7 de enero de 2018 - 00:00

Sampaoli: lo peor de nosotros mismos, y en todo sentido - Por Fabian Galdi

El fútbol se transforma usualmente en un espejo de la sociedad y nos muestra tal cual somos pero nunca reconocemos.

Los remezones del caso que envolvió a Jorge Sampaoli en una espiral de tensiones e intensidades siguen exponiendo cómo lo peor de nosotros mismos puede aflorar cuando menos lo pensamos. Casi como si fuera un reflejo de esa herramienta de socialización en la que se fue transformando el fútbol, en el que el principio de la deportividad se roza muy frecuentemente con el oportunismo o el querer sacar ventajas de cualquier forma sin importar el método ni la consecuencia. En esta situación, una figura pública como lo es el entrenador del seleccionado argentino fue protagonista dos semanas atrás de un hecho que él mismo quisiera borrar de la memoria cuanto antes. La actitud denigrante y humillante para con un agente de tránsito en un control realizado en Casilda, su pueblo natal, se potenció a partir del uso de una frase a todas luces infeliz: "¡Boludo, cobrás 100 pesos por mes, gil!". Al día siguiente, la reacción fue la única que le cabía: pedir disculpas. Y lo hizo.

Las conductas que frecuentemente emplean quienes están asociados a la actividad futbolística suelen repetir este metro patrón cultural en el cual se fusionan la victimización, la teatralización y el doble discurso. Nada indica que estas características sean sólo propias de este deporte, pero sí que el fútbol se transforma usualmente en un espejo de la sociedad y nos muestra tal cual somos pero nunca reconocemos. Si de por sí el inconsciente colectivo de una comunidad como la argentina reaccionó de manera inmediata -sobre todo a través de las redes sociales- castigando al director técnico por el exabrupto, cabe preguntarse si el arrepentimiento del involucrado aplacó la furia o la pasó a modo latente. Los casildenses, por ejemplo, parecen haberse olvidado rápidamente del tema y lo circunscribieron a un hecho desafortunado. Así, los conciudadanos de Sampaoli dieron vuelta la página al otro día.

En el origen del asunto hay cuestiones que no se merecen pasar por alto. En la consideración general, una frase, actitud o decisión del entrenador de la Selección -sea quien fuere- se potencia hasta el infinito. Desde cuarenta años atrás en adelante, también vistieron ese sayo DT de la dimensión de César Menotti, Carlos Bilardo, Alfio Basile, Daniel Passarella, Marcelo Bielsa, José Pekerman, Diego Maradona, Sergio Batista, Alejandro Sabella, Gerardo Martino y Edgardo Bauza. Y es aquí en donde debemos preguntarnos hasta qué punto existe en nosotros un grado de culpabilidad por ubicar en un sitial privilegiado al conductor grupal de un equipo de fútbol. ¿De qué fuerza o potencia mayúscula los investimos? ¿Por qué lo cargamos con tamaña presión? ¿Qué depositamos, desde el punto de vista inconsciente, en esa imagen de un protector que ejerce el poder simbólico aun sin reconocerse como tal?

Sampaoli ha definido sus posiciones ideológicas de manera pública, al igual que sus hábitos, preferencias y costumbres. Su vínculo con Lionel Messi es de un respeto mutuo que viene desde hace mucho tiempo atrás. Es más, ese circuito de comunicación ya existía durante los ciclos Martino y Bauza. Ahora se potenció entre los dos durante las pasadas Eliminatorias sudamericanas y todo indica que se llegará en el punto más alto de concordancia durante la disputa del Mundial Rusia 2018. De esta manera, los pedidos de renuncia o separación del cargo que se reclamaron desde determinados comunicadores de los medios argentinos decantaron en la nada misma. La propia Asociación del Fútbol Argentino le bajó el perfil al hecho de manera inmediata y lo denominó como un acto propio de la vida privada. Es más, el pedido de disculpas del director técnico fue publicado en la página web de la AFA. Hoy día, dialoga con los futbolistas que se hallan en suelo europeo y lo hace como parte del ciclo de preparación.

Quizás se logre aprender de este desajuste emocional cuánto de lo más atávico que guardamos en nuestro interior puede salir a la luz cuando menos se lo espera. Todo lo demás vendrá por añadidura, como si la conciencia moral fuese interpelada por la mirada de nuestro superyó y éste determinase el castigo a recibir. Lo rescatable, también, es que el ofrecimiento de las disculpas pertinentes fue recibido con beneplácito por los más cercanos involucrados en el caso. "Me siento totalmente arrepentido de lo ocurrido en la madrugada del 24 de diciembre, a la salida del casamiento de mi hija en Casilda. El enojo, en una discusión en la que yo no tenía razón, me hizo decir palabras que no representan en absoluto ni mis convicciones ni mis creencias. Entiendo que los controles de vialidad en Argentina son muy importantes para la seguridad de todos. El respeto a ellos salva vidas", expresó el entrenador.

Mirémonos a nosotros mismos. Reflexionemos por un instante. ¿Cuáles son nuestros límites? ¿Cómo aceptamos o toleramos al otro? ¿Nos creemos los dueños de la razón? Somos seres humanos y por lo tanto, falibles. La prepotencia y el autoritarismo están latentes y al acecho. Ésos son los enemigos. Ésa es nuestra verdadera lucha.

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