La transformación digital abre nuevas oportunidades para mejorar la atención médica, pero también plantea desafíos. Durante el Ciclo Pilares IA organizado por Los Andes, Andrea Barbiero, conectora de TISAC y CEO de Co-Salud, analizó los interrogantes que genera la incorporación acelerada de inteligencia artificial en el sector, especialmente en relación con el uso de los datos, los sesgos de los algoritmos y la preservación del vínculo entre pacientes y profesionales.
Con más de 25 años de experiencia en salud digital y una trayectoria desarrollada entre Argentina, España y distintos países de América Latina, Barbiero sostuvo que la discusión actual no debe limitarse al potencial tecnológico, sino ético.
"Estamos todos fascinados con la inteligencia artificial, pero también tenemos que empezar a pensar dónde nos estamos metiendo", afirmó.
La especialista señaló que la digitalización avanzó desde las historias clínicas en papel hasta los sistemas interoperables actuales. También recordó que las preocupaciones sobre la seguridad de la información evolucionaron hacia debates más complejos vinculados con la gobernanza de los datos, la protección de la privacidad y el uso secundario de la información para investigación.
Además, explicó que la región enfrenta problemas estructurales que la inteligencia artificial por sí sola no puede resolver como la falta de recursos disponibles.
"Por mucha data y por mucha inteligencia artificial que tengamos, seguimos teniendo otros problemas, como el acceso a los recursos", señaló.
Tecnología para recuperar tiempo de atención
Barbiero afirmó que la tecnología debe servir para fortalecer la relación entre profesionales y pacientes. “¿Qué pretendés? ¿Que una computadora cuántica resuelva mi problema o que siga habiendo el calor humano y esa relación asistencial que tienes con un profesional?”, planteó.
Según explicó, durante los últimos años las pantallas ocuparon un lugar central en la consulta médica y redujeron el tiempo de interacción directa. En ese sentido, consideró que la inteligencia artificial puede ayudar a revertir esa situación si automatiza tareas administrativas y libera tiempo para la atención y el contacto humano.
“Ojalá que todo esto sea el primer paso para que volvamos a tener una relación médico-paciente humana con tiempo”, sostuvo. También remarcó que una consulta de 15 minutos pierde valor cuando gran parte de ese tiempo se destina a cargar información en sistemas informáticos.
De acuerdo con su visión, la innovación debe medirse por su capacidad para mejorar la experiencia de las personas y no únicamente por el nivel de sofisticación tecnológica que incorpora.
Los datos de salud y el control ciudadano
Uno de los ejes centrales de su exposición estuvo relacionado con la propiedad y el uso de los datos sanitarios. Barbieri cuestionó el modelo en el que grandes empresas concentran información sanitaria sin que los ciudadanos tengan control sobre su utilización.
Por ese motivo impulsó SaludCoop, una cooperativa ciudadana creada para que las personas puedan decidir cómo compartir sus datos con fines de investigación científica.
“ Vamos a gobernar nuestros datos y los vamos a donar. Así como donamos sangre o donamos órganos, vamos a donar los datos para la investigación”, recordó sobre la propuesta que dio origen a la iniciativa.
La especialista indicó que durante años los ciudadanos tuvieron escasa capacidad de decisión sobre la información generada en el sistema sanitario. A partir de cambios regulatorios en Europa, explicó, comenzó a reconocerse el derecho a la portabilidad de los datos y surgieron nuevas herramientas para favorecer su utilización con fines científicos.
Según señaló, el objetivo es avanzar hacia modelos donde los pacientes tengan mayor participación en las decisiones vinculadas con su información personal y donde exista transparencia sobre quién utiliza esos datos y para qué propósito.
Los sesgos de los algoritmos
Barbiero advirtió que la inteligencia artificial reproduce las limitaciones presentes en las bases de datos con las que es entrenada. Por eso, sostuvo que los sistemas pueden amplificar desigualdades existentes cuando determinados grupos sociales quedan subrepresentados.
“La industria o la salud durante muchísimos años no nos ha observado”, afirmó al referirse a la situación de las mujeres en numerosos estudios médicos y bases de datos utilizadas para desarrollar algoritmos.
También remarcó que muchos modelos de medicina personalizada fueron construidos principalmente sobre poblaciones europeas, lo que puede generar sesgos y resultados menos precisos para otros grupos. En ese contexto, recordó el principio conocido como “garbage in, garbage out”. “Si nosotros a la inteligencia artificial no le disponibilizamos datos estructurados, limpios y no sesgados, lo que recibiremos son alucinaciones varias”, advirtió.
Vigilancia de los algoritmos
Para enfrentar esos riesgos, propuso avanzar hacia mecanismos permanentes de auditoría y monitoreo. Según explicó, resulta necesario conocer qué datos utilizan los algoritmos, cómo funcionan y cuáles son sus posibles impactos sobre pacientes y profesionales.
“Tenemos que generar espacios de validación y de fiscalización de esos algoritmos”, señaló. Además, sostuvo que los comités de ética y las instituciones sanitarias deberán actualizar sus capacidades para evaluar tecnologías cada vez más complejas.
Barbiero consideró que el futuro de la salud digital dependerá de encontrar un equilibrio entre innovación, regulación y derechos ciudadanos. “El algoritmo predice, pero solo el ser humano va a seguir curando”, afirmó. Para la especialista, el desafío consiste en construir sistemas donde la inteligencia artificial amplíe las capacidades de las personas sin reemplazar la confianza, la empatía y el criterio humano que sostienen la atención sanitaria.