Llegué a Mendoza en febrero de 2016 desde el sur de Buenos Aires, junto a mi hijo, buscando una vida más tranquila. Empezamos en una pensión en Guaymallén y, con los años, entendimos que no solo cuesta acceder a un hogar, sino también sentirse parte. A mi hijo le tocó atravesar bullying (intimidación) por no ser “de acá”, como si pertenecer tuviera fronteras dentro del mismo país.
En medio de ese camino, escribo. Es mi forma de sostenerme. Mis novelas, “La teoría del cardenal” (presentada a Editoriales Leo) y “Lluvia negra” (enviada a Vendimia 2026), hablan de personajes que caen, cambian y sobreviven gracias a los vínculos, sobre todo el de la amistad.
Pero escribir también enfrenta otra barrera: publicar cuesta dinero. Para quienes vivimos con lo justo, y más aún con una discapacidad, editar un libro se vuelve casi imposible.
Ojalá existieran más oportunidades reales y más acompañamiento para quienes escribimos desde los márgenes. A veces, una lectura atenta o una palabra de aliento también construyen pertenencia.
* Nuria Soimer. Ruta prov. 82. Las Compuertas.