29 de noviembre de 2018 - 00:00

Representación y representatividad - Por Alfredo Bisquert Quinteros

Más allá del Arco Desaguadero hemos escuchado muchas veces, desde 1983, las opiniones que resaltan la calidad de la dirigencia política, social, intelectual, deportiva, artística, empresarial, etc., de la provincia de Mendoza, y de sus instituciones.

Por supuesto, son posiciones subjetivas, y hasta pueden parcialmente compartirse. Pero a juzgar por algunos "debe" de esa misma dirigencia, particularmente la política, desde la recuperación de la democracia, esa calificación puede ponerse críticamente en cuestión.

Todo tema colectivo es político, y orbita alrededor del poder.  Pero no todo tema es electoral, y la construcción de esa agenda puede ser un indicador de la grandeza o pequeñez de esa dirigencia.

La verdad y lo verdadero 

La definición estratégica, y sostenimiento en el largo plazo, de una inserción de la provincia en el país y el mundo, maximizando sus potencialidades, -entre ellas nuestra ubicación geopolítica-, es uno de esos "debe". Claro que ello requiere una decisión en torno a la matriz productiva y energética, sustentable y sostenible en el tiempo, a las inversiones pertinentes, y a la asignación de recursos.

Otro "debe" es la reforma constitucional. Creo importante insistir , saliendo de los vaivenes partidarios y las mezquindades oportunistas, sobre la necesidad, -le agregaría "urgencia"- , de la actualización  constitucional de la Provincia de Mendoza.

En cuanto a la necesidad, prácticamente todos los sectores políticos  partidarios la han planteado, en distintos momentos de la vida de nuestra Carta Magna, y especialmente, desde la recuperación  de la democracia; una gran cantidad de proyectos legislativos de reformas parciales o totales presentados así lo demuestran. Quizás ese mismo dato pueda también señalarnos con claridad que la reforma requiere , entre otras cosas, una clase social y política, no sólo partidaria, que sea capaz de mirar, imaginar y construir una Mendoza de aquí a  los próximos  cien años, como lo hicieran oportunamente los constituyentes, superando las especulaciones electorales de cortísimo plazo, siendo capaces de pensar y consensuar políticas de Estado que se sostengan en el tiempo, diseñando un lugar para nuestra provincia en el contexto nacional y mundial, cada vez mas cambiante, vertiginoso, asimétrico y global. Se podrá plantear la oportunidad, el momento como argumento  para oponerse, pero lo cierto es que nunca habrá un tiempo ideal;  siempre existirán visiones e intereses contrapuestos.

Por otro lado, las decisiones jurídico - políticas de una sociedad son expresión de su dinámica  y desarrollo. Cualquiera sea el marco teórico que sostengamos, desde las leyes como superestructura, a las normas como reflejo soberano, una sociedad democrática, que ha elegido un régimen político republicano, debe,  como contrapartida inevitable, generar espacios de discusión e impulsar los cambios que la misma población expresa y el contexto socio político anuncia.

La importancia de la reforma está  vinculada con los temas a incluir.  Debe ser pensada en forma integral y coherente, incorporando derechos de tercera generación, plasmando en nuevas instituciones la participación ciudadana activa, etc.

Sin orden de prelación, y respetando la integralidad mencionada,  es imprescindible una modificación. La misma deberá referirse, al menos, a la representación política, a la conformación de las cámaras legislativas y la participación y representación de los departamentos  en la casa de las leyes, a la autonomía municipal, a los organismos de control republicanos y la participación directa y semi directa de la ciudadanía,  a la problemática medioambiental y el uso de los recursos ,el respeto a la diversidad, estableciendo nuevos  derechos y garantías, el ordenamiento territorial  y, por supuesto, a las reelecciones, sus límites y duración de los mandatos, entre otros.

Intendentes eternos que arman y desarman listas de concejales, legisladores cuasi vitalicios expertos en enroques entre cámaras y jurisdicciones, departamentos sin representación y secciones electorales "de verdad" que nada tienen que ver con lo verdadero, son pinceladas de ese collage.

"Renovación, pero de cargos

Existen formas heterogéneas  de construir poder, hacer política, y enfrentar procesos electorales. Todas esas dimensiones expresan en su dinámica la concepción de la democracia que subyace en la dirigencia, más allá de sus discursos. Dicho en otros términos, hay una relación entre representación y representatividad, análoga a la verdad y lo verdadero. Es decir, por ejemplo, que si una fuerza opositora, (de hoy o mañana), toma sus decisiones políticas priorizando su estrategia electoral por sobre los intereses de mediano y largo plazo de todos los mendocinos, contradiciendo sus propias declamaciones, en relación, por ejemplo, a los mandatos posibles, se hace  entonces difícil  construir políticas de Estado, y la única renovación, es la renovación de cargos. La convergencia conceptual y real entre representación y representatividad es un desafío de la sociedad democrática.

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