8 de diciembre de 2018 - 00:00

¿Setenta años de decadencia? - Por Roberto Azaretto

En los años 60 del siglo XX se amplió la clase media, la pobreza era de un 5% y la desocupación inferior al 4%.

Se ha instalado en numerosos sectores la idea que el país lleva setenta años de decadencia. ¿Es esto cierto, o se trata de uno de los clisés, a que tan afectos, somos los argentinos?

Si nos introducimos en la historia económica, comprobaremos, que en 1948 culmina el ciclo de crecimiento iniciado a fines de 1933, cuando, las medidas implementadas por Federico Pinedo concluyen con los efectos de la crisis mundial iniciada en 1929.

A partir de 1948, los problemas de escasez de divisas por la baja de exportaciones y la ausencia de inversiones externas, inician una etapa de serrucho, es decir, un año de crecimiento seguido por otro de recesión.

A ésto se agregó el desaliento a la producción agrícola, la sequía de 1951, una reducción en la inversión que lleva al deterioro de la infraestructura y las crecientes importaciones de petróleo.

Sin embargo, este proceso se interrumpe a mediados de 1963 y tiene comienzo un ciclo de crecimiento ininterrumpido de once años que culmina en 1974. La tasa promedio fue del 4% anual, con años que alcanzaron  el 10%, como 1965. De haberse mantenido ese ritmo, hoy nuestra economía sería mayor que la mexicana y el PBI por habitante, superior al de España.

Esto fue, en gran parte, mérito del gobierno de Arturo Frondizi, pues además de lograr una corriente inversora importante, cuadriplicó en cuatro años la deuda externa que de alrededor de mil millones de dólares, a la que ascendía cuando asumió el gobierno llegó a más de cuatro mil millones cuando fue derrocado.

La diferencia con endeudamientos posteriores, como el de los 90 o el actual, es que esos fondos fueron destinados a equipar el país triplicando la producción de petróleo, construyendo oleoductos y gasoductos, modernizando la maquinaria de la industria y construyendo miles de kilómetros de caminos, solucionando el déficit energético y reequipando a los ferrocarriles.

Ese ciclo amplió la clase media, porque se crearon numerosas empresas y hubo oferta de empleos con salarios relativamente altos. La pobreza era de un 5%, la desocupación inferior al 4% y se consolidaba un proceso de ascenso social. Sin embargo, si se revisa el discurso político de la campaña de 1973, veremos que se insistía en la necesidad de reconstruir el país. Era la constante de las arengas de los candidatos que triunfaron en ese año. Todo era negativo, todo estaba destruido; esto mismo lo vemos en ese documental faccioso utilizado para la campaña electoralde 1983: "La República Perdida".

Sin embargo, no es objeto de esta nota referirse al desastre que hicieron los que venían a reconstruir.

Por cierto que había problemas, algunos que venían de lejos como la incapacidad para obtener estabilidad política, evitando los hegemonismos, aceptando la alternancia en el poder y evitando el golpismo. También había grietas e incapacidad para la convivencia democrática y civilizada. La ausencia de una política, que posibilitara, la reincorporación del peronismo a la política nacional fue una de las deudas de los sesenta.

Otra de las taras de ese tiempo fue la consolidación de estructuras corporativas, sobre todo a partir de la dictadura de Onganía, que además, intentó cambiar el sistema político de la Constitución por uno corporativo, imitando al franquismo. La ley de obras sociales y el Fonavi, fueron medidas cuyas consecuencias negativas fueron los negociados de los sindicalistas y la patria contratista, la de los cuadernos, que aún soportamos.

Al comenzar los setenta tuvimos la locura guerrillera, la ineptitud política para enfrentarla, junto a la crisis petrolera resultante de la guerra del Yom Kipur, que cuadriplicó los precios del petróleo y la  incapacidad para reacomodar la economía de acuerdo a las nuevas realidades internacionales.

El esquema que imperó en los sesenta fue el de profundizar la sustitución de importaciones, mientras comenzaba en otras regiones como el Asia, políticas industriales exportadoras.

Nuestro país no supo insertarse en el mundo. Pudo funcionar, gracias al autoabastecimiento de petróleo que permitió destinar divisas a mejoras en la infraestructura  y la importación de bienes de capital, a la apertura de la inversión, externa y a un incremento de las exportaciones agropecuarias.

El sistema que permitió el crecimiento de los sesenta, que logró, mejorar el nivel de vida de amplias capas de la población  colapsó en 1974 y terminó con el estallido del Rodrigazo.

Desde entonces no se ha logrado iniciar una etapa de crecimiento sustentable y con distribución de la riqueza.Varios intentos se han frustrado, a pesar de la baja de la tasa de interés en los noventa y la combinación de precios excepcionales, con tasas aún más bajas, en la primera década de ese siglo.

No es casual tener a un tercio de personas en la pobreza, que se eleva al 50 % en los menores de 14 años. La incapacidad para establecer consensos, que posibiliten, las reformas monetarias, fiscales, educativas y laborales que hacen falta nos están condenando a la mediocridad, la frustración y el descontento social.

LAS MAS LEIDAS