En un país donde la Psicología tiene “buena prensa”, va en aumento la demanda de salud mental y consultar a un profesional se ha instalado como la respuesta ante cualquier malestar de la vida cotidiana, se ha construido una especie de mito: todos deberíamos hacer terapia.
Sin embargo, las psicoterapias no son para cualquiera, no resuelven crisis económicas ni se extienden de manera indefinida. La licenciada en Psicología Florencia Chiófalo pasó por los estudios de radio Aconcagua para desmitificar la universalización de la consulta psicológica, poner la lupa sobre los criterios técnicos reales para iniciar un proceso y recordar que el paciente tiene derechos amparados por la ley.
“Hay un mito de que todo el mundo necesita terapia, pero no todo el mundo necesita terapia. Hay personas que quieren ir y está bien, pero no lo necesitan. Y hay personas que sí están teniendo un problema psicológico que no están pudiendo resolver solas”, sentenció la especialista.
Cómo diferenciar un malestar de la vida de un problema que requiere psicólogo
Preocuparse por no llegar a fin de mes, encarar un cambio laboral o atravesar la pérdida de un ser querido son respuestas esperables frente a la complejidad de la existencia. De acuerdo con Chiófalo, no todos las complicaciones que enfrentamos son de índole psicológica ni requieren un tratamiento en el consultorio.
¿Cuándo consultar al psicólogo? La terapia se justifica cuando las interacciones con el entorno limitan metas personales o valores, no solo por malestares cotidianos.
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La profesional explicó que, desde la perspectiva técnica, la consulta se justifica cuando la interacción con el entorno limita las metas personales. ¿Cuándo la persona tiene que ir al psicólogo desde el punto de vista técnico? “Cuando la persona está teniendo alguna conducta o alguna interacción con su contexto que, además de estar causándole malestar, tiene que limitarle de alguna manera en lo que ella quiere para su vida, en sus valores, sus objetivos, sus metas, sus relaciones”, precisó.
En ese sentido, remarcó que dilemas contextuales, como la presión económica, generan malestar emocional, pero no constituyen un problema psicológico sobre el cual el terapeuta pueda intervenir directamente.
Para esos casos, la prevención y el cuidado de la salud mental pasan por hábitos diarios como hacer actividad física, tejer redes con afectos o poner límites saludables en la rutina diaria. De hecho, ante duelos o momentos bisagra, muchas personas cuentan con redes de apoyo suficientes para procesar el dolor sin quedar truncadas en su vida.
Qué hacer cuando “te mandan al psicólogo”
Es habitual que al consultorio arriben pacientes empujados por la insistencia de un familiar, una pareja o una madre. Llegar amparándose en el “a mí me mandaron” funciona muchas veces como un escudo inicial para no asumir el propio malestar. Sin embargo, cuando la relación con quien exige la consulta es valiosa para la persona y se ve amenazada por un conflicto recurrente, la demanda se recalibra y el problema real sale a la luz.
En contraposición, Chiófalo advirtió sobre un fenómeno curioso que ocurre cuando una persona aprende de manera autónoma a fijar límites. En esos casos, el entorno suele encender alarmas e insistir con que “debería ir a terapia” simplemente porque dejó de serle funcional al sistema para empezar a serlo para sí misma.
¿Cuándo consultar al psicólogo? La terapia se justifica cuando las interacciones con el entorno limitan metas personales o valores, no solo por malestares cotidianos.
Por otra parte, la especialista desmontó la idea de que la psicoterapia sea una experiencia reconfortante o de entretenimiento. La búsqueda de resolver un problema psicológico exige enfrentar ansiedades, tolerar la incomodidad y chocar contra frustraciones. Por eso, recordó que “la psicoterapia se tiene que usar para resolver problemas psicológicos, no problemas económicos ni problemas de mecánico”.
Hasta cuándo debe durar la terapia en Psicología
A diferencia de la medicina médica tradicional —donde frente a un diagnóstico específico se receta una droga de primera línea de forma estandarizada—, la psicología aún convive con diversas corrientes. No obstante, la Ley de Salud Mental establece pautas éticas y legales indispensables que todo consultante debe conocer antes de dar el paso.
Las personas tienen derecho a ser abordadas con tratamientos basados en evidencia científica y a recibir un consentimiento informado desde el primer encuentro. En esa sesión inicial debe llevarse a cabo un encuadre terapéutico donde el profesional detalle su metodología de trabajo, los tiempos del proceso, los objetivos a trabajar y el alcance del secreto profesional.
Del mismo modo en que se pactan las metas de trabajo en las primeras sesiones, la terapia debe tener un horizonte claro de finalización. “La terapia tiene un marco científico en donde tiene que tener un alta. Cuando vos iniciás terapia tenés que establecer objetivos terapéuticos con tu terapeuta. Y cuando esto se trabaje, tiene que haber una alta terapéutica”, enfatizó Chiófalo, dejando en claro que si los objetivos no se cumplen, es obligación legal y ética del profesional derivar el caso a otro especialista.