A 50 años del inicio de la última dictadura militar en Argentina, una investigación del Observatorio Pulsar de la UBA vuelve a poner en tensión el mapa de la memoria colectiva. A partir de una encuesta nacional de más de 1.100 casos y una serie de grupos focales en distintas regiones del país, el estudio indaga cómo interpretan hoy los argentinos aquel período oscuro y qué lugar ocupan la verdad y la justicia en el presente.
Camila Rodríguez Nardi, investigadora del Observatorio, explicó que el trabajo surgió a partir de un dato inquietante detectado en la encuesta anual de “creencias sociales”. Allí, un 32% de los consultados definió al gobierno militar como una gestión que, en el marco de una lucha contra el terrorismo, “pudo haber cometido excesos”. Ese número, que remite a la persistencia de interpretaciones cercanas a la llamada teoría de los dos demonios, motivó un abordaje más profundo y cualitativo.
Sin embargo, el panorama general ofrece matices. Lejos de una reivindicación mayoritaria, el estudio revela una condena extendida: alrededor del 70% de los encuestados considera que la dictadura fue “mala o muy mala”, mientras que un 63% sostiene que no hubo motivos que justificaran el golpe de Estado. En la misma línea, siete de cada diez personas están de acuerdo con que el Estado continúe juzgando a los responsables de los crímenes de lesa humanidad.
Los datos, entonces, dibujan una escena compleja. Por un lado, aparece un núcleo significativo que relativiza el carácter sistemático del terrorismo de Estado. Por otro, se mantiene una base sólida de rechazo y de consenso en torno a la necesidad de memoria, verdad y justicia. “Hay una condena bastante transversal a lo ocurrido y una voluntad de que no vuelva a pasar”, sintetiza Rodríguez Nardi.
El estudio también arroja diferencias generacionales y de género. Las interpretaciones que hablan de “excesos” son más frecuentes entre varones y mayores de 50 años, mientras que la idea de un plan sistemático de desaparición de personas tiene mayor adhesión entre mujeres y menores de esa edad.
Otro dato relevante es la relación de las nuevas generaciones con el pasado. La escuela y la universidad aparecen como las principales fuentes de información sobre la dictadura, seguidas por conversaciones familiares. Esto sugiere, según la investigadora, la existencia de “capas” de conocimiento: una más formal, vinculada a la educación, y otra más profunda, asociada al interés y la indagación personal.
Escucha la nota completa acá y podés escuchar la radio en vivo en www.aconcaguaradio.com