Esta es una época en la que se hace difícil distinguir entre la auténtica religión y la superstición, dada la penuria de la primera y la persistencia de la segunda. Permítasenos algunas observaciones al respecto.
Esta es una época en la que se hace difícil distinguir entre la auténtica religión y la superstición, dada la penuria de la primera y la persistencia de la segunda. Permítasenos algunas observaciones al respecto.
Por una parte están quienes, como Sigmund Freud, consideran a la religión una "neurosis colectiva". Freud era un materialista cabal y por más que se lo maquille, nunca dejó de serlo. Se está dando en Buenas Aires una excelente obra de teatro llamada "La última sesión de Freud". Sus sentimientos allí se presentan con claridad. Consideraba a la Iglesia Católica su peor enemigo, más que a los propios nazis.
Se hace más comprensible el carácter antirreligioso de Freud por su mirada "psicologista" del ser humano. Él carece de otros elementos para pensar al hombre como no sean sus famosos Yo, Ello y Súper Yo. El Yo es apenas un débil testigo de las luchas entre el Ello (pulsión libídica, es decir sexual) y el Súper Yo, incorporado de la sociedad, con una función normativo-represiva, que "socializa" las pulsiones del instinto. Si el juego entre estas instancias psíquicas es determinístico, es decir, si no hay lugar para la libertad, la gente religiosa es, sencillamente, víctima de una neurosis, según afirma el Dr. Freud. Por cierto que en algunas personas religiosas se dan elementos neuróticos, así como, por su lado, hay neuróticos carentes de religiosidad.
Volviendo a la superstición, algunos han creído ver en el culto católico de las imágenes religiosas, rasgos supersticiosos. Esta crítica hay que matizarla. Si de plano le hiciéramos caso deberíamos rechazar toda la liturgia religiosa, católica, ortodoxa rusa o griega, con lo que aboliríamos de paso una parte riquísima del arte. También fue religioso en gran parte el arte griego, romano, gótico y románico, y luego moderno y contemporáneo, hasta nuestros días.
La obra del arquitecto catalán Gaudí es un ejemplo maravilloso, el famoso Art Nouveau, y tantos otras obras del arte contemporáneo. Dalí tiene una producción plástica religiosa admirable, como el famoso Cristo. En buena medida es por ese arte religioso que la escritora italiana Oriana Fallaci se declaraba "atea cristiana". Advertía con lucidez que todo el arte occidental y gran parte del oriental están inspirados en la religión cristiana. Debido a eso Oriana se reconocía cristiana, a pesar de que no era creyente. Eran los frutos humanos del cristianismo los que la atraían. Al punto de que, al final de sus días, se complacía en leer al Papa Benedicto XVI, que es un prodigio de sabiduría cristiana, y que tuvo la gentileza de recibirla.
Queremos decir, hay muchos valores en la religión, desde los suyos propios hasta los estéticos, a los que se pueden agregar los de comunicación y afecto entre los creyentes a través de la acción litúrgica.
Volviendo a nuestro tema inicial - "Religión y superstición"- advirtamos que las eventuales contaminaciones supersticiosas que se puedan notar en alguna práctica religiosa no deben llevarnos a concluir que esas prácticas sean totalmente inauténticas. Sería como arrumbar un piano o un violín porque tienen cuerdas desafinadas, o, volviendo a las imágenes religiosas, por el mal gusto estético que a veces las acompaña. Las imágenes no valen porque nos inspiren sentimientos estéticos sino religiosos. Como decía el teólogo protestante Rudolf Otto, sentimientos nouménicos, o sea vivencias de lo Santo, en donde está lo estrictamente religioso.
Sin proponérnoslo, queriendo distinguir lo religioso de lo supersticioso, hemos arribado a lo esencial de la religión. Tienen razón los teólogos cuando insisten en que hay que "purificar la fe". No hay objeción al respecto, siempre que no se la seque con una actitud racionalista, que es lo que criticaba Sören Kierkegaard en Hegel. Lo religioso es la relación personal con lo Santo, como dice R.Otto. Tema siempre actual por ser esencial a la humanitas. El empirista inglés William James decía que "no se conoce la naturaleza humana si se prescinde del hecho religioso", y el historiador francés Pierre Chaunu que, en la pre-historia, donde aparece la sepultura, es decir el "rito funerario", es que hay hombre. Ese rito confirma la creencia en una vida más allá de la muerte, es decir, una creencia religiosa. Y esta creencia puede ser auténtica o estar contaminada de superstición. Digamos algo más sobre esta última.
Hay una religiosidad popular, que podríamos llamar "folk", de rasgos supersticiosos. En nuestra tierra cuyana nos podemos encontrar a la orilla de los caminos con "recordatorios" funerarios, que aluden a algún suceso luctuoso ocurrido allí. Suelen tener, los más importantes, velas, imágenes religiosas, crucifijos, botellas, incluso pequeñas construcciones precarias. Algunos se van agrandando con el paso del tiempo, lo que significa que hay quienes los mantienen y renuevan. Los folkloristas o etnólogos podrán ahondar en esta religiosidad popular.
Están también los recordatorios que abrevan en una leyenda, como el culto al Gauchito Gil, la Difunta Correa, nuestro gaucho Cubillos (muerto por la policía a fines del S.XIX y aún venerado en el cementerio de Mendoza porque robaba a los ricos y daba a los pobres) y otros ritos según las distintas regiones. Estas manifestaciones de la cultura popular presentan rasgos supersticiosos, pues lo propio de esto último es la creencia de que se obtendrán milagros o favores, o nos libraremos del mal.
Hecho este repaso nos encontramos con que no siempre es fácil distinguir aquello que es auténtica religiosidad de lo que es superstición. El jugador de fútbol que sale a la cancha, la toca y se santigua, ¿cumple un rito supersticioso o un sencillo acto de religiosidad? ¿El creyente que besa una imagen hace un acto de religión o de superstición?
En rigor la verdadera religiosidad es, como dice Otto, la veneración o adoración de ?Lo Santo', en cambio los actos que buscan algún efecto "mágico" o milagrero es superstición. El mundo pagano antiguo estuvo plagado de prácticas supersticiosas (un militar que observa las vísceras de un ave sacrificada a los dioses para decidir si presenta o no batalla).
Personalmente he recibido e-mails en los que, gente presuntamente culta, promete que vamos a obtener maravillas si rezamos tal plegaria y si la reenviamos a un número determinado de personas, en tal lapso. Esto no es ni más ni menos que "cábala", y tales "cadenas" tienen, obviamente, más de superstición que de auténtica religión.
La experiencia religiosa verdadera no está más allá de la racionalidad, la superstición sí. Cuando un creyente ora a Dios, venera o recibe la hostia, recibe un sacramento, no está transgrediendo la racionalidad. La trasgresión se producirá si, por ejemplo, cree que cumpliendo un determinado rito o pronunciando cierta oración conseguirá infaliblemente algo. Esto es magia, no religión. Y eso sí es irracional.