10 de enero de 2014 - 23:23

El silencio de la Presidenta y las expectativas

La ausencia pública de la mandataria deja la falsa imagen de que ha delegado poderes en sus dos nuevos alfiles en el gabinete.

La Presidenta cumplió un mes desde su último mensaje público cuando encabezó los festejos por los 30 años de la recuperación de la democracia. También cumplirá un mes, el domingo 19, desde su última aparición en un acto público en la Casa Rosada donde presidió la ceremonia de ascenso de los nuevos jefes superiores de las Fuerzas Armadas.

El silencio y la ausencia oficial pública de Cristina Fernández desde su regreso hace una semana y durante las casi tres semanas de descanso sureño que lo antecedieron, dieron pie a un sinnúmero de conjeturas que fueron desde una supuesta depresión anímica y un presunto agravamiento de su estado de salud cardíaca, hasta un hipotético desconcierto político acerca de cómo afrontar los problemas evidentes de la economía.

Nada de eso, sin embargo, parece tener asidero. Fuentes cercanas a la Presidenta aseguran, en cambio, que se ha vuelto casi obsesiva sobre los cuidados de su salud prescriptos por los médicos a raíz de su cirugía craneana y su cuadro cardíaco. De hecho, una prueba en ese sentido es que desde que regresó de El Calafate, el lunes pasado, sólo en dos ocasiones y por escaso tiempo volvió a la Rosada; y sus audiencias, como se lo prescribieron, son en Olivos, durante la mañana y espaciadas.

¿Cabe suponer un distanciamiento presidencial del día a día de la gestión? Nada indica que así sea. Sus cambios de estilo parecen ser consonantes con la delegación pública de la presencia y la palabra del Gobierno, aunque con suertes diversas, que aparecieron con las llegadas de Jorge Capitanich y de Axel Kicillof al gabinete.

Pero eso no significa que haya delegado en sus ministros el poder de decidir. “El ministro de Economía se llama Cristina Fernández de Kirchner y ella es la única que toma ese tipo de decisiones” dijo, a propósito de las idas y vueltas de los cambios al impuesto sobre bienes personales, finalmente archivados, el senador Aníbal Fernández, quien tuvo con ella más de una comunicación con El Calafate, a propósito de la agenda parlamentaria.

Dentro de ese esquema de gobierno hay, no obstante, diferentes grados de responsabilidad. El papel de primus inter pares que en su inicio cumplió Capitanich, comenzó a deslucirse a raíz de contradicciones públicas entre sus dichos y los de sus supuestos subordinados. Aun así, Capitanich no parece dispuesto a dar un paso al costado: su designación fue una decisión de la Presidenta, requerida tras las elecciones, de encontrar apoyatura en el PJ hasta 2015. Sólo si ella se lo pide hará las valijas.

Kicillof, por el contrario, dio estos días sobradas muestras de que en él depositó la Presidenta el poder decisorio frente a los desafíos económicos, antes de que ella diga la última palabra. El “superministro” no deja área de la economía sin intervenir políticamente, con un desafío de corto plazo del que en gran medida dependerá la posibilidad de remontar la cuesta: desarmar las expectativas de inflación, al tiempo que ajustar sin parar la economía.

El desafío le exige jugadas simultáneas. El acuerdo de precios con comerciantes y proveedores, que convalidó los aumentos de diciembre y parte de enero, se extenderá los próximos días al conjunto del país. Su primera revisión está prevista para abril, pero a poco andar el mecanismo permitió poner al descubierto la puja por la apropiación de la renta en esa cadena de valor: la advertencia de importar tomate brasileño quedó desactivada después de que los propios productores desmintieron la posible escasez que pronosticó uno de los mayores supermercados para “justificar” un anticipado aumento de precio por sobre el acordado.

De que esa política de precios demuestre buenos resultados en el primer trimestre del año, dependerán los reclamos en paritarias. La expectativa de los sindicatos así lo indican. Aunque se lanzan porcentajes al aire que van hasta el 35 por ciento, por ahora han cerrado acuerdos “puente” a partir de sumas fijas no remunerativas hasta abril, como en los casos de los petroleros patagónicos, bancarios, aceiteros y empleados públicos entrerrianos. Dentro de tres meses se verá, aunque empieza a crecer la convicción de que no habrá en estas paritarias una recuperación del poder adquisitivo; a lo sumo, podrá empardarse el aumento de precios.

Pero, mientras, otros frentes requerían jugadas. Después de la importante devaluación de diciembre (8%), volvió a ampliarse la brecha entre el dólar oficial y el paralelo. Kicillof conformó una suerte de “comité del dólar” que integran las cabezas de los organismos estatales capaces de traer dólares del exterior mediante mecanismos financieros (los bancos Central y Nación, Anses e YPF) para abastecer el mercado y fortalecer las reservas. De este modo un desdoblamiento del tipo de cambio quedó por ahora como última opción.

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