7 de marzo de 2014 - 23:36

Reina una paz aparente y el Gobierno gana tiempo

Hay un juego de contrastes que domina la actualidad nacional. Aquietadas con herramientas ortodoxas las convulsiones que afectaron a los mercados financieros tras la devaluación de enero, la economía vive una calma precaria e inestable, pero calma al fin.

Nada de fondo se ha solucionado, ni se han eliminado las incertidumbres que se extienden por igual a todos los sectores, pero debe reconocerse que el gobierno logró detener la vorágine veraniega que amenazaba con adelantar los tiempos de una conflictividad que de todos modos llegará.

Las consecuencias sociales del ajuste en marcha serán inevitables. Por eso, y para preservar en algo su imagen, la Presidenta se mostró moderando sus ímpetus de confrontación en el discurso ante la Asamblea Legislativa. En esa construcción política de bajar el nivel de enconos se inscribe también la fotografía que registrará la visita que Cristina Fernández hará al papa Francisco este mismo mes en el Vaticano.

Convocatorias a diálogos que nunca se concretan, lenguaje más amable desde el poder, llamados a la sensatez y gestos que parecen de buena voluntad, son en realidad la contradictoria superficie visible de un volcán que prepara su ebullición. Es ese juego el que permite al Gobierno ganar tiempo y estirar los plazos de pago del costo político que tendrá el regreso a la realidad.

Otra cara

Los contrastes no terminan allí. Las graves represalias directas que se conocieron en estos días sobre el presidente de la Unión Industrial Argentina, Héctor Méndez, por haber formulado algunas críticas a la política económica, muestran que el nivel de intolerancia oficial se mantiene intacto. Lo mismo sucede con las amenazas, a dirigentes gremiales, de difundir información de inteligencia sobre hechos escandalosos en los que estarían involucrados.

En simultáneo, el Gobierno pide públicamente responsabilidad a empresarios y sindicalistas. Apela a los ejecutivos de las compañías para que no aumenten los precios ni trasladen a esos valores los próximos aumentos salariales; y a los trabajadores, que no se excedan en sus demandas en las negociaciones paritarias. El objetivo deseable es que no se realimente la inflación, pero aquella responsabilidad solicitada no se observa en distintas áreas del gasto oficial, lo que ha generado un déficit ahora muy difícil de controlar.

El ajuste en ciernes de tarifas, la eliminación selectiva de subsidios, los reclamos salariales y las reacciones de los mercados, conforman un peligroso cóctel que debería desactivarse con mucha habilidad política. La Presidenta ha iniciado ya esa operación, y aunque en la Casa Rosada nadie lo admite de manera oficial, Cristina pedirá al papa Bergoglio que la ayude a lograr paciencia a través de los mensajes que el pontífice intercambia con dirigentes argentinos de todos los sectores.

Voceros del Episcopado en Buenos Aires, por su parte, deducen que Francisco señalará a Cristina que quienes están en la cima del poder "deben dar el ejemplo no sólo con sus palabras sino también con sus actos". Reconocen además que el Papa está muy preocupado por la situación argentina, la que podría desembocar en episodios de violencia y que con seguridad pedirá a la Presidenta una acción más enérgica de los organismos del Estado en la lucha contra el narcotráfico.

Con todos

A tono con las advertencias papales, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, enfocó su discurso de apertura del año judicial en el avance del narcotráfico en el país y sus efectos sobre el Estado de Derecho. También fueron palabras que deberán traducirse en hechos, porque la Justicia hasta ahora aparece como permeable a ese flagelo. Lorenzetti pidió consensuar políticas con el Gobierno y el Congreso, y lo hizo con un tono conciliador frente al kirchnerismo que esta vez, a diferencia del año pasado, participó del acto con las presencias del ministro Julio Alak y la procuradora General, Alejandra Gils Carbó.

La calma política de una semana muy corta por los feriados de Carnaval sólo se alteró con la polémica disparada por el presidenciable Sergio Massa. El ex intendente de Tigre puso el grito en el cielo por el anteproyecto de reformas al Código Penal y todos -para criticarlo por oportunista o para adherir a su preocupación-, tuvieron que alinearse detrás de él. No parece ser el mejor momento para discutir una iniciativa de ese tipo, cuando todos los sectores políticos tienen la mirada puesta en la transición hacia un nuevo gobierno.

Pero de modo contrario a la concepción clásica de las jerarquías metodológicas, puede decirse que las decisiones políticas hoy están muy atadas al pulso económico.

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