17 de julio de 2014 - 00:00

Sobre el crecimiento personal

“Todos estamos hechos del mismo barro pero no del mismo molde”. Proverbio mexicano

En la medida que le prestamos atención a nuestras acciones, nos sorprendemos inatentos en la manera como a veces nos interrelacionamos; lo que ello origina dará paso a retroalimentar nuestras debilidades en fortalezas y nos ayudará a que nuestro crecimiento personal nos favorezca.

El crecimiento personal es un proyecto de vida. Es una actitud persistente. Un plan a largo plazo en el cual hay que ir trabajando continuamente. Un sendero de tristes recaídas, pero también de muchísimos avances positivos colmados de satisfacciones.

-De nosotros depende cómo elijamos considerar nuestras experiencias, pero las ajenas son responsabilidad de sus respectivos dueños.
-En la vida es deseable poder establecer las diferencias reales en cuanto a lo que nos rodea. A menudo tendemos a percibir los efectos como si fueran las causas, o a ignorarlas totalmente, y esto nos otorga una percepción de la realidad que no es más que una apreciación subjetiva desde el punto de vista de la relatividad.

-Los seres humanos tenemos la tendencia a etiquetar todo en la vida, y estas etiquetas no son más que un reflejo del estado de ánimo de las personas en el momento de expresarse. Una vez puesta una etiqueta, ¿quién la saca? Los seres humanos tratan de mantener las estructuras mentales que crean, excepto si se las revisa con autocrítica y sabiduría.

-Mira detenidamente aquello que cruza por tu mente. Presta atención a cuáles son tus preocupaciones y qué las causan. Escucha a tus sentimientos y pregúntate por qué sientes esto o lo otro, que te produce ira o miedo.

De nosotros depende cómo elijamos considerar nuestras experiencias, pero las ajenas son responsabilidad de sus respectivos dueños.
En la vida es deseable poder establecer las diferencias reales en cuanto a lo que nos rodea. A menudo tendemos a percibir los efectos como si fueran las causas, o a ignorarlas totalmente, y esto nos otorga una percepción de la realidad que no es más que una apreciación subjetiva desde el punto de vista de lo relativo.

Comienza entonces, un período de nuestras vidas en el cual nos volvemos conscientes de la relación que existe entre nuestras acciones y sus reacciones, permitiéndonos moldear nuestro comportamiento acorde con lo que esperamos recibir de la vida.

Si podemos lograr armonizar nuestros pensamientos, palabras y acciones, podremos realizar un cambio notable en nuestras vidas, volviéndolas más sencillas y facilitándonos alcanzar nuestras metas y el compartir con las personas que nos rodean. Pues teniendo más armonía internamente es natural que ésta se extienda a nuestro alrededor. Además de facilitarnos nuestros propios procesos mentales.
Comienza entonces un proceso de crecimiento interno en el cual nos volvemos cada vez más conscientes de nuestra responsabilidad en relación con la calidad de vida en nuestro entorno y de la capacidad que tenemos para lograr un cambio si nos proponemos tan solo poner nuestro esfuerzo consciente y responsable para mejorarla.

A medida que aprendemos a aceptar estas situaciones como lecciones para nuestro desarrollo, nos volvemos capaces de agradecer la oportunidad que nos brindan y darles la bienvenida reconociéndolas como los maestros que son. Con el pasar del tiempo, nuestro crecimiento nos hace capaces de reconocer que el peso que se coloca sobre nuestros hombros para mejorarnos nunca es mayor que nuestra fortaleza para soportarlo.

Entender que la vida es un constante aprendizaje te ayudará a tener una óptica diferente de lo que experimentas y a hacer más llevaderos cada uno de los momentos difíciles que tengas que afrontar. De esta manera le abres las puertas a una vida plena de vivencias productivas, con la que puedes crecer con el apoyo de experiencias y aprendizajes logrados.

Es menester utilizar la motivación de crecimiento personal en lugar del temor o los incentivos inadecuados.

Además de utilizar motivadores positivos, elimine los desmotivadores, tales como las pasividad y la inercia.

Entienda las diferentes necesidades que impulsan a los individuos; cada persona es única, con diferentes talentos y habilidades. Los moldes de nuestras mentes los creamos y mantenemos nosotros. A crearlos y perfeccionarlos. No basta con obtener las cosas, hay que mantenerlas y consolidarlas. Piénselo y aplíquelo en el diario vivir.

Las metas no deben fijarse tan altas, en donde se sospeche que no las podemos alcanzar ni tan por debajo de nuestras posibilidades; hay que estar ciento por ciento seguros de que la lograremos. Las metas deben fijarse de manera que sepamos que es posible alcanzarlas y deben ser de tal forma que siempre estén por encima de nuestro rendimiento habitual. Esto plantea un único problema, que es el de definir bien el punto que es posible alcanzar aunque permanezca por encima de nuestro rendimiento habitual.

Ese es el primer problema para nuestra inteligencia en relación con las metas. El otro problema es la elección de los desafíos que vale la pena aceptar. Un desafío como el que decimos deberá ser algo que nos motorice hacia el aumento del rendimiento. Téngase presente que tiene que existir siempre un incentivo para aceptar desafíos. Se nos sugiere llevar a cabo autoevaluaciones que nos proporcionen información que hagan mejorar nuestro rendimiento.

Al respecto, necesitamos recuperar autoconfianza, ya que nos vemos superados por las condiciones o circunstancias en las que nos hallamos. Esto no significa que por el mero hecho de reconocer la necesidad tengamos resuelto el punto. Debemos hacer algo más sustancial para volver a pararnos ante los desafíos que encararemos de manera realista y confiando plenamente en nosotros mismos. Hay una serie de recomendaciones que sintetizan los principios clave para optimizar nuestro rendimiento en cualquier área en que nos desempeñemos.

- Evitar negar la realidad: podemos caer en la tendencia a negar la realidad con más facilidad que en la de percibirla tal cual es. Negar es desinformarnos. Menos información reduce las oportunidades.

-No planificar sin entrar en acción: demasiado análisis produce parálisis y demasiada planificación es peor aún que la acción sin planificación.

- Evitar actuar por motivaciones confusas: las motivaciones son más importantes que los logros. Esclarece todo propósito que te impulsa.

-No hacer esfuerzos sin planificar: piensa en el objetivo, los medios y la estrategia. La impulsividad origina derroches y pérdidas.

-Procurar adoptar valores propios: si no hemos clarificado bien nuestros motivos ni lo que el logro del objetivo significa para nosotros, funcionamos sin dirección propia y podemos llegar a boicotearnos con las contradicciones eventuales. Así ponemos en riesgo nuestro progreso o evolución.

-Evitar tener estimaciones de tiempo y expectativas poco realistas: toma perspectiva y observa a las cosas como parte de un proceso y no como acontecimientos aislados.

- Evitar el desperdicio de energías: quien mucho pretende abarcar poco puede controlar. Procura hacer un trabajo excelente en objetivos elegidos sin derrochar energías en demasiados frentes.

-Evitar intentar siempre hacer todo solo: innumerables veces necesitamos la cooperación y la ayuda de otros. Aprende a pedir ayuda o colaboración cuando lo necesites.

-No tener miedo al fracaso: el miedo al fracaso es el verdadero origen del mismo. Y el miedo se mantiene firme solo cuando el conocimiento está ausente; el temor retrocede ante el conocimiento. Para cambiar de ánimo, procura aumentar el conocimiento sobre la situación o el ítem.

-Siempre intentar enfocar la atención: los logros requieren de concentración. Mejora tu capacidad de ponerte en acción y permanecer enfocado cada vez por más tiempo. Por otra parte, la psicobiología nos insiste en dormir bien, reducir el estrés y aportar a la dieta los suplementos vitamínicos necesarios para afrontar biológicamente el esfuerzo.

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