes: maderitas, retazos; todo aquello que en otras carpinterías se quema o se tira.
Víctor empezó haciendo autos, porque siempre le gustó la mecánica, aunque solo la practicó con sus autos y arreglando lo que podía. Después vinieron los barcos, aviones, sillitas, mesitas, casitas, carretas y sulquis, que son los que más hace. Siempre encuentra la forma de reinventarse y de probar con algo nuevo. Nidia lo ayuda pintando cada pieza.
Según su hijo, Jorge Luis, para Víctor este trabajo “tiene un sentido terapéutico, lo mantiene en actividad creativa y sensoriomotora”. Su rutina es firme: “se levanta, desayunan juntos, salen a caminar y enseguida él se va al taller, que está en el patio. Luego almuerzan, hace una siesta y vuelve a trabajar otra vez” describe Jorge Luis Méndez.
Y a través de los ojos de Luis, su hijo, los describe desde el amor profundo, pero también reconociendo en ellos el ‘ser’ creativos. “Mi mamá cosía para afuera, así que nuestra ropa la hacía ella, igual que camperas y pulóveres tejidos; bordaba, pintaba, cocinaba todo casero y rico… ¡Madre súper completa!”, cuenta. “Ahora sigue igual: sale a caminar, va a yoga y pinta con mi papá. Llevan 53 años de casados”.
“Éramos 10 hermanos, muy humildes. Yo era de los más grandes, tuve que empezar a trabajar, pero siempre llevé en el alma ser mecánico o hacer juguete” cuenta Victor al enunciar que en su contexto, donde vivió la infancia, “trabajar” llegaba antes que “jugar”.
Pero, como quien le gana al tiempo en el reloj, Víctor puso en pausa la infancia durante décadas, hasta la jubilación. Y así lo explica. “Lo hago con la ayuda de mi hermano que tiene carpintería y me da las tablas… No te voy a decir que voy a comprar porque te miento. Hago de los requechos”.
Los juguetes nacen de esa madera sobrante. Así nacen autitos, otras carretas o tractores. “He hecho carretas con bueyes, tractores, autitos, sulquis, carros y la colección de los Picapiedras”, enumera don Méndez. Es en esta enumeración, que la primera pieza adquiere una carga emotiva particular. “El primer juguete que hice hará unos seis años, fue un auto. Yo le puse Rolls-Royce, y a ese no lo regalo por nada del mundo”.
Y en esa última afirmación, surge la pregunta inevitable. ¿Por qué regalar juguetes?. “Como yo no los tuve, hoy que puedo hacerlos y hacer felices a todos los niños lo elijo, bajarme del autito que tengo y hacerles elegir un juguete, sin costo ninguno”.
Ahí aparece una secuencia repetida en Colonia Las Rosas: Víctor estaciona, abre el baúl y les ofrece elegir. “Ando por la calle, abro el baúl y digo: 'elijan”. Él mismo reconoce el impacto que eso le genera: “Me siento más grande que el que tiene más plata de mi pueblito, porque soy feliz viendo feliz a un niño”.
Para él, fabricar uno o dos juguetes por día no es una obligación: es una forma de estar bien.
“Los añitos no son los mismos. Así que es una terapia para mí hacer uno, dos juguetes por día”, cuenta. Y también es una forma de agradecer; La resiliencia. “Lo que yo siempre anhelé tener y hacer, no pude porque tenía que trabajar primero para ayudar a mi padre… Hoy puedo dormir en el gusto”, piensa en voz alta.
A su lado, Nidia completa cada pieza con pintura y detalles. Ella lo explica: “Yo le ayudo a pintar porque por ahí quedan algunos errores. Él pinta rápido y yo lo corrijo”. Pero la pintura es, a veces un desafío económico. “Cuando cobramos, tratamos de que nos quede un pesito para comprar un tarrito de pintura”, confiesa.
Cada noche vuelven a las maderas que esperan en el taller: “Mayormente en las noches después de cenar nos ponemos a pintar, y nada más”, reconocen.
Fue uno de sus hijos, Jorge Luis, quien en 2023 compartió en Facebook algunas fotos de los juguetes de madera que su padre fabricaba en el taller del patio. Según cuenta, esa publicación llegó a una periodista y panelista de televisión, quien la vio y los invitó a su programa matutino.
A partir de esa aparición, Infobae publicó una nota sobre ellos. Ese artículo, más tarde, funcionó como un puente hacia otro medio nacional. Y cual efecto dominó, Jorge Luis lo recuerda así. “La producción de 'Malnatti a Dedo', de TN, dio con esa nota de Infobae y me contactaron a mí”.
Antes de lograr el contacto directo, hubo incluso un episodio que revela el vínculo de la pareja con su comunidad: “Previo a eso, llamaron a la farmacia de Colonia Las Rosas preguntando por mis papás. Ellos dijeron que los conocían, pero con mucha prudencia no le dieron a la producción el número de mi mamá, sino el mío”, dice Jorge.
Finalmente, este fin de semana, la producción de Daniel Malnati fue recibida en Colonia Las Rosas, en la casa de los Méndez, entre empanadas, parrales y juguetes de madera.