12 de enero de 2014 - 00:11

La revolución K, contra las cadenas de frío

“¡Cómo cambió el debate! La batalla cultural cedió ante la batalla terrenal. En dos meses pasamos de ‘¿qué modelo de país querés dejar a tus hijos?’ a ‘¿qué modelo de grupo electrógeno querés dejar señado?’”.

Es una cuestión de aritmética emocional: si a la expectativa (que el Gobierno se relance anunciando medidas razonables) le restamos la realidad (lo que efectivamente se anunció) nos queda una diferencia muy grande llamada desilusión.

De a poco, hasta los más creyentes van pasando de la fase de negación a la de aceptación y duelo: no es que este gobierno no quiere, es que no puede. Basta con mirar el nuevo control de precios. Nació muerto. Los que quieran pasar a darle el último adiós tienen que hacerlo ahora, porque en diez minutos cierran el cajón de tomate.

En la creencia de que la inflación es causada básicamente por las “patrañas al interior de la cadena de comercialización”, el ministro de Economía amenazó a los productores con un revólver liberal. Dijo: “En caso de que hubiera un problema estacional que no se pueda solucionar de otra manera, vamos a permitir las importaciones para que los precios sean respetados”. Curioso: Kicillof es keynesiano, pero “estacionalmente” cavallista.

Si uno lee con atención el libro de los libros, entiende que hizo muy bien la Presidenta en dar marcha atrás con la suba descomunal en Bienes Personales que anunció Echegaray. El horno no está para bollos. Si uno humaniza el mito, la chispa final que enciende al pueblo de Galilea, oprimido por los ocupantes romanos, es un impuestazo del Imperio.

Así las cosas, Jesús de Nazaret fue, antes que Redentor, el hombre que capitalizó el enojo de la gente y la organizó para encabezar una rebelión fiscal. Cristina sabe que no anda con suerte. En marzo pasado, desde Flores, le salió un Papa. No sea cosa que ahora, desde un Parque Avellaneda sin luz y furioso, le salga un hijo de Dios (que Milani haga inteligencia, hay muchas carpinterías en la zona).

¡Cómo cambió el debate! La batalla cultural cedió ante la batalla terrenal. En dos meses pasamos de “¿qué modelo de país querés dejar a tus hijos?” a “¿qué modelo de grupo electrógeno querés dejar señado?”. Los cortes son tan transitorios, hay tanta fe en De Vido, que la Casa Rosada ya gastó cuatro millones de pesos en un sistema de baterías para asegurarse luz de emergencia.

Pero hay quienes dicen, con malicia, que, antes que la Rosada, la casa donde no puede faltar luz es la Casa de la Moneda. Esa planta impresora fue transformada en el marcapasos de la economía. Latimos con cada plancha nueva. Esos billetes de cien tienen que llegar humeantes al cajero aunque tengamos al Chocón tosiendo.

Mientras tanto, Jorge Milton Capitanich empezó a entender que, aun gastada por 6 años de uso, la lija de Olivos conserva intacto su grano grueso. Luego de un mes, el sillón de Rivadavia de Coqui es aserrín. Le dijeron que lo querían para un afiche, creyó que era para 2015 y hoy su cara viaja en la luneta del ajuste.

Guillermo Moreno fue arrojado del globo aerostático como una bolsa de arena con la ilusión de ganar altura. No funcionó. El próximo parece ser Ricardo Echegaray. Pero, ¿sobra arena o falta gas? ¿Cuál es el plan? ¿Apurar la liquidación de divisas de las cerealeras, más cepo a la importación (salvo tomate), prorrogar el blanqueo? Todo ya fue hecho y fracasó. ¿Por qué funcionaría ahora? Cuando Néstor Kirchner llegó a la presidencia en 2003, había 10.500 millones de dólares de reservas. Una hipótesis es que el Gobierno piense: “Alquilamos el auto con menos de un cuarto de tanque. ¿Por qué no lo podemos devolver igual?”.

El estruendo del arranque del grupo electrógeno los despierta del sueño emancipatorio. La Patria no tiene luz para sus heladeras. Hasta aquí, la única cadena que rompió esta revolución kirchnerista es la cadena de frío.

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