Mauricio Macri sabe que el resultado de las elecciones lo potenció y le dio la fortaleza necesaria como para meter el bisturí a fondo en algunos de los temas que prefiere modificar.
Mauricio Macri sabe que el resultado de las elecciones lo potenció y le dio la fortaleza necesaria como para meter el bisturí a fondo en algunos de los temas que prefiere modificar.
De allí que no demoró demasiado en anunciar cambios en varios de los planos, como la reforma laboral; mientras sus ministros hicieron lo propio con la reforma impositiva y el jefe de Gabinete salió a aquietar las aguas ante algunas reacciones adversas.
Sin embargo, pese a que el Presidente intentó endulzar los oídos de algunos sindicalistas de los denominados "fuertes" o "gordos", al indicar que no pueden haber tres mil sindicatos, los gremialistas prefirieron mantenerse a la expectativa y estudiar de manera exhaustiva las propuestas, porque cuentan con el reciente antecedente de lo sucedido en Brasil, donde las reformas fueron muy profundas, contando con el aval del Fondo Monetario Internacional.
Para graficar la situación, uno de los sindicalistas consultados recurrió a la vieja frase de Perón: "Hay que desensillar hasta que aclare", dijo para agregar que las reuniones con los asesores legales son permanentes y que por el momento las conversaciones se concentran en una denominada "mesa chica", que integran el triunviro cegetista (Héctor Daer, Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña) a quienes se suman José Luis Lingeri (aguas gaseosas), Francisco Gutiérrez (metalúrgicos), Jorge Sola (seguros), Rodolfo Daer (alimentación), Carlos West Ocampo (sanidad y hombre fuerte de los "gordos") y Carlos Frigerios, de cerveceros.
Se estima que recién en la próxima semana comenzarán a conocerse las conclusiones, las que llevarán al concejo directivo cegetista. Esa situación derivó en que se postergara la reunión que estaba prevista con la participación del ministro de Trabajo, Jorge Triacca.
La fuente comentó que por el momento resta mucho para lograr el consenso necesario. "Hay compañeros que insisten en que el objetivo final del Gobierno es lograr una reforma 'a la brasileña' , que cuenta con el apoyo de los organismos internacionales, pero que nosotros no estamos dispuestos a aceptar", señaló la fuente consultada.
Debe señalarse que en Brasil fue aprobada una reforma laboral que implica que los acuerdos colectivos en las empresas prevalecerán por sobre las disposiciones legales; modifica el régimen de vacaciones, permitiendo fraccionarlas de diferentes maneras; establece la posibilidad de una jornada de 12 horas de trabajo, con 36 horas ininterrumpidas de descanso; establece la posibilidad del pago de los salarios sobre una base horaria o diaria, pero no mensual y flexibiliza las condiciones de despido, fijando que la indemnización no quede atada al salario. "Desde el Gobierno nos aseguran que la ley que se pretende implementar en la Argentina es muy diferente, pero los compañeros prefieren evitar sorpresas", se indicó.
Si bien están comenzando a aparecer dos bandos: por un lado los más duros que rechazan las propuestas y por el otro los que consideran que todos los puntos pueden ser discutidos, hay expectativas favorables respecto de la posibilidad de que los dirigentes se sienten en torno de la mesa de diálogo que propone el Gobierno.
De todos modos, hay un punto en el que las discusiones pueden llegar a ser mucho más profundas. Es el caso de la reforma previsional, esencialmente en el capítulo referido a la modificación de las escalas de la movilidad, que actualmente son dos en el año, pero que el Gobierno intenta hacerlo trimestralmente, de acuerdo con la inflación.
Por ese motivo también, una de las personas que fue convocada por el grupo cegetista para que les informe fue el Defensor del Pueblo de la Tercera Edad, Eugenio Semino. "El Gobierno nos asegura que ahora el Indec es lo suficientemente serio como para que nuestros jubilados no pierdan poder adquisitivo, pero el que se quema con leche, ve una vaca y llora", dijo el sindicalista al hacer referencia a lo que sucedía con los números del organismo durante la gestión kirchnerista.
Lo cierto y lo concreto es que el sindicalismo corre en desventaja porque la fuerza de los votos la tiene el Gobierno, pero también es real que la dirigencia se pone peligrosa cuando se ve acorralada. Lo que debe sumarse al hecho de que todas las modificaciones deberán contar con el apoyo del Congreso. De allí que el oficialismo insista en el poder del diálogo para acercar posiciones.
Dos dirigentes locales
Dos hechos, referidos a dirigentes sindicales se produjeron recientemente y que merecen consideración.
En primer lugar, la decisión del titular del Centro Empleados de Comercio, Guillermo Pereira, de no presentarse a las próximas elecciones, "para dar lugar a la gente joven que trabaja muy bien por los compañeros", como él mismo lo señaló. Un hecho que llama la atención porque estábamos acostumbrados a dirigentes que permanecen atados a los sillones y que hasta intentan que sus cargos sean hereditarios. Pereira cumplió -y cumple- una importante gestión al frente del CEC local.
El segundo párrafo para recordar al ex dirigente ferroviario Florentino Cortez, recientemente fallecido. Cortez marcó una etapa importante en el sindicalismo local, integrando en su momento una fuerte dupla, junto al dirigente de la Sanidad, Edgardo Boris, defendiendo al peronismo histórico (recibieron a Isabel Perón), en el momento de mayor fulgor del denominado "Peronismo sin Perón".
Fue ministro de Bienestar Social de Martínez Baca y renunció cuando se produjo el enfrentamiento entre el sindicalismo y la "tendencia". Con posterioridad y a pesar de que la actividad política estaba prohibida, creó y lideró el grupo Convocatoria Justicialista para la Renovación y el Trabajo, en el que se encontraban, entre otros, Nicolás Becerra (quien después fuera Procurador General de la Nación), Santiago Teruel, el ex vicegobernador Jorge López y el ex gobernador José Octavio Bordón.
El dirigente ferroviario fue designado, durante un plenario realizado en la sede del gremio del Seguro, como el hombre del movimiento obrero para integrar la fórmula de la lista Blanca, que encabezaba Ernesto Corvalán Nanclares y que resultara segunda en las elecciones internas detrás de la Verde-Azul-Convocatoria, integrada por Carlos Motta y Antonio Spano (verdes), José Luis Manzano (azul) y el dirigente gremial de los petroleros Antonio Cassia y José Octavio Bordón, por Convocatoria, que se había escindido del grupo que lideraba Cortez.
El dirigente mendocino se radicó después en la Capital Federal, integrando, hasta su fallecimiento, la conducción de la Unión Ferroviaria a nivel nacional.