4 de octubre de 2013 - 21:39

Las reservas en observación

Todo pintaba para que este año el Banco Central pudiera recomponer sus tenencias de reservas ya que, entre el comercio con Brasil y la mayor cosecha de soja, habría excedentes como para recuperarse luego de los grandes pagos que se habían hecho el año pasado.

Este año, los compromisos no llegaban a superar los 5.000 millones de dólares, y solo con el superávit las reservas habrían crecido un 10 ó 15%.

Transcurrido el primer semestre, la realidad mostraba un panorama totalmente distinto al previsto. En principio, y a pesar de que la soja tenía niveles récord de precios, las ventas eran lentas porque los productores esperaban mayor devaluación.

En ese lapso, las reservas no solo no habían crecido sino que habían disminuido. Muchos comenzaron ver a los demonios que amenazaban la caja de reservas y, lo que es más grave, los siguen viendo crecer cada día con mayor voracidad.

Uno de estos demonios es el déficit energético. Las importaciones de gas, electricidad y combustibles han crecido un 70% respecto del mismo período del año anterior y el déficit se arrima a los 8.000 millones de dólares. Dado que el gobierno no piensa eliminar los subsidios para seguir estimulando el consumo irracional, la proyección del déficit para el año próximo es que seguirá creciendo.

El otro demonio es el déficit automotriz. Brasil, al contrario de lo que se pronosticaba al comenzar el año, sufrió una brusca caída de su nivel de actividad por el fuerte retiro de capitales y está en una situación de estancamiento. Por esto, bajó mucho el consumo de, entre otros, automóviles nuevos, mientras en nuestro país, para escaparle a la inflación, los ahorristas compran autos.

Esto hizo que el déficit en materia de intercambio automotriz fuera creciendo y termine el año con valores cercanos a los 6.000 millones de dólares.

El tercer demonio en la sangría es el turismo de argentinos en el exterior, que viene creciendo a pasos considerables. Hasta el mes de setiembre, el déficit alcanzaba a 4.500 millones de dólares, pero ante los rumores de que el gobierno podría encarecer los gastos de turismo, se han acelerado notablemente las compras de paquetes para utilizar en las vacaciones.

Con este movimiento, y la menor llegada de turismo extranjero, los especialistas calculan que el déficit del sector turístico podría equiparar al energético, con un valor cercano a los 8.000 millones de dólares.

Todo esto plantea un panorama muy negro porque se calcula que el stock de divisas puede caer a niveles críticos en 2014 si el gobierno no toma medidas de fondo, aunque cualquier medida seria que tome pueda ser impopular.

Alternativas en estudio

Según fuentes, en el seno del gobierno, con las divisiones que también existen, se ponen sobre la mesa varias alternativas, reconociendo que el problema existe y que los riesgos son ciertos.

Hasta el momento se barajan tres propuestas que tienen sus ventajas pero también sus contraindicaciones.

Una, propuesta por Kicillof, es un desdoblamiento del mercado cambiario, para que todos los gastos en turismo se manejen por un tipo de cambio cercano al paralelo.

Guillermo Moreno, por su parte, es partidario de subir directamente el sobrecargo del 20% actual a los gastos con tarjetas en el exterior, ya que no haría falta generar ninguna ingeniería financiera de control especial.

Otros funcionarios del equipo económico proponen un modelo de cupos, similar al que rige en Venezuela, por el cual se le asigna a cada ciudadano un cupo de gastos, en el cual se incluyen los pasajes. Si sus gastos exceden dicho cupo, deberá comprarlos en el mercado ilegal.

Todas las alternativas son complejas. Las de los cupos chocarían contra normas constitucionales y aunque cuenta con varios entusiastas, tiene el problema que redoblaría la presión sobre el mercado informal al conducir directamente a la gente a presionar por compras para completar el cupo.

En el modelo argentino, dentro del cupo no estarían comprendidos los pasajes aéreos. Y si los argentinos pueden seguir accediendo a pasajes aéreos al dólar oficial y en cuotas, la presión sobre el mercado informal será mayor.

En el caso del desdoblamiento, la idea de Kicillof es que existan varios tipos de cambio. Uno para turismo, otro para importaciones, otro para exportaciones y otro para operaciones financieras, pero para esto se requeriría la intervención del Banco Central con una normativa bastante compleja.

Esto no les gusta a los técnicos del ente rector, pero no se sabe qué tipo de respuesta podrían tener, dado que han vencido todos sus mandatos y siguen funcionando “en comisión”, pudiendo ser removidos en cualquier momento.

Lo real es que cualquier medida de fondo debería ser acompañada por un control más estricto de la emisión monetaria, lo que implicaría comenzar a desmontar el festival de subsidios y pagar el costo político correspondiente.

El gobierno tiene dos problemas serios que enfrentar. Uno, es que ya no tiene márgenes para tomar medidas parciales para corregir las distorsiones. La segunda, es que no tiene espaldas políticas para tomar medidas fuertes y de fondo.

Si el resultado electoral no mejora, esas espaldas, luego del 27 de octubre, serán mucho más débiles, pero los problemas se seguirán agravando y quedan dos años de mandato.

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