En la alta montaña todo cuesta un poco más. ¡Ni hablar si se trata de mover o trasladar alimentos, carpas, combustible y equipos hasta los campamentos ubicados al pie del Aconcagua!. Allí, donde el viento sopla fuerte y el terreno no da tregua, las mulas siguen siendo protagonistas silenciosas de cada expedición al parque provincial donde se encuentra el cerro más alto de América.
Desde siempre, las mulas han sido las encargadas de estas arduas tareas. No obstante, lo que se ha intensificado con el paso de los años -y en lo que se ha puesto cada vez mayor énfasis- es en el tema referido a controles, reglas y tecnología para garantizar que esos animales trabajen en condiciones adecuadas.
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Aconcagua: así controlan el bienestar de más de 1.000 mulas que trabajan cada temporada en el parque
Gobierno de Mendoza
Ese es el objetivo del Programa de Bienestar Animal, que impulsa el Ministerio de Energía y Ambiente de Mendoza. El sistema combina controles veterinarios, monitoreo permanente, identificación electrónica y períodos obligatorios de descanso para las más de 1.000 mulas que cada temporada ingresan al parque para transportar cargas hacia los campamentos de altura.
La iniciativa fue reforzada en noviembre del año pasado, con una actualización normativa que sumó nuevos estándares de control, más exigencias sanitarias y un régimen de sanciones más estricto para empresas de arriería y responsables de los animales en caso de evidenciarse faltas o maltratos.
Un control que empieza antes del amanecer
La rutina diaria arranca temprano. Muy temprano. A partir de las 5.45, cuando todavía el frío domina el valle -incluso, en verano-, comienzan a llegar las primeras mulas que se preparan para iniciar el ascenso hacia los distintos campamentos del parque.
Antes de que un animal dé siquiera un paso dentro del área protegida, debe pasar por un control completo realizado por veterinarios independientes y guardaparques de la Dirección de Áreas Naturales Protegidas.
Cada mula tiene un microchip de identificación, una especie de documento digital que permite saber exactamente qué animal es, cuántas veces ingresó al parque, qué recorridos realizó y cuándo fue su último período de descanso. Ese sistema permite asegurar la trazabilidad individual de cada animal durante toda la temporada.
Los arrieros deben presentar, además, el llamado “ticket mula”, un documento donde figuran el número del chip, el destino dentro del parque y la empresa responsable del servicio.
A partir de allí comienza la revisión. Los profesionales verifican la lectura del microchip y la identidad del animal, el peso y equilibrio de la carga, el estado corporal general, la presencia de lesiones o signos de fatiga, el estado del herrado y el cumplimiento de los períodos obligatorios de descanso.
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Aconcagua: así controlan el bienestar de más de 1.000 mulas que trabajan cada temporada en el parque
Gobierno de Mendoza
Solo las mulas que cumplen todos esos requisitos reciben la autorización para ingresar. Las demás, en tanto, quedan automáticamente fuera del circuito de trabajo hasta recuperarse.
Un monitoreo que sigue en la montaña
Pero el control no termina en la entrada del parque. Según explicaron los referentes del programa, a lo largo del recorrido hacia campamentos como Confluencia o Plaza de Mulas, los animales continúan siendo observados por guardaparques que trabajan en distintos puntos del parque.
La idea es seguir el estado de los animales durante todo el trayecto, no solo en el momento del ingreso.
Mulas de carga en parque Aconcagua. Foto: Los Andes
Mulas de carga en parque Aconcagua. Foto: Los Andes
Cada temporada ingresan más de 1.000 mulas al parque. Su tarea es clave para el funcionamiento logístico del Aconcagua, ya que transportan alimentos, carpas, combustible y equipamiento necesario para expediciones de andinismo que llegan desde todo el mundo.
El descanso también es obligatorio
El programa busca evitar la sobreexigencia de los animales. Por eso, cuando una mula termina su recorrido y sale del parque, debe cumplir un período de descanso obligatorio antes de volver a trabajar.
El tiempo de recuperación depende de la distancia recorrida y la carga transportada. Ese descanso también queda registrado en el sistema de trazabilidad. Cuando el animal intenta ingresar nuevamente, los veterinarios verifican si cumplió o no ese período.
El objetivo es asegurar una rotación adecuada de los animales durante toda la temporada de ascensos.
Los controles también son a las empresas
Durante la tarde, el equipo veterinario visita las instalaciones de las empresas de arriería que prestan servicios logísticos para las expediciones.
Allí revisan las condiciones de los corrales, la disponibilidad de agua y alimento, el estado sanitario general de los animales y las prácticas de manejo y cuidado.
Mulas de carga en parque Aconcagua junto a una guardaparque. | Foto: Gobierno de Mendoza
Mulas de carga en parque Aconcagua junto a una guardaparque. | Foto: Gobierno de Mendoza
Cada empresa debe contar con un veterinario o responsable técnico con quien el equipo del programa trabaja de manera preventiva.
El programa, en tanto, funciona gracias a un grupo de veterinarios con experiencia en medicina equina y trabajo en ambientes de montaña.
Ellas son Mariana Antequera y Verónica Ragazzone, veterinarias especialistas en equinos deportivos; Leonardo Martínez, veterinario con trayectoria en el Hipódromo de Buenos Aires; la veterinaria Belén Domicio, quien aporta el desarrollo de registros y análisis de datos; y los veterinarios Julia Gutiérrez y Lucas Sbriglio, ambos veterinarios y andinistas.
El rol histórico de los arrieros
Detrás de cada mula hay también un arriero. Su trabajo forma parte de una tradición centenaria ligada a la cordillera, donde el conocimiento del terreno, del clima y de los animales se transmite de generación en generación.
El armado de las cargas, por ejemplo, no es un detalle menor. Requiere experiencia para distribuir el peso de manera equilibrada y evitar lesiones durante recorridos largos y exigentes.
Además de su valor logístico, la arriería representa una actividad cultural profundamente vinculada a la montaña mendocina.
Por qué las mulas siguen siendo clave
Si bien actualmente existen propuestas para reemplazar el transporte animal con drones, helicópteros o vehículos mecanizados, por ahora ninguna de esas alternativas logra combinar autonomía, capacidad de carga y bajo impacto ambiental como lo hacen las mulas.
De hecho, el transporte con animales sigue siendo considerado el sistema más eficiente y menos invasivo para mover cargas en alta montaña.
Nuevas reglas y sanciones más duras
La normativa que regula el programa fue actualizada en noviembre del año pasado por el Ministerio de Energía y Ambiente.
Entre los cambios más importantes se incorporaron una única admisión por temporada -realizada exclusivamente por veterinarios del programa-, identificación obligatoria mediante microchip, libretas sanitarias digitalizadas para cada animal y un registro permanente de salud, tratamientos y descansos.
PARQUE PROVINCIAL ACONCAGUA, TREKING HASTA CAMPAMENTO CONFLUENCIA. MULAS PASANDO POR EL CAMPAMENTO CONFLUENCIA
PARQUE PROVINCIAL ACONCAGUA, TREKING HASTA CAMPAMENTO CONFLUENCIA. MULAS PASANDO POR EL CAMPAMENTO CONFLUENCIA
Además, las empresas deben compartir una base de datos electrónica con información sanitaria y operativa de cada mula.
También se establecieron requisitos mínimos para corrales, alimentación y acceso al agua, que puede variar entre 20 y 70 litros diarios por animal, según las condiciones.
Las infracciones y sus multas
Las infracciones ahora se clasifican en leves, graves y muy graves, con sanciones que pueden incluir multas y suspensiones.
En los casos más serios, las multas pueden llegar hasta 50.000 UF (25 millones de pesos actualizadas a marzo de 2026) y derivar incluso en la suspensión definitiva de la actividad.
Además, al finalizar cada temporada de ascensos se elabora un informe técnico completo. El documento incluye estadísticas de ingresos de animales, rechazos, controles veterinarios, sanciones y distintos indicadores que permiten evaluar el funcionamiento del programa.
Ese informe debe ser presentado ante la autoridad ambiental y la comisión asesora del parque.