domingo 13 de junio de2021

Alerta: 6 de 10 chicos hablan con desconocidos por las redes y 3 de cada 10 confiesa haber ido a un encuentro en persona
Muchos chicos no solo chatean con desconocidos sino que en algunos casos aceptan verlos en persona.
Sociedad

Alerta: 6 de 10 chicos hablan con desconocidos por las redes y 3 de cada 10 confiesa haber ido a un encuentro en persona

Antes de asesinar a Florencia Romano (14), Pablo Arancibia la había contactado por Instagram para encontrarse. Ya tenía antecedentes similares: durante 3 años acosó por las redes sociales a otra chica de 17 años. Especialistas el derecho y ciberacoso destacan que es clave generar confianza entre padres e hijos para detectar a los predadores y situaciones de riesgo.

Alerta: 6 de 10 chicos hablan con desconocidos por las redes y 3 de cada 10 confiesa haber ido a un encuentro en persona
Muchos chicos no solo chatean con desconocidos sino que en algunos casos aceptan verlos en persona.

El femicidio de Florencia Romano, la chica de 14 años asesinada por un hombre 19 años mayor que ella y quien la había citado por Instagram para encontrarse en la casa de este último, conmueve a la sociedad. El aberrante crimen tuvo lugar el sábado pasado en Gutiérrez (Maipú), mientras que el macabro hallazgo del cuerpo se concretó durante la tarde del jueves.

Micaela Méndez y Pablo Arancibia fueron imputados por el delito de femicidio en grado de coautoría.El Sol

Además de haber contactado a la chica por Instagram, Arancibia ya contaba con antecedentes delictivos. Por un lado, tenía denuncias por episodios de violencia de género contra ex mujeres. Pero, además, hace unos días salió a la luz una serie de mensajes privados que envió durante tres años a otra adolescente -también vía redes sociales-; y en este caso se trataba de una chica de 17 años (de hecho, continuó con esta práctica hasta principios de este mes). Este último delito también está tipificado, se lo conoce como Grooming o Ciberacoso y es uno de los riesgos y amenazas más peligrosos para los niños, niñas y adolescentes.

Principalmente, porque se trata de un público híperconectado y que transcurre muchas horas del día navegando y deambulando por las redes sociales. “En todo el país y de acuerdo a un estudio que hicimos este año, 6 de cada 10 niños, niñas y adolescentes -de entre 9 y 17 años- habla con desconocidos por internet. Y 3 de cada 10 de entre 14 y 17 años, respondió que ha ido a un encuentro cara a cara con una persona que conoció por internet. El caso de Florencia es terrible, tiene una real similitud con el de Micaela Ortega. Hay que entender al Grooming como un medio de captación, y que es la antesala a otros delitos. Cuando se comienza por el Grooming, hay tres posibles escenarios que agravan la situación: trata de personas para explotación sexual; violación o abuso; y crimen”, sintetizó el presidente de la ONG Grooming Argentina, Hernán Navarro.

Riesgo latente

Con el confinamiento vinculado a la pandemia, en Argentina creció la híperconectividad de niños y niñas. Y, de la mano de esta situación, creció también 30% el delito del ciberacoso; según estimaron desde la ONG.

A mediados de año, desde los referentes dieron a conocer un informe nacional de elaboración propia del cual se desprende que 56,4% de los niños, niñas y adolescentes de entre 9 y 17 años interactúan y hablan con personas a quienes no conoce vía internet. Además, 35% de los entrevistados confesó que alguna vez le pidieron fotos desnudos o con poca ropa; mientras que 33% recibió imágenes o videos de contenido sexual de un desconocido que lo contactó también por internet. En ese sentido, 48,9 % de los y las menores (casi la mitad) reconoció haber sido agregado a un grupo de WhatsApp por desconocidos.

Recomendaciones

Navarro destacó a Los Andes que es fundamental que tanto niños, niñas y adolescentes como adultos puedan generar un vínculo de confianza; no solamente para que los padres sepan si alguno de estos predadores ha contactado a sus hijos o los está extorsionando; sino también para que los chicos se sientan confiados de poder hablar con ellos de estos temas también.

“Venimos pidiendo a gritos que el mundo adulto se involucre y acompañe a hijos e hijas en entornos digitales. Esto incluye identificar momentos lúdicos, momentos pedagógicos, estar atento a los momentos de alerta y a aquellas voces que llamen la atención. Lo mismo con los cambios repentinos en la conducta y el humor de nuestros hijos; de todas esas cosas que llamen la atención”, destacó Navarro, quien resaltó que algunos indicios a los que hay que estar alertas también -por ejemplo- es a que si los chicos o chicas están conectados hasta altas horas de la noche u ocultan sus dispositivos móviles. “Todos estos son indicios suficiente para que el adulto intervenga mediante el diálogo y el acompañamiento; no con dedo acusador”, sintetizó Navarro, quien aclaró que en estos casos los menores de edad son víctimas y no responsables.

“Pedimos a los gritos que los adultos acompañen a los niños, niñas y adolescentes en la vida digital. Hay una relación herida entre ellos y los adultos en el mundo digital, y la tenemos que sanar. Tenemos que poder tener esa cultura de la prevención”, se explayó.

Hernán Navarro, presidente de la ONG Grooming Argentina.

Para el abogado, es fundamental que en este espacio de confianza recíproca se logre entender el uso responsable de internet y las redes, los riesgos a los que se puede quedar expuesto; así como también la rigurosa recomendación de no compartir fotos o videos donde se vea a los chicos desnudos. “Esto último termina siendo el inicio de una interminable cadena de extorsiones y amenazas”, agregó.

En primera persona

Mariiz tiene 21 años, vive en Mendoza y no se llama realmente así. Pero es el pseudónimo que eligió en junio de 2019, al momento de contar a Los Andes su padecimiento y la pesadilla que vivió durante los más de 5 años en que fue víctima de Grooming. “No puedo creer cómo me cagó la infancia este tipo. En ese momento yo no me di cuenta; y mi mamá nunca supo nada porque yo no le conté. Me mandaron a psicólogos y no conté nada. Creí que era mi culpa”, contó la joven hace un año y medio, quien recurrió por ayuda a la ONG Grooming Argentina.

“No se trata de enseñarle a los padres a controlar a sus hijos, ni de demonizar las redes sociales. Hay que enseñarle a los más chicos a que estén alertas y puedan identificar situaciones de riesgo. Y los padres tienen que entender que no es culpa de los chicos. Porque eso asusta a los niños y eligen no hablar”, acotó la joven oportunamente.

El Grroming suele ser la antesala a otros delitos.

La primera vez en que Lale (como se hacía llamar el acosador o groomer) contactó a la Mariiz, la niña no había cumplido 11 años todavía. “Recién estaban empezando las redes sociales, y yo usaba el primer Messenger. No sé cómo ni cuándo específicamente, pero de un día para otro me agregó. Yo tenía como estado la frase de una canción que me gustaba y él tenía otra frase de otra canción de la misma banda y así empezamos a hablar de música”, recordó. Y aclaró que desde el primer momento no sabía absolutamente nada sobre quien conversaba con ella.

Las conversaciones virtuales se volvieron cada vez más comunes, hasta que un día el hombre le contó a la niña que conocía a su familia. “Me dijo el nombre de mi mamá y su mail. Y me pidió que le mande fotos mías desnuda. Tenían que ser fotos donde se me vieran los senos y la cara. Terminó diciéndome que si no le mandaba esas fotos, le iba a pasar algo malo a mi familia. Por miedo, yo le hice caso y le mandé las fotos”, reconstruyó rememorando el dolor la joven.

Lale sabía que la niña tenía 10 años, y él le había dicho que tenía 13 y vivía en Guaymallén. Aterrada, la víctima envió algunas fotos, y desde ese momento la bola de nieve se fue haciendo cada vez más y más grande. El acosador la extorsionaba para que le envíe más fotos, amenazándola con que si no lo hacía; le reenviaría las primeras fotos a su madre.

Durante 5 años, de forma intermitente, Lale aparecía y desaparecía -en la virtualidad- de la vida de la, por entonces, niña. Facebook se convirtió en la red social más popular, y el agresor la contactó también por ese medio; aunque nunca si quiera puso de perfil una foto donde se lo pudiera ver. El atacante consiguió el teléfono de la niña, la llamó y allí la víctima cayó en la cuenta de otra cosa: su voz no era la de un chico de su edad, era un hombre adulto.

Con 16 años, Mariiz se encontró -casi de casualidad- con la palabra Grooming; y así llegó a la ONG nacional. Desde el organismo se contactaron con ella y con la madre de la víctima (“desde el primer momento mi mamá me apoyó”, acotó la joven el año pasado). Tras recibir asesoramiento y asistencia, llevaron el teléfono celular de la niña a Delitos Tecnológicos (en la Policía de Mendoza) y formalizaron la denuncia. Además, los investigadores le retuvieron el móvil para intentar rastrear al acosador, aunque sin éxito.

Reaparición

El 21 de setiembre de 2014, Lale volvió a atacar. “Hizo un Facebook con todas las fotos de cuando yo tenía 10 años y donde salía desnuda; las que le había pasado. Y empezó a agregar a todos mis amigos. Uno de ellos me llamó para avisarme lo que estaba pasando y yo le pedí que le dijese a los otros chicos que no aceptaran y que lo bloquearan. Me puse muy mal”, rememoró hace casi un año y medio, angustiada.

El delito de “Grooming” está tipificado en el artículo 131 del Código Penal con prisión de seis meses a cuatro años.

“Cada vez que leo que pasa algo así, me pongo muy mal. No puedo creer lo que me pasó. Pero era una nena, no sabía lo que estaba haciendo en aquel momento. Cuando me da la sensación de ver chicas que están pasando lo mismo que pasé yo -por distintos posteos o mensajes-, les escribo en privado y les digo que busquen ayuda. Si a mí no me hubiesen acompañado, probablemente me seguiría molestando”, concluyó y aconsejó la joven.