Alguna vez, desde estas mismas columnas, caracterizamos (creemos que con probados fundamentos) al vicepresidente Amado Boudou como la encarnación de un famoso y legendario personaje de la historieta argentina, Isidoro Cañones, por su increíble parecido en personalidad y en conductas.
Hicimos notar -entre esas comparaciones- que en una oportunidad en que el indio Patoruzú fue elegido presidente del país, lo nombró a Isidoro como vicepresidente.
Pero lo que nunca planteó la historieta fue la posibilidad de que Isidoro alguna vez pudiera ser presidente, aunque sea para suplantar transitoriamente, por la razón que fuera, a Patoruzú. Tal vez los autores no se atrevieron a tanto, ya que si como vicepresidente Isidoro no dejó macana por cometer, siendo presidente sus locuras escaparían de todo lo imaginable, incluso en la ficción. Pues bien, como la Argentina es un país que también escapa a todo lo imaginable, es que hoy tenemos a Boudou presidente.
Si hoy se hiciera un concurso donde votaran los cuarenta millones de argentinos para elegir al personaje más desprestigiado e impresentable del país, Boudou encabezaría la lista por goleada, obteniendo ese récord tanto con el voto de antikirchneristas como de kirchneristas.
Y así como la fantasía no pudo no siquiera imaginar cómo sería Isidoro presidente, ahora la realidad supera a la ficción y nos muestra cómo sería tal cosa. Quizá alguna vez se escriba una nueva historieta de Isidoro inspirada en lo que hizo Amado como presidente, de modo que así como con Boudou vicepresidente la realidad copió a la historieta, ahora, con Boudou presidente, la historieta pueda copiar a la realidad.
Lo cierto es que, en lo relacionado al vice, todo empezó esta semana como en una historieta. A nuestro Isidoro lo habían mandado a que recorra el mundo como una especie de embajador itinerante a fin de que ni asome la nariz por la Argentina, ya que demasiados votos se fugaron en las PASO para que Boudou siguiera colaborando en ello. El hombre obedeció y marchó por el globo terráqueo, feliz.
Así, en el mismo y preciso momento en que todo el gabinete nacional se convulsionaba ante la enfermedad presidencial y trataba de ocultarla el mayor tiempo posible, tan bien la ocultaron que ni siquiera el vicepresidente (vale decir -por si no se ha entendido- la segunda autoridad del Poder Ejecutivo nacional) tenía la menor idea de lo que estaba pasando con su jefa. Pero como lo necesitaban, lo fueron a buscar.
Lo encontraron, justamente, cumpliendo sus tareas diplomáticas paseando en una moto con amigos brasileños y próximo a tomar un avión para irse a solazar en Cannes como representante de la cultura argentina. A partir de allí comenzó la comedia que supera la ficción.
Lo mandan afuera del país y lo encuentran paseando en moto. Le ordenan volver y lo primero que hace cuando llega a la Casa Rosada es subirse al atril de la presidenta para discursear, como si fuera Ella. Después dice que Cristina está reposando tranquila, justo en el momento que la internan para operarla, demostrando el grado de información que maneja.
Lo apartan, entonces, de la casa de gobierno y lo llevan a Córdoba donde acusa a los cordobeses del pecado de "cordobesismo" por no arrodillarse frente al gobierno nacional, en particular ante la presidenta. No satisfecho con tamaña "piantavotada" la lengua lo sigue traicionando y afirma, con Cristina en el hospital, que ella tanto como su marido se "preocupan más por el país que por su propia vida", una de las frases más fuera de lugar de la historia de la humanidad, sólo imaginable en este fabuloso personaje de historieta que hoy está presidiendo el país.
Es que Amado debe haber visto el film "Calígula" y recordado aquella escena en la que el cruel emperador se encuentra rodeado por un grupo de obsecuentes que lo alaba y aplaude a todo trapo, hasta que el más obsecuente de todos le dice: "¡Oh, César!, hasta mi vida daría por ti". Entonces, sin dudar ni un minuto, Calígula le responde: "La acepto" y lo manda a decapitar.
Como buen chupamedias que es, Boudou no se cansó esta semana de reverenciar a Cristina pero, como buen pícaro que también es, jamás ofreció por ella o por la patria su propia vida, sólo ofreció la de Cristina.
Frente a esta suma de desaguisados, la desesperación corroe el ánimo de todos aquellos a los que la presidenta les confió en serio el interinato, al mismo tiempo que les pidió que no lo dejen solo a Boudou. Pero no es tarea fácil, aunque lo acompañen a todos lados como si fueran sus guardaespaldas. Si lo dejan en la Rosada hace macanas, se lo mandan a viajar también; si le permiten hablar, peor.
Y que ni por casualidad pise ni un cachito de la provincia de Buenos Aires porque si al dúo Insaurralde-Scioli les está costando tanto remontar la derrota de las PASO, con la sola presencia del vice se aseguran perder hasta la ropa. Es que por donde pasa Boudou, como Atila (otro de sus antecesores) no vuelve a crecer jamás el pasto.
Pero seamos justos, conviene recordar que Amado Boudou, pese a su fenomenal desprestigio, no debe ser quien cometió más desmanes en el aprovechamiento personal de su paso por el poder, sino que tiene que haber muchos otros que se aprovecharon aún más.
Por lo que su pecado mayor para estar tan cuestionado no es tanto por lo que se lo investiga sino por lenguaraz. Él y sus amigotes -lo dijimos más de una vez- son de los que gozan más contando sus andanzas que cometiéndolas y por eso son más fáciles de descubrir, porque se delatan solos. La suma de pavadas y sandeces que dijo esta semana las pocas veces en que le permitieron hablar, no hace más que confirmar nuestro aserto.
Es que si los no kirchneristas deben mirar con asombro más que con bronca ser presididos aunque sea transitoriamente por un personaje de esa catadura, los kirchneristas tienen, al revés, que estar más embroncados que asombrados. Hicieron de todo por él, en particular cometieron una de las arbitrariedades más grandes de la historia político-judicial argentina: echaron implacablemente al juez y al fiscal encargados de investigarlo, y para que no quedara ni un cabo suelto, también sacaron a patadas, con atroces difamaciones, al procurador general de la Nación, Esteban Righi, quien además era el único camporista en serio con el que contaba este gobierno.
Y a pesar de todas esas "ayuditas" lo único que lograron es diferir o lentificar una investigación que derrama pruebas y más pruebas en su contra, por donde se la mire. Por lo tanto, les será muy difícil clausurarla. Y mucho menos la condena social, que no se debe sólo a las supuestas malas conductas de Boudou sino también a las pésimas conductas con que el gobierno nacional pretendió encubrirlo. Entonces, que después no se quejen si el presidente interino es supercriticado por no reunir ni las mínimas condiciones para dirigir un partido de fútbol en un club barrial.
Para colmo, el destino quiso que la estrategia que decidieron para estas elecciones, de ocultarlo lo más posible, de hacerlo esfumar de la faz de la Argentina, haya debido revertirse por la de tener que ponerlo en el sitio más visible del país entero. Por eso ahora lo único que les queda en contenerlo, cercarlo, impedir que hable y si habla que no diga demasiadas 'boudouleces'. Es que estamos en el país de Boudoulandia, donde nada es imposible. Y no sólo por culpa de Amado Boudou.
