18 de noviembre de 2017 - 00:00

Ricardo Arjona: el dios del amor tuvo su misa

Un público básicamente femenino gritó todo su agradecimiento, un amor contenido desde 2014. Estilo fue detrás de algunas de sus historias.

Además de toda la música, todo es seducción. Él es tan cariñoso con sus fanáticas que roza la demagogia. Pero no llega a eso, no, porque todo tiene un aire sincero: hay una especie de agradecimiento y amor genuino, contenido. Como si todo esto fuera una religión. Ellas lo aman. Siempre.

Apenas empieza a sonar la primera canción, cubierta por una gigantesca carpa de circo, todo el público de la platea se pone de pie, aunque el que está más atrás se para directamente sobre las sillas. En la última fila de la platea, por ejemplo, se sienten tan en el cielo que ninguna quiere volver a tocar el suelo del Arena Maipú.

En esa fila hay un solo hombre, que acompaña a su mamá. Lo comenta orgulloso. Es de los pocos hombres aquí, perdidos en la marea de vinchas y tacos: hijos, esposos, novios, padres, amigos... Todos fanáticos también, o al menos le ponen onda: se prenden a corear, a filmarse y a sacarse selfies.

María (oriunda de Maipú) y Romina (de Godoy Cruz) están en la última fila también. Una es suegra y la otra cuñada, “pero acá no somos nada. Somos amigas”, bromean con Estilo.

Es la tercera vez que María viene a un show del guatemalteco. Se vino preparada con un sombrero negro, que quizás compró en la vereda y que tiene escrito el nombre del ídolo con letritas escandalosas y brillantes. Y así también tenía sus ojos cuando nos dijo, pocos minutos antes de que se levantara el telón, que quería escuchar “Ella”. María no se bajará de la silla en todo el show. Se cantará (se gritará) todo.

Confiesa también que cuando cumplió 40 nadie le dedicó la canción de la “señora”. Se sabe: muchas fueron al show con la esperanza de llevarse esa dedicatoria.

Y cuando “Señora de las cuatro décadas” por fin suena, entre el clamor y el aplauso, muchas son las que se empiezan a emocionar todavía más, incluso hasta las lágrimas. Es un tema que trae recuerdos de piel de gallina. De un cumpleaños, de alguien que se las dedicó alguna vez...

Todas están levitando en sillas de plástico. Entregadas. Como la que, después de cinco años, le escribió este cartel explícito: “4 décadas y 1/2, ¿te va?”

Desde el escenario, el guatemalteco se habrá encandilado: “Te invito a que me invites esta noche”, dice una pancarta; “Me muero por respirar tu aire”, confiesa la otra. El “Soy todita para ti” no tiene nada de original, y quizás por eso es más efectivo. “Mientras yo caliento el banco de suplente esperando a que me elijas a subir...”, suspira en la última fila. Es más poético este cartel: “Hoy estoy de oferta para ti”.

Pero también hay algunas desilusiones, como la de Claudia Herrero, quien pagó $ 2.500 para estar en la sexta fila y cuando llegó al show se vio muy atrás, “como en la 20”, comenta enardecida a la prensa.

Cuando terminan los bises y él se despide, y se acaba el fervor y el grito pelado, todo se va desconcentrando rápidamente.

El público se va, y queda una historia: la de la una chica que se queda en el centro de la platea, todavía arriba de la silla, con sombrero, fotos y una bandera con la cara del ídolo tan grande que puede cubrirla entera, como una sábana. Tiene un cartel en la mano. Está como esperando algo.

Ella es Agustina (20), y su mamá murió hace tres meses. Una muerte cerebral feroz. Ya tenía comprada la entrada para ver a Ricardo Arjona antes de ese día, nos comenta. No estuvo físicamente, pero sí fue al show igual: estuvo en el aire, con las canciones. La entrada se la regaló a la mejor amiga de su mamá, que está justo al lado y nos mira, asintiendo con una sonrisa triste.

Al cierre de esta edición, Agustina no había podido entregar a Ricardo Arjona el cartel que dice “Mi mamá te escucha desde el cielo”. Pero no se da por vencida. Que lo vea, que lo toque, y que le dedique un recuerdo a su mamá María. Ése es el único sueño de Agustina.

LAS MAS LEIDAS