19 de octubre de 2013 - 21:39

Republicanos, perdiendo mucho por poco

De cómo, a partir de casi enviar a los Estados Unidos al default por su rechazo a la ley de salud de Barack Obama, un sector de los republicanos, el más extremo, afectó seriamente la credibilidad del partido entero, y al final debieron rendirse enterament

Para los republicanos que aborrecen la ley de salud del presidente Barack Obama, las últimas semanas deberían haber sido un momento singular para convertir el lanzamiento de su sistema plagado de problemas en un argumento en contra del mismo.

Más bien, en una fútil campaña por despojar a la ley de recursos federales, el partido dirigió un severo escrutinio sobre sus propias divisiones, mermó su postura nacional y socavó su capacidad para ganar concesiones de los demócratas. Después, se rindieron casi incondicionalmente.

"Si vemos en retrospectiva y evaluamos las últimas dos semanas, debería titularse «El periodo de grandes oportunidades perdidas»", dijo el senador de Carolina del Sur, Lindsey Graham, entre los muchos republicanos que argumentaron que el apoyo hacia la ley de salud se vendría abajo una vez que la población viera cuán desastrosa era realmente. "Han sido las dos mejores semanas para el Partido Demócrata en tiempos recientes, debido a que ellos estuvieron fuera del reflector popular y no tuvieron que exponer sus ideas", agregó Graham.

Ahora, cerca del final de una crisis gobernante que paralizó a Washington y consternó a una nación de por sí profundamente cínica con respecto a sus dirigentes políticos, los republicanos están luchando por responder incluso los interrogantes más fundamentales sobre la causa y efecto de lo que ocurrió a lo largo de las últimas semanas.

Disienten con respecto a cómo, o incluso si, pudieran crecer a partir de la experiencia. Muchos no pudieron comprender cómo no habían logrado impedir heridas tan vitales y autoinfligidas. Otros no podían explicarse por qué había hecho falta tanto daño, a su partido y los millones de personas agraviadas -y peor aún, el enfrentamiento y el cierre-, para terminar justo donde muchísimos de ellos preveían.

"Alguien tendría que explicarme eso", dijo el senador republicano de Arizona, John McCain. "Yo sabía cómo iba a terminar".

"Estoy intentando olvidarlo", sostuvo la senadora republicana de Alaska, Lisa Murkowski, aún incrédula de que muchos de sus colegas republicanos no pudieran comprender que esta era una batalla perdida. "Aquí estamos. Aquí estamos. Nosotros lo pronosticamos. Nadie quería que fuera así".

Durante todo ese tiempo, ellos tenían a la población de su lado con respecto a los otros temas que pudieran haber litigado en la corte de la opinión pública, como la necesidad de controlar la deuda de la nación a largo plazo.
 
Y si bien empezaron el proceso el mes pasado con importantes ventajas -un presidente a la defensiva en torno a una respuesta inconstante a la guerra en Siria y un acuerdo de los demócratas para seguir financiando al gobierno en niveles que muchos liberales sentían que eran demasiado bajos-, su fijación en la ley sobre cuidado de salud les impidió usar su influencia en todo momento.

"Nos las ingeniamos para dividirnos solos con respecto a algo en lo que estábamos unificados, sobre un objetivo que no era alcanzable", opinó el senador republicano de Misuri, Roy Blunt. "El presidente probablemente tuvo el peor agosto y comienzos de setiembre que haya tenido cualquier presidente. Y nosotros logramos cambiar el tema".

La pregunta crucial para la viabilidad del Partido Republicano ahora, de cara a las elecciones del Congreso en 2014 y más allá, radica en saber si ha sido tan aguijoneado por los efectos colaterales que los conservadores que insistieron en encabezar esta lucha se alejan en los meses próximos, cuando el gobierno se quede sin dinero y agote su autoridad para pedir prestado incluso una vez más.

No es una pregunta abstracta. El acuerdo alcanzado este miércoles financiaría al gobierno sólo hasta el 15 de enero y elevaría el tope de endeudamiento hasta el 7 de febrero. Algunos republicanos de alto nivel sugieren que este enfrentamiento, al que algunos de los republicanos más conservadores alineados con el Tea Party han estado buscando de a poco desde su llegada, terminó tan mal para ellos que eso reduciría el apetito de otro en apenas unos pocos meses.

Muchos republicanos se están pronunciando por un nuevo enfoque de las prioridades, aduciendo que el partido debe girar hacia temas mayores como la modificación del incontrolable e impopular código fiscal y reducir el déficit a largo plazo. En cuanto a la ley de salud, algunos creen que hay una pelea más ganable con un duro escrutinio del Congreso sobre el lanzamiento de su sistema a lo largo del año siguiente.

La estrategia del presidente de la Cámara baja, John Boehner, siempre involucró una apuesta en el sentido de que sus miembros saldrían escarmentados de este choque.
 
Permitió intencionalmente que sus miembros más conservadores ocuparan el asiento del conductor a medida que, en vano, intentaban convencer al Senado de que aceptara una iniciativa fallida tras otra; primero para quitarle los fondos a la ley de cuidado de salud, después para demorarla y, finalmente, para corroerla. Su esperanza era que ellos se dieran cuenta de que no valía la pena tener la pelea de nuevo.

La preocupación entre muchos republicanos es que el flanco del Tea Party no capte el mensaje, principalmente porque sus manipulados distritos son tan conservadores que ellos no tienen que escuchar.

Algunos temen que la historia se esté repitiendo. Después de la derrota de Mitt Romney en 2012, en la cual los republicanos perdieron el voto popular por la presidencia por quinta vez en seis elecciones, el partido intentó reagruparse.
 
Su círculo dominante advirtió que tenía que dejar de ser tan estridente, tan exclusivista y de estar tan estrechamente concentrado en temas que alienan a grandes segmentos de electores que, de lo contrario, pudieran considerar volverse republicanos.

Ciertamente, la lucha del presupuesto mostró que los republicanos en el Congreso estadounidense abrigan ideas divergentes con respecto a cómo hacerle caso a dicho consejo.
Este miércoles, el representante republicano de Carolina del Sur, Mick Mulvaney, le ofreció a su partido algunos pensamientos con respecto a lo que éste debería hacer con respecto a la ley de salud cuando llegue enero: "La inclinación natural es decir: «No, será exactamente igual»", dijo.
 
"Sin embargo, si podemos encontrar una manera de transmitir ese mensaje en el ámbito nacional, en el sentido que esto tiene que ver con la equidad, que esto es sobre principios, entonces el resultado bien pudiera ser diferente".

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