De hecho, en una nota el año pasado, desde el Programa de Enfermedades Respiratorias del Ministerio de Salud de Mendoza se había advertido que el escenario era similar al del resto del país.
Pero ahora, el Ministro de Salud local, Rodolfo Montero, anunció una baja de la tasa de incidencia entre 2024 y 2025. “Mientras la tuberculosis crece en el país, en Mendoza logramos bajar los casos”, posteó en las redes sociales.
“En 2025, Argentina registró 17.283 diagnósticos y alcanzó una tasa de 37,3 cada 100.000 habitantes, consolidando una tendencia en aumento. En nuestra provincia, en cambio, los indicadores muestran otra realidad: la incidencia bajó de 7,1 en 2024 a 6,0 en 2025, con 122 casos”, informó el funcionario.
En ese sentido, destacó: “La diferencia es significativa: Mendoza tiene una tasa más de seis veces menor que la media nacional”.
Se quebró la tendencia en Mendoza
Tras la alarma generada en el país por los indicadores en aumento, en abril del año pasado, la doctora Diana Salvioli, responsable del Programa de Enfermedades Respiratorias del Ministerio de Salud local, había señalado a Los Andes que la situación en Mendoza no era ajena a la del país. “Desde el 2021 se estima un incremento anual de aproximadamente 10%” afirmó, aunque aclaró: “Si bien continúa habiendo un aumento progresivo de casos, Mendoza se mantiene con detección de casos por debajo de la media nacional”. Incluso consideraba que dado el contexto regional iban a seguir aumentando.
Sin embargo, de acuerdo a los datos oficiales actualizados, en la provincia la tendencia parece haberse revertido.
Beatriz Ocaña, jefa programa provincial de Tuberculosis resaltó en diálogo con Los Andes que la provincia muestra históricamente una notoria menor tasa de incidencia que en el país. Dijo que la tasa ha fluctuado entre 7 y 8 por cada 100.000 habitantes los últimos años, de allí lo importante de que haya bajado a 6 en 2025.
“Es una enfermedad de denuncia obligatoria, es decir, todo médico, bioquímico, bacteriólogo, que diagnostique una tuberculosis lo denuncia en el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica y son los los datos que tenemos”, expresó y agregó que aún no sale a nivel nacional el boletín epidemiológico con el resto de los datos.
Para la médica esto se corrobora con la retirada de la medicación. “Vos me podrías decir que podría haber un montón de médicos que, aún siendo obligatorio no lo denunciaran, bueno, el cuello de botella sería en la farmacia, porque en la farmacia nosotros llevamos un control, y los pacientes que retiran medicación tienen que estar notificados”, apuntó.
Por qué bajaron los casos de tuberculosis en Mendoza
Para la especialista, esta baja es producto de diversas acciones que se han fortalecido en la provincia. Por un lado, dijo que se sale a buscar activamente a quienes podrían estar infectados. “Se busca tuberculosis latente, a través de las pruebas de PPD, se están haciendo entre cuatro mil y cuatro mil quinientas determinaciones de PPV en la provincia anualmente”, detalló.
Además dijo que en cada uno de los departamentos de la provincia hay médicos referentes del programa de Tuberculosis: “Se encargan de buscar, diagnosticar y tratar a los pacientes con esta patología; también hacemos visitas a las unidades penitenciarias de la provincia, buscando pacientes sintomáticos respiratorios, pacientes que estén con la enfermedad”, señaló.
Otra de las acciones es el control de foco cuando hay un caso en un establecimiento educativo, cuando se busca estudiar también a los contactos. Dio un dato para tener una noción: “quizás de los 122 casos (de 2025) hubo 1.500 contactos estudiados”.
Menos abandono de tratamientos
Otra particularidad que destacó la profesional respecto de Mendoza es que tiene una tasa de abandono de los tratamientos menor a la nacional. No es un tema menor. Esta semana, la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR) se manifestó en torno de la preocupación que le genera que los casos hayan aumentado 80% en cinco años en el país. “En Argentina la tuberculosis continúa siendo un problema de salud pública que se agrava año a año”, subrayó la entidad de especialistas.
Ante esto, resaltó uno de los desafíos más importantes: garantizar tratamientos, tanto el acceso como su continuidad. Expresaron que la interrupción o el acceso irregular al tratamiento no solo afecta la evolución individual de los pacientes, sino que también favorece la aparición de cepas resistentes, lo que complejiza el control de la enfermedad a nivel poblacional.
En este plano, Ocaña refirió: “Nosotros estamos muy lejos de la media nacional en cuanto a los abandonos, tenemos menos de un 3% y a nivel nacional ese número es mucho mayor. No lo tengo ahora, porque no tenemos el boletín epidemiológico, que es con lo que yo podría ver, pero en provincia de Buenos Aires y CABA, que se llevan el sesenta y seis por ciento de los casos de tuberculosis, ellos reflejan un abandono mucho más amplio. Nosotros acá, los controlamos, los seguimos, nos aseguramos de que el paciente termine su tratamiento y se cure”, afirmó.
Salud ajusta medidas
Otro aspecto que ineludiblemente atraviesa este escenario son las condiciones socioeconómicas, como determinantes de variables que pueden favorecer la enfermedad. Para ella, “no es lo mismo el hacinamiento de las grandes urbes, aunque históricamente, si nos vamos a años anteriores es cierto que hace cinco años que a nivel nacional hay una tendencia y que nosotros estábamos también en esa tendencia”, aceptó.
“Esto no es casualidad, es el resultado de un trabajo sostenido en todo el territorio, con foco en la detección temprana, el acceso al diagnóstico y el acompañamiento de cada paciente”, dijo Montero. Agregó que el 27 de marzo “vamos a seguir fortaleciendo esta línea de trabajo con una jornada de actualización en el Hospital Universitario, destinada a profesionales de la salud”. Esto en el marco del Día Mundial de la lucha contra la Tuberculosis que es cada 24 de marzo.
En este contexto, además, el Ministerio de Salud de la Nación actualizó el manual "Pautas técnicas de tuberculosis en Argentina”. Esta herramienta permite orientar las prácticas de atención en todo el sistema de salud.
El documento no se revisaba desde 2013 y actualiza los criterios para el diagnóstico, tratamiento y seguimiento de la enfermedad.