27 de febrero de 2018 - 00:00

Sobre la delincuencia, la policía, la Justicia y la política - Por Enrique Quesada

En nuestra sociedad hay mucha inseguridad y, según los especialistas, ha aumentado  de forma impresionante en estos últimos 30 años. Todos hemos sido o  podemos ser víctimas de ella y nadie sabe bien  qué  cambiar, corregir o agregar para  disminuir  y reducir a la mínima expresión esta tragedia.

¿Qué caracteriza al huésped (individuo o sociedad)?

Consideremos sólo dos aspectos:

-Ante el aumento alarmante de la inseguridad, la sociedad se ha dividido entre quienes piensan que "el mejor delincuente es el delincuente muerto"  y los que piensan que el delincuente es víctima del  sistema  capitalista que es inhumano, cruel e injusto y por tanto es una víctima más. A tal extremo ha llegado esta diferencia de entender la situación que se podría decir que hay una mitad social "condenatoria" y otra "exculpatoria" de los delincuentes.

-El cuestionamiento social de la autoridad: desde que la dictadura ejerció de forma ilegal, arbitraria y sangrienta la autoridad, existe en Argentina una convicción de amplio arraigo social: cualquier autoridad es mala y por tanto no corresponde respetarla. Las autoridades "democráticas" tampoco han sido un ejemplo en este aspecto ya que han oscilado entre el ejercicio demagógico, discrecional, parcializado, débil o no fundamentado en la ley de la autoridad. Esta "desobediencia social" se extiende también a las normas jurídicas y de convivencia a las que somos tan poco afectos.

¿Cuáles son las características del agente (el o los delincuentes)?

-La delincuencia es consecuencia de una combinación de pobreza, cultura y educación deficientes, estímulos de consumos imposibles de satisfacer, impunidad y ausencia de oportunidades diferentes. Entre ellas, un trabajo estable con una retribución justa.

-La Argentina, que antes fue ejemplo regional y aún internacional en materia de indicadores de educación, salud y trabajo digno, es hoy un país con más de 30% de pobres, con enormes déficits educativos, con importantes deudas sociales en materia de salud, vivienda y contención social. No es que todos los pobres sean delincuentes pero sí que constituyen un sustrato fértil en el que fácilmente quienes están en esa condición pueden desviarse al delito.

Veamos el ambiente en que se desarrolla la inseguridad

-La policía y las fuerzas de seguridad actuales son herederas todavía (nos guste o no) de lo que fueron en la última dictadura, evidentemente no en las personas concretas pero sí en muchas de sus formas de pensar y actuar. No es una novedad, aunque también hay policías honestos, la existencia actual de bandas integradas por policías y eso no es más que la demostración de la estrecha relación y cercanía que hay entre la delincuencia y las fuerzas de seguridad . Al igual que en la delincuencia, esto es fruto de una combinación de un reclutamiento y selección de policías improvisado, de una formación profesional insuficiente, de la inadecuada conducción de las fuerzas por jefes poco ejemplares por incapaces o corruptos, el riesgo elevado y los salarios inadecuados. Los policías, cuando actúan, nunca saben si sus actos van a ser considerados heroicos o viles porque la sociedad es dicotómica y binaria con respecto a ellos: o son "malos" o son "buenos".

-La Justicia. Tampoco en esta área estamos bien. Las condiciones para el acceso a la judicatura, las exigencias de capacitación y experiencia y los sistemas de elección de los jueces no son los más adecuados. El resultado es que la separación de poderes es incipiente, los errores y la lentitud en la tramitación de los juicios son habituales y los ejemplos de corrupción son frecuentes. Desde siempre influye en muchos jueces su ideología política y entonces las dependencias y/o limitaciones de sus decisiones son todavía mayores, interfiriendo con la objetividad y justeza que la sociedad requiere de ellos.

-La política. ¡Oh! la política. Aquella actividad que la sociedad eleva a la categoría directiva de su futuro y que casi nunca está a esa altura. En concreto, los políticos también en materia de seguridad actúan mirando las encuestas y aunque éstas les señalan que es el problema que más afecta a los ciudadanos, sus decisiones no suelen ser las más acertadas. Lo habitual es que crean que "más" es igual a "mejor" y entonces su política consiste en nombrar más policías, comprar más armamento, más vehículos, más equipos, etc., no entendiendo la naturaleza epidemiológica y multifactorial del fenómeno además de que las soluciones de fondo requieren tiempo. Entonces suceden los apresuramientos para reconocer los hechos considerados positivos o condenar los hechos supuestamente negativos pudiendo caer en actitudes demagógicas o en injerencias sobre otros poderes.

En conclusión, la solución, si es que existe, no es fácil ni rápida. El camino tiene múltiples senderos que conducen al mismo lugar: reducir la pobreza, crear trabajo genuino, educar, sobre todo educar, elegir mejor a los policías y los jueces y exigir a los políticos que sean honestos, respeten a los demás poderes y dejen de lado las actitudes demagógicas.

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