Iván Lopreste tiene 33 años y nació en Mendoza, Argentina. Actualmente vive en Roskilde, Dinamarca. Su historia en el país europeo comenzó gracias a su deseo de ser jugador de fútbol a nivel profesional.
Iván Lopreste dejó Mendoza para probar suerte como futbolista en Europa. Llegó a Dinamarca sin contactos ni hablar el idioma. Hoy es el líder de 4 empresas.
Iván Lopreste tiene 33 años y nació en Mendoza, Argentina. Actualmente vive en Roskilde, Dinamarca. Su historia en el país europeo comenzó gracias a su deseo de ser jugador de fútbol a nivel profesional.
En el año 2019, Iván -o como muchos lo llaman “Vancho”-, viajó a Dinamarca con el objetivo de sumarse a un club y continuar con su carrera deportiva. Hasta el momento, él jugaba en un club de Junín (Mendoza) y, además, había tenido una experiencia previa en un club de Irlanda, en 2017 y que había despertado en él definitivamente el deseo de probar suerte en el exterior.
Antes de emigrar, trabajaba como capacitador para Motorola, donde tenía a cargo equipos de venta y locales comerciales. “Estaba muy contento con ese trabajo, incluso lo extraño”, reconoce. Sin embargo, con 24 años decidió apostar por emprender un nuevo viaje.
La decisión de comenzar a desempeñarse en el fútbol profesional en Dinamarca tuvo que ver con una investigación acerca de las exigencias migratorias, ya que Iván no contaba con pasaporte europeo. A pesar de no conocer a nadie ni saber cómo era el clima -y ni siquiera hablar el idioma-, "Vancho" decidió “mandarse de una, confiado”. Incluso comenzó en la búsqueda de su próximo club en Dinamarca, envió videos y currículum deportivo.
En un primer momento, estaba encaminada su incorporación a un club de una categoría más alta, donde -incluso- esperaba firmar contrato. Sin embargo, durante la espera de la habilitación de los papeles y del inicio de la temporada (que estaba interrumpida por el receso invernal), surgió una nueva oportunidad que lo llevó a replantear su destino.
Su suerte, según comenta, se comenzó a definir en el lugar donde estuvo hospedado, un barrio muy alejado de Copenhague, la capital danesa. Allí conoció al presidente de un club joven, llamado FC Kalundborg, con apenas dos o tres años de existencia y que estaba en pleno proceso de formación.
“Mientras esperaba a que me salieran los papeles para el otro club, me contacté con él y me comentó que quería armar un clubcito para empezar a ascender. Estaba en una categoría bastante baja. Pero le dije, 'Bueno, dale'", recuerda Iván.
Con respecto a qué lo motivó a cambiar de decisión, comentó: “Yo tenía que ir a otro club, de una categoría mucho más alta y más serio. Pero justo cuando llegué a Dinamarca, el fútbol entró en el receso invernal y no se podía entrenar ni competir”, explica. Ante ese escenario, la propuesta del nuevo club terminó de convencerlo.
En la categoría en la que jugaba el nuevo equipo de Lopreste, los entrenamientos eran menos y, en general, se realizaban por la noche. Esto le permitió a Iván poder contar con las mañanas y los fines de semana para realizar otro tipo de actividades. En ese momento, conoció a un ayudante de campo del club , quien le propuso realizar trabajos paralelos. "Los laburos que obviamente hace una persona que no habla el idioma o que es inmigrante”, reconoce.
“Yo también, así como le llevaba jugadores al club, le acercaba trabajadores al presidente”, cuenta. Con el tiempo, esa capacidad para conectar personas empezó a ser vista por los demás. “Ahí vio que yo tenía facilidad para reclutar”, recuerda.
A pesar de que podría considerarse un cambio repentino o abrupto, Iván explica que su paso al ámbito empresarial fue “tranquilo y simplemente fluyó”. Antes de dedicarse de lleno al fútbol ya había trabajado en roles vinculados a la gestión, el liderazgo de equipos y el trato con clientes.
“Mis trabajos siempre estuvieron relacionados, de alguna u otra manera, con lo que hago ahora”, señala. Esa experiencia previa fue la que luego trasladó al fútbol y, más tarde, al desarrollo de sus propios proyectos.
Hoy, con 33 años, lidera cuatro empresas en Dinamarca. En una de ellas es el único dueño y es del rubro de alquiler de autos, mientras que en las restantes está acompañado por su socio, quien es de Dinamarca. Tres de esos proyectos están vinculados a “rentar” personal para distintos rubros. Lejos de ser como las consultoras tradicionales -y que mayormente ofrecen contratos temporales-, aquí apuntan a vínculos laborales más estables y de largo plazo.
Su rol como reclutador sigue siendo central. La misma habilidad que utilizó para acercar futbolistas argentinos a clubes daneses es la que hoy aplica para conectar trabajadores con empresas. “La vida del futbolista es corta”, reflexiona. “Cuando pasás los 25 o 26 años y no estás en un club con proyección a largo plazo, empezás a pensar en otra cosa”, agrega.
Así, el sueño inicial de jugar al fútbol en Europa terminó transformándose en un camino inesperado, donde la experiencia, el liderazgo y la capacidad de generar redes se convirtieron en el eje de su presente profesional.
Iván, a pesar de vivir desde hace seis años en Dinamarca, constantemente expresa su deseo de volver a Argentina. “Debo ser el mendocino que se fue del país y más extraña Mendoza”, expresa. Incluso comparte su fantasía de poder realizar su trabajo a la distancia: “Es mi deseo, poder dejar todo organizado desde Dinamarca manejarlo por teléfono y viajar cada tanto”, explica. Sin embargo, enfrenta un gran obstáculo: “El cambio horario te mata, habría que reorganizar todo para poder comunicarme bien”, reconoce.
Además habla sobre la posibilidad de armar sus negocios en Argentina. Porque Iván siente que todo lo que logró construir en Dinamarca, sin siquiera saber el idioma y sin tener contactos, podría -incluso- hacerlo mejor en Argentina.
“Acá, por suerte, tengo a mi socio. Muchas cuestiones administrativas, trámites grandes o temas de recursos humanos los maneja él, porque conoce el sistema y tiene contactos. Eso mismo que a mí me pasaría en Argentina”, compara.
De hecho, en uno de sus viajes de visita a Argentina, antes de regresar definitivamente a Dinamarca, estuvo muy cerca de quedarse. Había vuelto a Mendoza con la idea de establecerse y, junto a unos amigos, había emprendido un proyecto gastronómico: una barra móvil y food trucks para eventos.
“Casi no vuelvo”, admite. Sin embargo, una charla con quien hoy es su socio volvió a cambiar el rumbo. “Me habló de sus planes de crecimiento, de expansión, de todo lo que quería hacer. Me propuso que forme parte, y volví”, cuenta. Con el tiempo, ese regreso derivó en la apertura de nuevas empresas y además la negociación del recibimiento de sus hermanos en el país y la empresa.
Con respecto a lo que más extraña, es muy claro: “la comida es el top uno”. Además, resalta la importancia de los afectos. Sin embargo, asegura que hay aspectos de la vida en Dinamarca que lo hacen sentirse seguro de su decisión, especialmente la seguridad.
“Yo dejo el auto con las llaves puestas. No recuerdo la última vez que le puse llave a la casa. Nos hemos ido todo un fin de semana y no pasa nada”, relata.
Iván en varias ocasiones ha recibido preguntas o búsquedas de consejos de las personas que piensan en emigrar y en todos los casos la respuesta es la misma: “Hay que hacerlo”, expresa con seguridad.
Cree que la experiencia vale la pena, incluso sabiendo que muchos, con el tiempo, desean volver. “El 70 u 80% de la gente que vive afuera hace años se volvería si Argentina estuviera mejor”, asegura. Pero insiste: probar, animarse y vivir la experiencia es algo que recomienda sin dudar. Incluso asegura que no importa el título que uno tenga, la experiencia o incluso su objetivo en el lugar, porque según expresa, tal y como le pasó a él , en un nuevo destino uno puede encontrar nuevas motivaciones.