Dos de octubre de 2003, diario Clarín: “El presidente de la Nación, Néstor Kirchner, eligió al Hospital Argerich, del barrio porteño de La Boca, para atenderse en caso de emergencia”.
Dos de octubre de 2003, diario Clarín: “El presidente de la Nación, Néstor Kirchner, eligió al Hospital Argerich, del barrio porteño de La Boca, para atenderse en caso de emergencia”.
Es el primer presidente que anuncia públicamente su preferencia por un hospital público, tanto para él como para su familia. Esta elección presidencial implicará acondicionar la sala de terapia intermedia. Sin embargo, el mismo Kirchner pidió que se haga con “gastos mínimos, que no sea un espacio lujoso y que pueda ser ocupado por otros pacientes”.
Ni Aerolíneas, ni YPF, ni los trenes (ni Ciccone). Lo primero que estatizó el kirchnerismo fue la salud presidencial. Pero en 2010 apareció la enfermera clásica del cuadro mostrando el dedo índice sobre los labios. ¿Pide silencio? No, dice que queda una sola gasa.
Ese año, el director del Argerich acusa a Macri de no comprar insumos para los hospitales y desaconseja a Kirchner atenderse en el Estado: se reprivatiza la salud presidencial. No hubo década ganada, ni soja, ni viento de cola, ni modelo de matriz diversificada, ni superávits gemelos récord que internaran de vuelta a un Kirchner en una cama gratuita.
Hoy, el parte médico dice así: “Después del tercer hematoma subdural, la Unidad Médica Presidencial tomó la decisión: el Sarmiento será operado mañana por el Estado”.
-¿Y por qué no lo operaron antes, ministro?
-Porque lo operamos ahora.
Después de 10 años, el Gobierno sigue funcionando como la guardia de un hospital público. Sólo emergencias: atiende un tren chocado, una YPF vaciada, un baleado por la inseguridad, un Julio Argentino Roca que llega azul y raído por la inflación. Hasta que no es bien grave, bien visible el hematoma, no te atienden. Desde que el paciente entra en la guardia y reclama, hasta que el Gobierno opera, pueden pasar 5 años. O 52 muertos.
O 10.000 millones de dólares por año para pagar los barcos metaneros. O que un litro de leche nacional ya sea más caro que el litro de nafta súper importada. O... el catéter que faltó en el Argerich para Néstor.
¿Cuál venía siendo la habilidad de los funcionarios que están “de guardia”? Poner la cara de nuestra enfermera del cuadro, llevarse el índice a los labios y decir: “Silencio, hospital. Estamos curando los males heredados de los ’90”.
-Al tren lo operamos ahora porque había que respetar los contratos de la época de Menem.
-A Repsol lo echamos ahora porque antes no había un gobierno tan nacional y popular que pudiera.
-Es preferible tener inflación que tener la desocupación que nos dejó el neoliberalismo.
El truco funcionó 10 años: el kirchnerismo siempre era el médico, nunca Lázaro Costa. Y si el paciente se quejaba, en la sala de espera le decían cipayo.
Para evitar lo que él supone sería una tragedia ya no ferroviaria sino cambiaria, Guillermo Moreno puso cámaras en la cabina que conduce Benjamín Franklin. No hubo caso, el billete de cien dólares no frenó y entró en el andén de la city a 10. ¿Y el disco rígido tenía sangre?
Tristemente, sí: ese disco rígido llamado inconsciente colectivo grabó todo. Los argentinos no olvidan que en los últimos 40 años la moneda perdió 13 ceros. Hoy el peso es un boleto picado.
Domingo en la guardia oficialista. Los médicos van y vienen con cara desencajada. ¿Cuál es la herida que no pueden suturar? La hendija de la urna.
Son entre 8 y 12 puntos.